Disciplinas en el evangelio - Edificando sobre la roca

Las disciplinas en el evangelio se refieren a los medios establecidos por el Señor para poder ser transformados a imagen y semejanza de Cristo. Para ello requerimos dedicarle nuestro tiempo y mantener la comunión espiritual con nuestro Padre, ya que sin la guía de su Santo Espíritu, nada podemos hacer ni emprender.

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De esta manera, debemos buscar primeramente el reino de Dios para poder obtener las bendiciones de Dios y poder asimismo llevar a cabo el propósito que él tiene en cada uno de sus hijos. Al respecto la palabra nos dice lo siguiente: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:33)

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    Las disciplinas en el evangelio – Edificando sobre la roca

    Todo creyente fiel y verdadero debe tener el deseo de crecer en el Señor y adquirir la estatura de Cristo. Incluso resulta muy probable que la mayoría de las personas puedan identificarse con algunas áreas determinadas en las que necesitan un cambio real en sus vidas para así crecer espiritualmente y poder desarrollarse en su aspecto personal, no solo dentro de la iglesia, sino en todos los ámbitos de su vida.

    Sin embargo, cuando queremos emprender la meta de avanzar en el evangelio y poder ser servidores leales a Dios, debemos comenzar sobre la roca que es Cristo. Para ello debemos edificar sobre nuestro único fundamento que está establecido en la palabra, donde Nuestro Señor Jesucristo nos enseña con su ejemplo lo que significa llevar a cabo un ministerio.
    Una de las enseñanzas que nos da Jesucristo es acerca de lo que significa edificar sobre la roca y edificar sobre la arena. Esto lo podemos observar en el siguiente pasaje:

    “Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina” (Mateo 7:24-27)

    En este sentido, es de suma importancia edificar sobre la roca que es Cristo, ya que a través de él permaneceremos a pesar de la tormenta y de las situaciones adversas que se nos puedan presentar en la vida.
    Uno de los problemas que se puede presentar en la vida de un cristiano y en las diferentes congregaciones es que no se ha edificado sobre la roca y se han dejado llevar por las doctrinas de hombres, el legalismo y la religiosidad.

    No podemos hacer las cosas por nuestra propia fuerza, sino que debemos dejar que Cristo tome el control de todo, especialmente si queremos ser servidores de él porque ningún Ministerio puede subsistir si no está fundamentado en los principios bíblicos, ya que la palabra de Dios es la que nos va a llevar a toda verdad.

    En este orden de ideas, las disciplinas en el evangelio requieren de nuestra participación diligente para llevar a cabo el propósito de nuestro servicio al Señor en esta tierra. Al respecto la biblia es muy clara y hace énfasis a la responsabilidad que tiene el creyente en el uso de estos medios de gracia.

    Por esta razón, el apóstol Pablo le dice a Timoteo lo siguiente: “Si esto enseñas a los hermanos, serás buen ministro de Jesucristo, nutrido con las palabras de la fe y de la buena doctrina que has seguido. Desecha las fábulas profanas y de viejas. Ejercítate para la piedad; porque el ejercicio corporal para poco es provechoso, pero la piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente, y de la venidera. Palabra fiel es esta, y digna de ser recibida por todos” (1Timoteo. 4:6-9).

    El crecimiento espiritual no tiene atajos, solo hay un camino para lograrlo y este es en Cristo Jesús Señor Nuestro, ya que solo a través de él es que podemos ver un verdadero avance en nuestra vida espiritual y por ende en nuestro Ministerio. Sin embargo, nuestro crecimiento personal y espiritual es un proceso que nos llevará toda la vida, ya que cada día crecemos en el Señor y lo conocemos a profundidad. Y en estos procesos, seremos probados y pasados por fuego para poder ser moldeados a la imagen y semejanza de Cristo.

    Cuáles son las disciplinas espirituales

    El propósito principal de la disciplina espiritual es el crecimiento y desarrollo de nuestro ser interior, el cual ha sido transformado por Cristo Jesús para nuestra salvación, tal como expresa la palabra: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17)

    De este modo, los creyentes redimidos han experimentado la renovación absoluta de la persona desde su interior, porque ahora son una nueva criatura, dejando atrás al viejo hombre y rompiendo las cadenas de la opresión.
    Además esto encierra diversidad de pensamiento, carácter y sentimiento que pueden darse de forma más lenta en nuestro comportamiento externo.

    Con respecto a esto, el apóstol Pablo nos enseñó acerca de lo que significa dejar todo por servir a Jesucristo, despojarnos de nuestra vieja naturaleza y revistiéndonos del nuevo hombre. Esto lo podemos observar en el siguiente pasaje:
    “No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos, y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno” (Colosenses 3:9-10).

