El síndrome de Elí. 3 Maneras de enfrentarlo.

El Síndrome de Eli es un error  muy común en los padres de nuestros días, y se nota más  en aquellos que tienen alguna posición de poder o autoridad sobre el resto de la población. Es mas notable en líderes políticos, religiosos, empresarios o celebridades públicas del cine o la música,  porque sus vidas están expuestas a la luz pública, pero no deja de ser una realidad en el resto de las personas comunes que llevan una vida convencional.

Hoy día la crisis de valores  en la formación de los hijos está produciendo resultados desgarradores en la familia, hijos con problemas de alcohol, drogas, de violencia y delincuencia son el pan de cada de día en los noticieros y alarman a la sociedad y especialmente a los padres de familia, por la cuestión de cómo estamos formando nuestros hijos. Estudiar el síndrome de Elí nos ayudará a arrojar luz sobre esto y a tomar las decisiones correctas que se deben ejecutar en estos casos, para  la educación de de los nuestros.

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    ¿Qué es un síndrome?

    Un síndrome es un conjunto de rasgos reconocibles o anomalías que tienden a presentarse juntos y están asociados con una enfermedad específica.  Normalmente los síndromes adquieren el nombre de la persona o científico que los descubre. Así conocemos el Síndrome de Down, el síndrome de Turner, el síndrome de San Filippo o el de Munchausen, entre otros.

    En nuestro caso, vamos a estudiar el síndrome de Elí, cómo se produce y cómo podemos actuar ante él. Empecemos a investigar sobre el síndrome de Elí.

    Elí era descendiente de Aarón y heredero de la línea sacerdotal, por lo tanto sus hijos también. Ejercía como sacerdote y juez Silo, y tenía dos hijos: Ofni y Finees. En los capítulos del 2 al 5 del Primer Libro de Samuel encontramos la historia de esta familia, y a través de ellos, vamos a deducir las características de este síndrome y buscar la manera de rechazarlo para bendición de los padres cristianos.

    1.- El primer síntoma en el  síndrome de Elí: Los hijos de Elí eran hombres impíos, que no conocían a Dios.

    El síndrome de Elí. 3 Maneras de enfrentarlo.

    El texto en hebreo dice literalmente que eran hijos de Belial (1 Sam 2.12).,  Belial era un Dios pagano y era proverbial llamar así a los hombres malos. La expresión la repite el Señor Jesucristo cuando acusa a los judíos por sus malas obras: les dijo que eran de su padre el diablo, por que hacían las obras del diablo (Jn 8.44). Tal era el testimonio de los hijo del sacerdote y juez de Israel, que iba a volverse un problema, porque a ,la muerte de Elí, ellos también llegarían a ser sacerdotes y jueces en Israel.

    La manifestación clara de la maldad de los hijos de Elí se apreciaba en que mostraban desconocimiento del Dios de Israel.  No conocer a Dios no significa que no tenían información de Dios, sino que no mantenían una relación personal con él. Usted puede tener información de alguien y no conocerlo personalmente. Eso pasa muchas veces.

    Si los hijos eran educados en los oficios del templo para ser sacerdotes según la orden de Aarón, necesariamente debían de conocer al Dios al cual servían. pero no fue así en los hijos de Elí, ellos no tenían temor de Dios aun con el conocimiento de  los padres de esta situación.

    El conocimiento y temor de dios se muestra en la sabiduría (Pro 1.7) Algo de lo que adolecían los hijos de  Elí. Su actitud no mostraba una relación de respeto personal con respecto a Dios, a quien servían en el templo. No había mor ni respeto reverencial hacia  Dios y mucho menos por el prójimo. Deja mucho que decir de la educación y la disciplina que habían recibido de sus padres. Si es que hubo alguna disciplina y educación en ellos.

    Es interesante que la historia de Elí y sus hijos va entrelazada con la historia de Samuel: mientas que Elí tenía dos hijos con derecho al sacerdocio y a los privilegios que Dios concedía a los sacerdotes, en cuanto a ofrecer sobre el altar, quemar incienso, llevar el efod, recibir de las ofrendas del pueblo y el derecho a la sucesión sacerdotal,  Ana, la madre de Samuel, que era estéril,  rogaba por poder tener un hijo, y pactó con Dios que de tenerlo, lo dedicaría al templo y al sacerdocio, tal como ocurrió.

