En búsqueda de lo Desconocido. 2 Aspectos que nos Acercan al Futuro

Cuando andamos en búsqueda de lo desconocido ponemos la mirada en las cosas por venir, en el futuro,   pero no buscamos un futuro de lo cotidiano, estamos averiguando sobre los eventos claves que han de determinar el futuro de la humanidad.

Pero Pensar sobre el futuro nos lleva a considerar al único que puede ver con claridad el futuro,  a Dios. Nuestro Dios nos muestra el futuro en forma de promesas reveladas en la palabra profética más segura, la Biblia.

Dios promete a los creyentes un futuro lleno de esperanzas porque está basado en sus promesas.  Las promesas de Dios acerca del futuro son ciertas porque están bajo el control de Dios.  Vamos a considerar dos aspectos que nos revelan los eventos futuros:

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    1.     Los que andan en búsqueda de lo desconocido, deben saber que Dios controla el futuro

    El futuro es desconocido para los seres humanos

    En búsqueda de lo Desconocido. 2 Aspectos que nos Acercan al Futuro

    El hombre, en su naturaleza temporal y  finita no puede traspasar las leyes físicas de espacio y tiempo, Dios, que es infinito y eterno, sí, porque Dios es de naturaleza espiritual. Por su propia naturaleza, el hombre es incapaz de predecir lo que ha de pasar, y cuándo ha de pasar, nadie puede enseñarle esto a otro (Ec 8.7), la propia naturaleza lo limita.

    El hombre ni siquiera puede prever el futuro inmediato, ni controlar lo que pueda pasar mañana, porque no puede saber lo que deparará el día de mañana (Pro 27.1).

    Ni siquiera  aún ver con claridad lo que pasará en los próximos cinco minutos. Si alguien pudiera hacer esto, podía hacerse rico en un casino en una noche. Su dependencia de lo que Dios le depare debe ser considerada día a día.

    No puede predecir su tiempo en la tierra. No sabe cuándo ha de venir los momentos de tribulación sobre él. Porque toda tribulación cae de repente (Ec 9.12).

    Hoy día, aun cuando vemos que vivimos en tiempos de pandemia y muerte,  nos asombramos con facilidad cuando vemos la gente morir en nuestro entorno: amigos, vecinos y familiares nos sorprenden con su partida a cada instante, y no dejamos de asombrarnos por ello, aun cuando sabemos que hay mucha probabilidad de vivir de cerca o en carne propia estas tribulaciones.

    Inclusive aun cuando la Palabra de Dios nos indica los eventos futuros, no nos da una fecha exacta sobre ellos, y los que andan en búsqueda de lo desconocido,  solo son instados a estar preparados para cuando ello ocurra (Mat. 24.24)

    El libro de Hechos nos relata como el apóstol Pablo iba a Jerusalén en medio de peligro sin saber que era exactamente lo que iba a ocurrirle, lo que si sabía de antemano, por el Espíritu Santo, era que le esperaban sufrimientos. El Espíritu Santo puede ayudarnos  a tener una premonición futura de algo a causa de las circunstancias, pero no puede el hombre saber a ciencia cierta cómo ocurrirán.

    Así,  la vida del hombre es volátil y frágil (Stg 4.24), y por lo tanto no puede jactarse de cualquier proyección ni siquiera la del día de mañana, porque no sabe si estará presente en este mundo mañana.  Si el hombre supiera cundo han de ocurrir las cosas que le depara el futuro, se prepararía de antemano, con exactitud y precisión para enfrentar  a esas cosas puntuales determinadas que han de ocurrirle (Mat 24.43)

    Así, que la recomendación de la palabra de Dios para aquél que anda en búsqueda de lo desconocido y no  puede conocer el futuro por sí mismo, es que debe gozar de lo que pueda disfrutar del fruto de su trabajo (Ec 3.22), y ocuparse de su día a día con mesura, alegrándose en las cosas buenas y reflexionando en cómo superar las cosas adversas, porque ambas cosas ha dado Dios para que el hombre se ocupe de ellas cotidianamente, que le baste a cada día sus propias circunstancias (Ec 7.14).