    En este sentido, ejercer las disciplinas en el evangelio requieren de una disposición y también de tener una vida apartada para Cristo, donde se mantenga una relación íntima con Dios. Dentro de las disciplinas encontramos las siguientes:

    1.- Disciplinas Personales

    Las disciplinas personales están enfocadas en la lectura de la palabra, su memorización y meditación. Éstas son muy importantes en la vida de todo cristiano que de verdad quiera servir al Señor, ya que la mente debe estar enfocada en el Reino de Dios.

    Disciplinas en el evangelio
    Disciplinas en el evangelio

    En este sentido, la memorización nos permite mantener la palabra en nuestra mente y corazón, comprendiendo lo que nos enseña. Por eso es importante escudriñar las Sagradas Escrituras con entendimiento, pidiéndole al Espíritu Santo discernimiento y sabiduría.

    Al respecto en la palabra de Dios podemos encontrar diferentes pasajes llenos de sabiduría y de gran enseñanza. Uno de los más poderosos pasajes de las escrituras con respecto a la necesidad de memorizar, podemos encontrarlo en el libro de Josué 1:8:

    "Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien".

    Esta cita resulta de gran enseñanza porque nos revela la importancia de la memorización de la palabra de Dios, y no solo de memorizarlo sino de ponerlo en práctica en nuestra vida diaria. Mediante este tipo de disciplina es que podemos estar preparados para orar con mayor efectividad porque conocemos las promesas y enseñanzas que la palabra de Dios nos revela.

    2.- La oración privada

    La palabra de Dios nos habla acerca de la importancia de la oración privada y personal, en la cual se establece una estrecha relación. Al respecto la biblia nos dice lo siguiente: “Pero tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cuando hayas cerrado la puerta, ora a tu Padre que está en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará” (Mateo 6:6)

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    De esta forma, las oraciones en privado se refieren a la comunión que tenemos con Nuestro Señor mediante la adoración, acción de gracias, súplica, confesión y peticiones. A través de la oración podemos conocer aún más a nuestro Dios.
    Por otro lado, la oración nos transforma, cambia nuestra vida de forma significativa. Nuestro Dios es omnisciente y hace que anhelemos estar cada día en su presencia y hacer su perfecta voluntad.

    En este orden de ideas, las disciplinas en el evangelio como la oración y la palabra nos dará un programa gratificante que nos llevará a vivir de forma bondadosa conforme a la imagen y semejanza de Cristo. Nos va a conducir a la alabanza, al servicio, a la contención, al servicio y a la celebración de nuestra victoria.

    De igual modo, a través de estas disciplinas podemos acatar el mandato de Dios que está inmerso en la palabra: "… ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad" (Filipenses 2:12-13).

    Otra de las disciplinas poderosas que todo cristiano debe poner en práctica para ver el poder de Dios en sus vidas es el ayuno, ya que al hacerlo estamos absteniéndonos de nuestra carne. Al respecto la palabra nos señala lo siguiente:
    “Sin embargo, cuando se enfermaron yo me vestí de aflicción. Me afligí a mí mismo con ayuno, y mi oración se volvía a mi seno” (Salmos 35:13) De esta manera, los salmos nos enseñan la importancia del ayuno y la oración en el momento de la aflicción, ya que Dios responde a las peticiones de sus hijos.

    3.- La oración en conjunto

    Otra de las disciplinas en el evangelio es la oración en conjunto, aquella que se hace en las congregaciones. La palabra nos exhorta a orar juntos en armonía, a orar los unos por los otros: “!!Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía!”  (Salmos 133:1 ) Así que Dios se regocija al ver a sus hijos juntos en armonía orando, alabando y adorando su nombre.

    Dentro de esta disciplina encontramos la adoración congregacional como la predicación, alabanza, ofrenda; la cena del Señor en la cual se reparte el pan y el vino en conmemoración a su nombre.

    En este sentido las disciplinas en el evangelio nos ayudan a poder ejercer el Ministerio que Dios nos ha encomendado, para así cumplir el propósito del Señor en nuestras vidas. Por ello debemos ser diligentes en la oración, en la lectura de la palabra y memorización de los versículos. Así como también debemos ayunar y congregarnos, para así establecer una cobertura que nos permita tener la unción del Espíritu Santo en cada paso que damos como hijos de Dios.

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    Sandra Faría

    Hija y sierva de Dios, Profesora en el área de Lengua y Literatura, Magíster en Literatura Latinoamericana, egresada de la UPEL-Maracay. Con experiencia en la docencia, en la redacción y edición de artículos en diferentes blogs en la web.

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