El peligro de ceder terreno al enemigo - Zonas más vulnerables

El peligro de ceder terreno al enemigo radica en que pueda afectar nuestra vida espiritual porque le estamos dando la oportunidad de que se apodere de nuestro hogar, de nuestro trabajo, de la salud, entre otros ámbitos en los que nos desarrollamos y convivimos.

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Por esta razón debemos cerrar todas las puertas al enemigo para que no tenga arte ni parte en nuestra vida y que reconozca nuestra identidad como hijos de Dios, que reconozca que hemos sido sellados con el Espíritu Santo y que estamos protegidos con la sangre de Jesús y que no tiene ninguna autoridad en nosotros.

Índice De Contenidos

    El peligro de ceder terreno al enemigo – En qué consiste

    El peligro más inminente es alejarnos de Dios porque sin su presencia en nuestra vida, el enemigo tendrá acceso a nuestra vida espiritual y ahí comenzará a implantar toda su maldad.

    Sin Cristo, nada podremos hacer, ya que lo único que aleja al enemigo de nosotros es la sangre del cordero. Si no entendemos esto, viviremos de consecuencias que a veces pueden ser irreversibles porque se ha tocado fondo. Pero como creyentes, sabemos que Dios tiene la capacidad de restaurar y de renovar nuestras fuerzas cada día.

    De esta forma que cuando dejamos de depender completamente de Dios, comienzan a surgir las dificultades. Y esto fue lo que pasó con uno de los reyes más prósperos de Judá, Ezequías, quien había sido bendecido y prosperado por el Señor, pero cuando se separó de Jehová, comenzaron a aparecer los problemas. Al respecto la palabra de Dios nos dice: “A los catorce años del rey Ezequías, subió Senaquerib rey de Asiría contra todas las ciudades fortificadas de Judá, y las tomó” (2 Reyes 18:13).

    Para contextualizar el pasaje, se debe aclarar que el monarca asirio era un gran guerrero, y conquistó gran parte de lo que se conoce como Arabia, Irák, Irán. En aquellos tiempos, su mayor posesión fue la ciudad judía de Laquis.

    Así que no podemos de ninguna manera dejar que el enemigo tome terreno y no solo en el plano espiritual, sino que debemos proteger nuestro hogar, nuestro espacio y cuidarnos de las alianzas que hacemos.

    De igual forma es importante discernir acerca de las personas que nos rodean, ya que debemos ser luz en medio de la oscuridad pero si este tipo de personas niegan a Nuestro Señor o son incrédulas, lo mejor es alejarnos y huir de lugares que no nos edifican.

    En la actualidad podemos ver cómo cristianos después de haber servido al Señor, se alejan de sus caminos y terminan cayendo en el pecado porque le dieron lugar al diablo, cedieron terreno al adversario y terminaron sumidos en sus planes malignos porque simplemente se abrieron puertas y luego surgen los problemas y las consecuencias.

    De la misma manera pasó con el rey Ezequías: “Entonces… envió a decir al rey de Asiría que estaba en Laquis: Yo he pecado; apártate de mi, y haré todo lo que me impongas. Y el rey de Asiría impuso a Ezequías rey de Judá trescientos talentos de plata, y treinta talentos de oro” (2 Reyes 18:14).

    De esta forma si le abrimos las puertas al enemigo, él se va a aprovechar de nosotros mediante su manipulación y engaño. Así que no debemos estar desapercibidos porque el enemigo no descansa y tiene una meta bien trazada, la cual se señala claramente en el siguiente pasaje:

    “El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Juan 10:10)

    La biblia nos muestra claramente cuál es la misión del enemigo, por eso debemos estar atentos y no darle terreno, dejando puertas abiertas porque si nos alejamos de la presencia de Dios estaremos desprotegidos.

    Los campos de lucha espiritual

    Tenemos que entender que nuestro principal enemigo es Satanás, y donde quiera que haya tinieblas ahí estará su ejército de demonios. Por eso es indispensable discernir las zonas que no estén protegidas y vigiladas porque cualquier oportunidad que tenga, él la va a aprovechar para tomar terreno y desviarnos del propósito que Dios tiene en nuestra vida.

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    Al respecto la palabra señala lo siguiente: "Y a los ángeles que no guardaron su dignidad, sino que abandonaron su propia morada, los ha guardado bajo oscuridad, en prisiones eternas, para el juicio del gran día". (Judas 1: 6)

    En este sentido, Satanás fue puesto en el juicio eterno, en las prisiones de oscuridad y abismo debido a su rebelión contra Dios.  Estos lugares se llaman regiones sin luz, donde residen las tinieblas morales porque hay ausencia de Dios que es la luz.