    Dios conoce el futuro

    Para el creyente que anda en búsqueda de lo desconocido, le será útil considerar la naturaleza del hombre, física, corporal, y finita; y contrastarla con la naturaleza de Dios, espiritual, infinito y eterno, y no le será difícil deducir que Dios sí tiene la capacidad de conocer el futuro, y no solo conocerlo, sino también controlarlo.

    Dios es capaz de conocer el evento futuro, y llevarlo al fin que él desea para esa situación, controlándolo con su poder mediante medios secundarios que puede ejecutar con exactitud en el futuro (Éxo 3.19-20). Su omnisciencia (Dios todo lo sabe) y Su omnipotencia (Dios todo lo puede) son las capacidades que Dios usa para hacer que las cosas se desarrollen tal y cómo las previó para su propia gloria.

    Dios es capaz de prever las situaciones futuras, y cómo han de responder los actores involucrados, porque conoce de antemano lo que cada quien se propone, y aún así, puede obtener el resultado que él se ha propuesto para esta situación por venir (Deu 31.21).

    Dios tiene la capacidad de anunciar el futuro desde antes de la creación y hacer conforme a su decreto eterno y voluntad que eso ocurra (Isa 46.10). Él puede anunciar y hacer notorias las cosas antes que salgan a la luz, y en múltiples oportunidades las dio a conocer como profecías por medio de sus profetas (Isa 42.9).

    Aún los padecimientos de Cristo, fueron anunciados con anticipación por sus profetas (Hch 3.18).  Dios en su consejo eterno y presciencia, su anticipado conocimiento, pudo decretar la muerte de su Hijo, y sin embargo, la hizo ejecutar por manos crueles, sin participar en ella.

    De tal manera que los eventos predeterminados por Dios no le acarrean ninguna responsabilidad (Hch 2.23).Inclusive en el detalle personal,  Dios conoce con exactitud aún la palabra que no hemos pronunciado (Sal 139.4).

    Ante la abrumadora evidencia de la omnisciencia y la omnipotencia de Dios,  el creyente que anda en búsqueda de lo desconocido, sólo le queda rendirse ante Dios pidiendo ser examinado y conocido en su corazón, que Dios pruebe sus pensamientos, eliminando en su alma los caminos de perversidad y guiándolo por el camino de la vida eterna. (Sal 119.23-24)

    Dios puede revelar el futuro

    Así como Dios conoce y controla el futuro, Dios también puede revelarlo conforme a sus propósitos.  Él lo reveló desde tiempos muy antiguos en diferentes formas.  Dios mostró en sueños al rey Nabucodonosor,  en el pasado, cómo habían de desarrollarse los eventos geopolíticos del mundo conocido (Dan 2.45). Dios habló personalmente a Abraham para revelarle lo que pasaría con su descendencia (Gen 15.13-16).

    Dios habló a Samuel para revelarle lo que iba a acontecer al día siguiente. (1 Sa 9.15-16). Dios le reveló el futuro a Daniel a través de visiones (Dan 10.14) Dios le reveló los sucesos que iban a acontecer a Pablo en visiones (Hch 18.9-10) y le mostró lo que le iba a acontecer a través de un ángel (Hch 27.23-24).

    Ya con Jesucristo, Dios  nos habló a través de él, y ya no hay más revelación del futuro por ninguna manera que no sean las Escrituras (Heb 1.1-2), y el apóstol Pedro nos garantiza en su segunda Epístola que esta Escritura es la palabra profética más segura, para los que andan en busca de lo desconocido, y que a través de ella podemos mirar el futuro que nos muestra con confianza y esperanza.

    Es una esperanza basada en las promesas de Dios (Jer 31.17), porque las promesas de Dios se cumplen, no son como las promesas humanas, que ni siquiera sabemos que podemos cumplir. Las promesas de Dios son sí y amén, porque él es fiel e inmutable, y además Todopoderoso para hacer que se cumpla lo que promete. Así, las bendiciones futuras son garantizadas (Jer 29.11) y superan a las experiencias presentes (Fil 1.21-23).

    De esta manera,  recibimos de Dios la fortaleza y el ánimo de seguir indagando en búsqueda de lo desconocido, el futuro que Dios nos depara.

    2.     Los que andan en búsqueda de lo desconocido, deben conocer los aspectos claves de la esperanza futura

    Para los que andan en búsqueda de lo desconocido, la Palabra de Dios les muestra con precisión los aspectos claves en los que se definirá el futuro de la humanidad.