    Y fue tal la dedicación de Ana para que su hijo se formara correctamente como sacerdote en el conocimiento y temor de Dios, que fue bendecida por Dios para tener cinco hijos más: dos hembras y tres varones. Y no solo eso, sino que el joven Samuel crecía en gracias delante de Dios y los hombres. Al contrario de los hijos de Elí.

    Entonces, el primer fallo que descubrimos en el síndrome de Elí, fue no educar a sus hijos en el conocimiento y en el temor de Dios. En  los hijos de hogares cristianos hay la tendencia de ser irreverentes porque asumen que conocen a Dios según la fe de sus padres. Dios no tiene nietos, tiene hijos. Ellos deben ser conducidos por los padres a tener una relación personal con Dios a través de Jesucristo. No hay otro modo. si no, se criarán en la irreverencia y rebeldía en cuanto a Dios y por consecuencia, los padres, desde ahora y en el futuro.

    En el hogar, debe haber instrucción cristiana y corrección hasta que llevemos a nuestros hijos al conocimiento de Dios a través de nuestro Señor Jesucristo.

    2.-El segundo síntoma en el síndrome de Elí: Sus hijos eran personas corruptas que irrespetaban los sacrificios a Dios.

    Los hijos de Elí fueron corruptos, vulgares e irrespetuosos con respecto a los sacrificios y ofrendas que el pueblo ofrecía ante Dios. Tomaban de la ofrenda de manera irrespetuosa, injusta y desproporcionada. Ellos tenían unos criados que hacían "el trabajo sucio".

    Era  costumbre que el sacerdote recibiera de la ofrenda quemada para su manutención, y para ello traían un garfio de tres puntas que clavaban en el animal ofrendado, y la carne que se adhería al garfio era para ellos (1 Sam 2.13-17). Esto después del ritual del sacrificio.

    Así no era con los hijos de Elí, ellos tomaban de la carne antes de ser cocinada, los cual solamente podía tener dos propósitos: uno, que ellos la cocinaran a su modo, como quisieran, y no conforme al mandato de Dios en el sacrificio, y otro, que agarraban tano que también podían venderla. Tomaban la carne antes del sacrificio, y si alguien se oponía aduciendo que Dios no lo había mandado así, la tomaban de todas con amenazas y a la fuerza. ¡Qué horrible!

    De esta manera desobedecían la voluntad de Dios e inducían al pueblo a pecar, ya que menospreciaban el acto del sacrificio que Dios instituyó para perdonar sus pecados y no lo practicaban. Consideraban que era un desorden y un irrespeto contra Dios lo que hacían los hijos de Elí.

    He aquí el segundo síntoma en el síndrome de Elí: Elí permitió que sus hijos se burlaran de los sacrificios del pueblo a Dios. Fue vulgarmente permisivo, puso a sus hijos por encima de los sacrificios a Dios, no le importó que se violara la esencia del sacrificio ni la solemnidad ni el respeto a Dios porque no tomó decisiones y correcciones con respecto a la actitud de sus hijos. permitió abusos con tal de que sus hijos estuvieran bien.

    El hijo no puede honrar a sus padres si sus padres no lo educan para ello. (Efe 6.1-4). El apóstol Pablo en el texto de Efesios mencionado anteriormente, nos insta a educar a nuestros hijos en la disciplina y amonestación del Señor. Debemos crear hábitos correctos a través de la disciplina de los hijos en el área del respeto a Dios. En el contexto de la adoración que ofrecemos a nuestro Padre Celestial, bien sea en nuestro hogar o en la iglesia, y llevarlos a participar de manera reverente y ordenada ante la presencia de nuestro Señor.

    Con frecuencia veo familias que permiten a los hijos corretear por los diferentes lugares de la iglesia en los servicios de adoración, o a los mismos padres excluir a sus hijos en los estudios bíblicos de los grupos celulares con el pretexto de no molesten o no se aburra, al igual que en el devocional familiar. Los hijos deben ser partícipes de la adoración reverente y temerosa a Dios en la iglesia y sus padres deben ser los responsables de tal actitud, para que Dios no sea blasfemado por causa de su actitud.

    3.-El tercer síntoma en el síndrome de Elí: sus hijos eran partícipes de escándalos sexuales en el templo.