    Así que cuando somos tolerantes a las tinieblas, somos presa fácil para el enemigo y donde hay desobediencia a la palabra del Señor de forma voluntaria, existen tinieblas espirituales.

    Cuando somos hijos de Dios, y hemos recibido al Espíritu Santo, nos convertimos en lámparas, llevando la luz de Cristo al mundo. Pero cuando le damos acceso al enemigo, y  acogemos el pecado, la luz que existe en nosotros, se torna en tinieblas.

    De esta manera, el enemigo se puede mover en cualquier zona de tinieblas, incluso aquello que aún resida en el corazón de un creyente. Por eso debemos siempre limpiarnos con la sangre de Cristo, la cual es un arma poderosa ante el enemigo.

    En la biblia podemos encontrar muchos ejemplos de la manera en la cual el enemigo toma terreno incluso de los hijos de Dios, así que sus maquinaciones no se deben subestimar.

    El peligro de ceder terreno al enemigo
    El peligro de ceder terreno al enemigo

    De esta forma tenemos a un Pedro que seguía fielmente a Jesús pero negó al Señor tres veces a pesar de haber visto con sus propios ojos los milagros, prodigios y maravillas que él hacía. A pesar de las enseñanzas acerca del amor, su propio discípulo Pedro lo negó tres veces y Judas lo vendió.

    Ciertamente la negación de Pedro fue seducida por Satanás, quien había tenido derecho legal en una de las zonas del corazón donde residían las tinieblas porque este discípulo tenía orgullo.

    Antes de que Pedro negara al maestro hubo una disputa entre los discípulos acerca de quién era el más grande y esto oscureció el corazón de Pedro y lo llenó de orgullo. Al respecto el Señor Jesús les da una gran enseñanza a sus discípulos acerca de la grandeza de servir, donde les dio una lección de vida:

     “Hubo también entre ellos una disputa sobre quién de ellos sería el mayor. Pero él les dijo: Los reyes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que sobre ellas tienen autoridad son llamados bienhechores; mas no así vosotros, sino sea el mayor entre vosotros como el más joven, y el que dirige, como el que sirve. Porque, ¿cuál es mayor, el que se sienta a la mesa, o el que sirve? ¿No es el que se sienta a la mesa? Mas yo estoy entre vosotros como el que sirve” (Lucas 22:24-27)

    En este sentido, la soberbia logró la caída de Pedro y Satanás estaba al tanto de esto y sabía el juicio del Señor contra el orgullo religioso y la envidia. Por esta razón debemos reconocer  las áreas que debemos tratar antes de entrar en la lucha porque estas zonas pueden ser usadas por el diablo para ganar terreno en tu corazón. Lo cual debe determinar la victoria o la derrota.

    En este sentido, debemos discernir nuestro propio corazón, y caminar humildemente con el Señor. En la medida en que somos obedientes a la palabra, en esa medida nos iremos renovando como las águilas porque una de las maneras de cercar al enemigo es mediante la obediencia, al respecto la palabra nos dice la siguiente: "Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros." (Santiago.4:7)

    ¿Cual es la zona donde eres más vulnerable para los ataques satánicos?

    Como hijos de Dios debemos cuidar nuestra mente, espíritu, cuerpo, alma y corazón porque cuando comenzamos a hacer la voluntad de Dios, seremos atacados y el enemigo va a querer ganar terreno en estas áreas, por lo cual debemos estar apercibidos y mantenernos en comunión constante con Nuestro Padre.

    No podemos confiarnos ni subestimar al enemigo porque el hecho de ser cristianos no nos aleja del sufrimiento, porque tendremos que pasar por el Jordán y ser procesados con fuego como vasijas de barro para poder obtener la fuente de agua viva y salir victoriosos en nuestro propósito en Cristo Jesús.

    Cuando nos sentimos débiles, debemos renovar nuestras fuerzas como las del búfalo y alimentarnos de la palabra diariamente, buscar a Dios con toda nuestra alma y mantener un testimonio agradable ante los ojos del Señor porque este nos va dar la cobertura necesaria para poder manifestar la gloria de Dios en nuestra vida.

    Ningún proceso es igual que otro, cada persona que ha nacido de nuevo en Cristo, debe pasar por un desierto para poder ser moldeado, transformado y convertido en una nueva criatura renovada y fortificada.