    Los creyentes irán al cielo

    Este primer aspecto del conocimiento del futuro empieza con la nuestra muerte. La muerte es el primer paso para conocer nuestro futuro. De allí que la Palabra de Dios nos muestre la naturaleza de esta esperanza.

    El apóstol Pedro dice que tenemos una herencia incorruptible, reservada en los cielos para nosotros (1 Pe 1.4), y nuestro Señor Jesucristo dice que la recibiremos al momento de nuestra partida de este mundo, iremos al cielo llevado por los ángeles.

    Esto es en el caso de los escogidos de Dios, porque para los incrédulos e imp0íos está reservado un lugar de tormento (Luc 16.22-23). Sigue diciendo nuestro Señor que eso ocurrirá inmediatamente al morir (Luc 23.43), porque nuestro mismo Señor Jesucristo fue a preparar ese lugar para nosotros, para que sus discípulos puedan estar done él está (Jn 14.2-3).

    El apóstol Pablo dice que nuestro cuerpo es un tabernáculo, porque somos templo del Espíritu Santo, y dice que si este tabernáculo se deshiciere, tenemos un edificio no hecho de manos, sino eterno, en los cielos, lo cual nos da otra característica, que nuestra morada en los cielos será eterna y no temporal, como nuestro cuerpo actual (2 Co 5.1).

    Y que eso debe ser causa de nuestra esperanza,  que Dios nos ha mostrado para nuestro futro, en su Palabra, el evangelio (Col 1.5).

    Así, aun cuando el hombre anda en búsqueda de lo desconocido tras la muerte, Dios nos habla de ese futuro de manera esperanzadora y dándonos la confianza en sus promesas, de que viviremos eternamente en su presencia y consuelo, para su gloria, después de la partida de este cuerpo.

    Jesucristo vendrá otra vez

    La esperanza para los que buscan en lo desconocido se revelará completamente cuando Cristo venga otra vez. Esta vez vendrá para juzgar al universo y reunir definitivamente a su pueblo, y restaurar el reino.

    Vamos a ver con algún detalle cada uno de esos aspectos de la venida del Señor Jesucristo y los eventos con relación a ellos. Primero veamos algunos detalles de su venida y luego el resto de los eventos relacionados con ella.

    La venida de Cristo fue anunciada por los ángeles el mismo día de su ascensión,  de la misma manera como ascendió, en nubes de gloria así ha de venir (Hch 1.11). El profeta Daniel recibió una visión donde Cristo se acercó en su ascensión hasta el trono de Dios, y le fue entregado el dominio, gloria y reino del universo, para que todos le sirvan, y un dominio eterno, que nunca pasará, y un reino eterno, que nunca será destruido.  (Dan 7.13-14). Así mismo va a volver.

    El mismo Señor Jesucristo predijo su venida con gran poder y gloria (Mt 24.30, Mr 13.26, Lc 21.27). Su venida será para salvar a los que le esperan, que andan en búsqueda de lo desconocido.

    Por lo tanto, los que andamos en búsqueda de lo desconocido, debemos esperar desde los cielos a nuestro Señor y Salvador en gloria, para reunirnos con él. (Fil. 3.20), teniendo paciencia en su venida, y afirmando nuestros corazones en esta esperanza, porque la venida del Señor se acerca (Stg 5.8).

    Los muertos resucitarán

    Dice la Palabra, que con la venida del Señor con voz de mando, con voz de arcángel y con sonido de trompeta, descenderá del cielo y los muertos en Cristo resucitarán primero (1 Ts 4.16), y luego, los que estén o estemos vivos, seremos transformados.

    Es decir, tanto los muertos que vienen con el Señor como los que vivamos, seremos transformados en cuerpos glorificados, diseñados para resistir la potencia de la presencia del Señor, para no ver la muerte, ni el dolor, ni el sufrimiento, ni con la mancha de pecado, porque serán cuerpos incorruptibles que podrán  vivir eternamente en la presencia de la gloria de Dios, y así venceremos la muerte (1 Co 15.54-55).

    Los que andamos en búsqueda de lo desconocido,  somos llamados a no estar ociosos y sin frutos, sino firmes y constantes, trabajando en la obra del Señor.