    Los escándalos sexuales de los hijos de Elí eran vox populi en Silo, y su padre también sabia de ellos. Eran inmorales que participaban en escándalos sexuales. Significaba que los hijos de Elí se acostaban con las mujeres que venía a adorar al tabernáculo. También es posible que de alguna forma fueran empleadas de la casa de Dios (Exo 38.8).

    Los dos pecados que en concreto estaban cometiendo los hijos de Elí (Robar de las ofrendas y la inmoralidad sexual) reflejan en gran medida el corazón  de muchos falsos profetas  de hoy día. Lobos rapaces disfrazados de ovejas. Mercenarios del evangelio y la Palabra de Dios que se han hecho noticia en los últimos tiempos. De estos hablaron detalladamente los escritores del Nuevo Testamento: El apóstol Pedro profetizó sobre ellos diciendo que por avaricia harán mercadería a costa del pueblo de Dios (2 Ped 2.3). aquí vemos cómo los hijos de Elí robaban de la ofrenda  del pueblo.

    Además, los describe con los ojos llenos de codicia y adulterio, seduciendo a las almas inconstantes (aquí vemos a los hijos de Elí acostándose con las mujeres del templo) y no dejando de pecar. (2 Ped 2.14), y por lo tanto merecedores del juicio y la maldición de Dios.

    Tercer síntoma en el síndrome de Elí: Elí permitió que sus hijos fueran inmorales dentro del templo. Irrespetó y menospreció a Dios y a su sacerdocio, siendo cómplice tácito de la actitud de sus hijos. Fue permisivo de la conducta lujuriosa e inmoral de sus hijos en el templo y no lo corrigió con firmeza. Solamente propició un sermón flojo para reprimir a sus hijos (1 Sam 2.23-25) y no tomó ninguna acción dura de disciplina como lo ameritaba el caso. Como decimos comúnmente "Un saludo a la bandera".

    La Biblia nos insta a corregir a nuestros hijos "con vara de hierro" por que la necedad está ligada a su corazón (Prov 22.15). Es decir, debemos corregir a nuestros hijo can firmeza, administrándole el castigo necesario, de tal manera que una vez corregidos de la mala actitud, no tengan deseos de volver a incurrir en ese mismo acto. porque la vara y la corrección dan sabiduría (Prov 29.15)  y evitarán peores consecuencias en el futuro (Prov 23.13-14). Lo contrario de corrección es consentimiento, y esto fue lo que Elí practicó con sus hijos.

    De tal manera, que el síndrome de Elí nos muestra tres actitudes que debemos enfrentar y corregir rápidamente en la educación de los hijos:

    1.- Elí descuidó la educación de sus hijos con respecto a Dios.  Como líderes cristianos o miembros de nuestras iglesias es fundamental que nuestros hijos tengan un encuentro personal con Dios por medio de Jesucristo. Que le confiesen como Señor y Salvador, que vivan bajo su voluntad y protección y que su personalidad crezca a la imagen de Jesús, para que ellos con su vida den la gloria a su Padre Celestial.

    2.- Elí fue permisivo y no corrigió la actitud de sus hijos en cuanto el temor y la reverencia a Dios. Hoy debemos formar a nuestros hijos dentro de la congregación y otras actividades de la iglesia en el respeto y el temor reverencial hacia Dios. Debemos hacerlos partícipes de la adoración de una forma ordenada,  respetuosa y consciente de la presencia de Dios en cada acto de adoración.

    3.- Elí permitió la inmoralidad en sus hijos. La inmoralidad es característica de los falsos profetas de hoy en día, muchas veces formados en hogares cristianos y dentro de las iglesias. No debemos descuidar la corrección constante y la disciplina que motive a nuestros hijos a respetar al otro.  Formándoles principios de amor cristiano, humildad y respeto mutuo con los cuales conducirse tanto en la iglesia como en la comunidad que la circunscribe.

    Queridos hermanos, el síndrome de Elí puede deslizarse en nuestras iglesias y hogares cristianos. estemos pendientes de la educación de nuestros hijos con los valores que Dios demanda en su Palabra, eliminemos de inmediato cualquier situación que se nos parezca a los síntomas de el síndrome de Elí, y formemos hijos para la gloria de Dios y testimonio de su amor en la comunidad. Dios nos de sabiduría para ello. Amén

     

     

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