    Es importante que como cristianos mantengamos un corazón humilde y sincero ante la presencia del Señor, porque así como David debemos confesar nuestras debilidades antes de pretender luchar contra el enemigo porque éste nos va a sacar en cara esas debilidades.

    La autoridad se gana con la obediencia a Cristo, porque cuando estamos firmes sobre la roca, le estamos quitando el acceso de entrada al adversario y al mismo tiempo estamos abriendo los cielos para recibir las bendiciones de Nuestro amado Dios.

    En este orden de ideas, el Espíritu Santo es quien te muestra el área que debes trabajar, pero debes primeramente arrepentirte de tus pecados y reconocerte pecador delante de Cristo, dejando a un lado nuestro orgullo, tal como nos exhorta la palabra: "Pero él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes." (Santiago 4:6)

    Un corazón humilde y humillado detiene las tinieblas, derriba los planes malignos que quieren tomar terreno en nuestra vida, en nuestros hogares, trabajos, en nuestra familia porque el enemigo odia el entorno familiar porque odia la unión y el amor.

    De esta forma, nuestra victoria comienza cuando pronunciamos el nombre de Jesús, cuando proclamamos la sangre preciosa derramada en la Cruz del Calvario, cuando ungimos con su presencia nuestro corazón y nos llenamos de su paz, gozo y amor.

    En este sentido, derribamos el orgullo cuando nos arrepentimos, sanamos nuestras heridas y reconocemos nuestra debilidad ante el Señor. En el caso del discípulo Pedro, luego de que negó al Señor tres veces, hubo otra escena con Jesús en la cual él le mandaba a pastorear las ovejas.

    Se debe resaltar el hecho de que cuando se le apareció, le preguntó incesantemente si lo amaba, porque estaba probando su amor, y su disposición a servirle:

    “Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos? Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. El le dijo: Apacienta mis corderos. Volvió a decirle la segunda vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Le dijo: Pastorea mis ovejas. Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas” (Juan 21:15-17)

    En esta cita Jesús estaba probando el corazón de Pedro para poderle entregar un Ministerio como pastor de ovejas. De esta forma Jesús había transformado el corazón de Pedro, quien luego haría grandes cosas en su nombre, porque la luz de Nuestro Señor Jesucristo trasladó las tinieblas en Pedro y su orgullo fue sustituido por la humildad y mansedumbre de Jesucristo.

    La destrucción de fortalezas

    La salvación representa la primera etapa del plan del Señor para la vida de cada uno de sus hijos, y constituye el carácter y el poder que se debe trabajar para llegar a la estatura de Cristo.

    Cuando no tenemos una estrecha relación con nuestro Dios, estamos dejándole terreno al enemigo porque estamos dejando al descubierto muchas áreas de nuestra vida que el enemigo va a usar en nuestra contra.

    Así que cuando hablamos de derribar fortalezas, se hace referencia a la demolición de nuestra vieja manera de vivir, dejando a un lado nuestros deseos carnales.

    De esta forma, la presencia verdadera de Jesucristo se comienza a manifestar en nosotros mediante su Santo Espíritu. Toda liberación es exitosa en la medida en que comenzamos a eliminar aquello que nos acerca a las tinieblas y nos aleja de Dios.

    Las fortalezas espirituales se definen como áreas en las que Satanás y sus legiones de demonios se ocultan y se  resguardan, es decir, donde albergan, bien sea en los pensamientos, en el corazón, en el alma, y esto se transfiere a los lugares en los que vamos, llevando lo que somos.

    Si somos luz llevaremos luz donde estemos, pero si le hemos cedido lugar al enemigo, estaremos oscureciendo atmósferas espirituales. Esto nos aparta del propósito de Dios y nos impide desarrollarnos en el ámbito personal y espiritual, perjudicando nuestra vida de forma significativa.

    Por esta razón es indispensable estar sobre la roca que es Cristo para que cuando tengamos que pasar por una tempestad, no nos derribemos ni le dejemos puertas abiertas al enemigo.

    Mantengamos un corazón limpio y sincero para Dios, dispuestos a confesar nuestros pecados, así como lo hizo David, dispuestos a sacrificar lo que más amamos como lo hizo Abraham, a perdonar como lo hizo José con sus hermanos. Así estaremos reconociendo que no somos nada sin Dios y que solo él nos puede resguardar debajo de sus alas.

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