Cómo vivir días de paz en tiempos adversos - Herramientas poderosas

Cómo vivir días de paz con Dios es una de las interrogantes que muchos de nosotros nos podemos hacer, sobre todo cuando estamos viviendo momentos tan adversos donde el afán, la ansiedad, el estrés se han apoderado de nuestra vida porque tenemos responsabilidades en este mundo que muchas veces absorben nuestro tiempo y determinan nuestra forma de vivir.

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La paz de Dios es diferente a la paz que nos ofrece este mundo tan hostil. La paz de Dios es sobrenatural y muchas veces no podemos explicarla porque esta paz permanece en nosotros a pesar de lo que estemos pasando en un momento determinado. Esto lo señala la palabra: “Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4:7)

En este sentido, la paz de Dios va más allá de nuestro razonamiento lógico, de nuestros estándares de lo que significa la paz, va en contra de lo que vemos, supera nuestras limitaciones y mantiene el control de nuestros corazones y pensamientos en Cristo Jesús.

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    Cómo vivir días de paz con Dios en tiempos adversos

    En la actualidad el ritmo de vida de las personas se ha visto afectado por los afanes propios de la cotidianidad, y muchas veces no disponemos de tiempo para buscar a Dios porque nuestros compromisos nos acaparan.

    Pero si entendemos que cuando buscamos al Señor, todas las cosas vienen por añadidura, y que él tiene cuidado de sus hijos, pudiéramos descansar en Dios y esperar a que él obre en su tiempo y no en el nuestro.

    Debemos entender que las cosas de Dios son misteriosas pero si clamamos a él, nos comenzará a revelar el camino que debemos seguir y la forma en la que debemos actuar.

    En la palabra encontramos esa revelación que necesitamos para poder entender que la voluntad de Dios es perfecta y que a veces nuestras decisiones no son las correctas y por eso estamos quizás en lugares, trabajos que no corresponden a su voluntad, y por eso no tenemos paz, no encontramos la felicidad y las preocupaciones y aflicciones nos arropan diariamente.

    Al respecto, la Biblia nos exhorta que esta paz únicamente proviene de nuestro Dios, y que a través de la oración podemos alcanzar la verdadera paz:

    “Pero os ruego, hermanos, por nuestro Señor Jesucristo y por el amor del Espíritu, que me ayudéis orando por mí a Dios, para que sea librado de los rebeldes que están en Judea, y que la ofrenda de mi servicio a los santos en Jerusalén sea acepta; para que con gozo llegue a vosotros por la voluntad de Dios, y que sea recreado juntamente con vosotros; Y el Dios de paz sea con todos vosotros. Amén” (Romanos 15:30-35)

    De esta manera, la palabra nos muestra que para tener esta paz de Dios debemos buscar tiempo para orar, escudriñar la biblia, alabar y adorar a nuestro Señor. Así que se puede tener la paz de Cristo en la medida en que lo buscamos, se puede tener esta paz en medio de la tempestad. La palabra nos demanda a regocijarnos, estar gozosos y confiados en Dios:

    “Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos! Vuestra gentileza sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca. Por nada estéis angustiados, sino sean conocidas  vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad. Lo que aprendisteis, recibisteis, oísteis y visteis en mí, esto haced; y el Dios de paz estará con vosotros." (Filipenses 4: 4- 9)

    La paz del Señor que va más allá de nuestros pensamientos, guarda nuestros corazones y dirige nuestros pensamientos a la verdad a través de Nuestro Señor Jesucristo. Esta paz sobrenatural, solo puede ser alcanzada cuando confiamos plenamente en Dios, cuando le damos todas nuestras cargar y dejamos que él obre en cada momento. Esta paz no podemos lograrla por nuestra propia fuerza, sino que necesitamos tener a Dios en nuestro corazón.

    Cómo vivir días de paz
    Cómo vivir días de paz

    De esta manera, la paz de Dios, se impone sobre nuestros temores, causados porque no tenemos una visión espiritual que nos permita ir más allá de lo que vemos. Es por eso que la paz se alcanza a través de nuestra fe donde tenemos la certeza de que aquello que no vemos, se manifestará en nuestra vida. Al respecto la palabra nos señala lo que significa la fe: “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Hebreos 11:1)

    En este mismo orden de ideas la confianza y fe que ponemos en Dios evitará nuestras preocupaciones porque estamos dejando que el Señor tome el control de todo. Lo único que debemos hacer es buscar de su presencia y todo lo demás será controlado por el Todopoderoso, quien cuida a sus hijos siempre.

    La paz de Dios protege nuestra mente y corazón

    Cuando tenemos la paz de Dios, nuestro corazón y mente están resguardados porque hemos dejado atrás aquello que nos mantenía angustiados y preocupados. Ciertamente tendremos problemas que enfrentar, pero en nuestro corazón y mente sabemos que el Señor obrará porque él conoce todo de nosotros y sabe aquello que necesitamos en un momento determinado.