    Juicio final

    El juicio final se hará ante la presencia de Jesucristo. Es de hacer notar que este juicio no esun proceso judicial en sí, si no la proclamación del juicio. Apocalipsis 20. 11-15 nos da una imagen vívida de lo que ha de ser el juicio final. Veamos.

    Lo primero que dice es que todos los seres humanos han de ser presentados delante de Dios, desde el principio hasta el fin de la humanidad. Nadie podrá evadir el juicio, hombres, mujeres, adultos y niños comparecerán ante el gran trono de Jesucristo (Apo 20.11, 13). Entonces, se abrirán los libros (Apo 20.12), es decir, las conciencias, y otro libro será abierto, el libro de la vida.

    En el libro de la vida aparecen los nombres de todos aquellos que confesaron a Jesucristo como Salvador y Señor de sus vidas, y vivieron conforme a esa confesión. Estos no sufrirán juicio, porque ya fueron justificados ante Dios por l obra de Jesucristo, la cual ellos abrazaron como propia por la fe.

    Pero los que no se hallaron inscritos en el libro de la vida, fueron juzgados según sus obras escritas en sus conciencias, y como sabemos, nadie podrá ser justificados delante de Dios por sus obras, y justamente, serán lanzados al lago de fuego. Aun la muerte y el infierno serán lanzados al lago de fuego (Apo 20.14). Esta es la muerte segunda.

    Expliquemos que la primera muerte se vive cuando partimos de este mundo. Y esta muerte segunda es eterna. El creyente experimentó su primera resurrección cuando pasó de muerte a vida al confesar y aceptar al Señor Jesucristo como su Salvador y Dios, y dice la palabra de Dios que es bienaventurado el que participa de la primera resurrección, porque la muerte segunda no tiene potestad sobre éstos. (Apo 20.6).

    Los que van con fe en búsqueda de lo desconocido, encontrarán gran consuelo y toma de conciencia en sus vidas con estas revelaciones de Dios para ellos.

    Satanás y toda maldad serán destruidos

    Con la venida del Señor, Satanás y toda su maldad serán destruidos, esta será la tercera y definitiva caída de Satanás y sus huestes demoníacas. La primera caída se produjo en su rebelión ante Dios y fue echado del cielo (Isa 14.12-15, Luc 10.18), su segunda caída cuando fue echado de la presencia de Dios y juzgado en la cruz de Cristo (Jn 12.31) y la caída final que viene con el juicio de Cristo (Apo 11.17).

    Dice la Palabra de Dios que serán lanzados vivos en el lago de fuego. (Apo 19.20), y allí será atormentado junto con sus huestes por los siglos de los siglos. (Apo 20.10). Una vez ejecutado el juicio y eliminada la maldad de la tierra, será la restauración total del reino de Dios

    El reino de Dios será completamente establecido

    Al final del juicio, todos los reinos del mundo vendrán a ser regidos por nuestro Señor Jesucristo, se acabará el mundo tal como lo conocemos y Él reinará por los siglos de los siglos, bajo la alabanza y el júbilo de su pueblo (Apo 11.15). Será un cielo nuevo y una tierra nueva, descenderá del cielo, como una novia ataviada para su esposo. Allí, Cristo morará con su pueblo, y estará con ellos como su Dios.  Allí ya no habrá más muerte, ni llanto, ni clamor, ni dolor, porque esas cosas pertenecían a la antigua forma de vida.

    En este nuevo reino, esas cosas no existirán, porque Dios enjugará cada lágrima de sus habitantes, porque todas las cosas son hechas nuevas, y todos los que habiten allí, son hijos de Dios.

    Así, con este caudal de promesas que se convierten en bendiciones para el que anda en búsqueda de lo desconocido con la fe puesta en Dios, debemos vivir con la mirada puesta en el porvenir en lugar de mirar hacia atrás (Fil.13-14), al premio del supremo llamamiento que tenemos en Cristo Jesús para alcanzar tales promesas olvidándonos de las cosas pasadas. Teniendo perseverancia y fe (1 Co 15.58) y evitando los errores de las predicciones ocultas y las  falsas profecías (Jer 27.9).  Solo así encontraremos la verdad del futuro aquellos que andamos en busca de lo desconocido.

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