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    Así que la paz del Señor se muestra como un guardián, que nos guía, nos proporciona seguridad y por eso sentimos serenidad ante cualquier tormenta que se avecine. No se trata de tapar nuestra realidad. Se trata de aceptarla, sabiendo que Dios la puede cambiar a nuestro favor porque el Señor conoce los corazones y lo escudriña.

    En la actualidad, existen muchas personas que piensan que para poder ser totalmente felices deben ser prósperos y tener dinero para solventar sus necesidades y disfrutar de la vida.

    No se puede negar que el dinero nos ayuda a suplir necesidades básicas, pero si comprendemos que Dios es dueño de todas las cosas, entenderemos que él las administrará conforme a su perfecta voluntad porque él sabe lo que nos conviene. Recordemos que él es soberano y hace como quiere. Él tiene el control total de todas las cosas y tiene el Poder de darnos todo lo que pedimos, pero esto lo hará conforme a su voluntad.

     Al respecto la palabra nos exhorta con respecto al hecho de querer tener dinero, ya que este deseo puede envanecer nuestra alma y cegar nuestro entendimiento. Por lo cual Dios nos advierte lo siguiente: “Un simple amador de la plata no estará satisfecho con plata, ni ningún amador de la riqueza con los ingresos. Esto también es vanidad. Dulce es el sueño del que rinde servicio, sin importar que sea poco o mucho lo que coma; pero la abundancia que pertenece al rico no le permite dormir” (Eclesiastés 5:10-12)“

    En este sentido, si buscamos de forma afanada el dinero, esto va a entorpecer nuestra paz y nuestra relación con Dios porque siempre vamos a estar pensando en la manera de obtener más y más dinero. Lo cual nos envanece, nos vuelve codiciosos y nos puede incluso llevar a cometer actos ilícitos.

    Por otro lado, cuando estamos enfocados en los bienes materiales y el dinero, el estrés aumenta y tenemos riesgo de sufrir enfermedades como la depresión y la ansiedad. De igual forma buscar por nuestros propios medios la prosperidad, revela nuestra falta de fe porque pensamos que solo lo lograremos por nuestro esfuerzo, dejando a un lado la fe.

    Es importante señalar que Dios demanda que seamos diligentes, trabajadores y esforzados. Pero todo esto lo debemos hacer para el Señor y no para vanagloriarnos, tal como lo demanda su palabra:

    “Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís” (Colosenses 3:23-24)

    De esta forma que la paz de Dios se consigue en la medida en que entendemos que Dios tiene el control de nuestra vida, de nuestras necesidades. Conoce todo de nosotros y obrará a su tiempo. Así que debemos actuar y hacer todas las cosas para agradar a Dios porque ciertamente obtendremos recompensa y el mayor regalo es tener paz en medio de la tormenta.

    La paz de Dios es el resultado de la oración

    La oración es un arma poderosa que todos los hijos de Dios tenemos para mantener una estrecha relación con nuestro Padre. A través de la oración  podemos sentir la presencia de Dios y sentimos el respaldo de nuestro Señor quien nos fortalece cada día con su Poder y majestad en nuestra vida.

    Pero si no lo buscamos en espíritu y en verdad, vamos a sentir que todo lo podemos hacer por nuestras propias fuerzas, y esto nos va a generar angustia y estrés porque sin Dios no lograremos nada que nos llene totalmente y que nos de esa paz sobrenatural que no se puede explicar.

    Al respecto Jesucristo le muestra a sus discípulos la manera en la que debemos orar: “Ustedes deben orar así: Padre nuestro que estás en el cielo: Que todos reconozcan que tú eres el verdadero Dios. Ven y sé nuestro único rey. Que todos los que viven en la tierra te obedezcan, como te obedecen los que están en el cielo. Danos la comida que necesitamos hoy. Perdona el mal que hacemos, así como nosotros perdonamos a los que nos hacen mal. Y cuando vengan las pruebas, no permitas que ellas nos aparten de ti, y líbranos del poder del diablo.” (Mateo 6:9-13)

    En este sentido, la manera en la que podemos vivir días de paz con Dios es confiando en su Poder, y esto se logra manteniendo la comunión con el Padre Celestial mediante la oración, donde podremos sentir su presencia y obtendremos su respuesta en el momento oportuno de nuestra vida.

    Así que no desmayes porque Dios mira tu aflicción y tu necesidad, tal como lo afirma su palabra: “Aunque afligido yo y necesitado, Jehová pensará en mí” (Salmos 40:17) Siempre tendremos aflicciones, adversidades, conflictos, pero qué satisfacción da el reconocer que no somos nada sin él y que solo debemos descansar en él y confiar en su propósito para nuestra vida.

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    Sandra Faría

    Hija y sierva de Dios, Profesora en el área de Lengua y Literatura, Magíster en Literatura Latinoamericana, egresada de la UPEL-Maracay. Con experiencia en la docencia, en la redacción y edición de artículos en diferentes blogs en la web.

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