Fuimos llamados por Dios -11 Etapas que debemos pasar

Fuimos llamados por Dios para cumplir su perfecta voluntad en esta tierra, donde el propósito principal es llevar el mensaje de salvación a toda criatura. El Señor nos encomendó la misión de proclamar el evangelio, su misericordia y bondad.

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    Fuimos llamados por Dios – Qué significa

    Ser llamados por Dios significa el destino que él tiene para la vida de cada uno de sus hijos: “Pero cuando agradó a Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre, y me llamó por su gracia” (Gálatas 1:15)

    Sin embargo, ser llamados no implica que ya tenemos la salvación y que entraremos al reino de los cielos. Se necesita un verdadero arrepentimiento para ello.

    Por otro lado es importante analizar el significado del término “llamado” el cual proviene del vocablo griego “kaleo”, el cual se usa para invitar. Existen otros sinónimos como pasión, potencial y voluntad de Dios.

    En este sentido, el llamado se refiere a la invitación que el Señor nos hace para que vivamos de acuerdo a su voluntad en nuestras vidas, activando el potencial que existe en cada uno de nosotros. Así que si no somos felices haciendo lo que nos ha correspondido hacer, es porque no ese no es nuestro llamado. Éste está asociado con la pasión y entrega que sentimos al hacerlo.

    Nunca estaremos conformes haciendo otra cosa que no sea la voluntad de Nuestro Señor para nuestras vidas, es este el motivo por el cual muchas personas que sirven a Dios, se sienten frustrados e infelices.

     11 Etapas a seguir en el proceso del llamado de Dios

    Fuimos llamados por Dios con un propósito específico. El Señor tiene un plan para cada uno de nosotros y para ello debemos seguir las siguientes etapas:

    1.- El Señor es quien hace el llamado

    Lo primero que debemos entender es que Dios es el único que hace el llamado, no lo hace ninguna organización, ni templo, ni  el hombre. Existen muchas personas que se han hecho el llamado ellas mismas para ocupar algún cargo ministerial, y por esta razón podemos ver el fracaso de tantos servicios, donde el enemigo cobra fuerza.

    Por otro lado, el ser llamado por el Señor para cumplir su propósito  o su voluntad, solo es el comienzo del proceso. Luego de este llamado, puede tomar años para ser enviado a cumplirlo. Las personas muchas veces cometen el error de  irse en el momento en el cual recibieron el llamado.

    Pero Dios es el que va dirigiendo el proceso de dicho llamado, y por eso debemos esperar a que sea el momento indicado. El Señor nos debe preparar y fortalecer. Al respecto la palabra dice lo siguiente:“Y nadie toma para sí esta honra, sino el que es llamado por Dios, como lo fue Aarón” (Hebreo 5:4)

    De esta manera, las Sagradas Escrituras nos exhorta que no importa nuestro talento, sexo, estado civil o línea sanguínea, una vez que hayamos aceptado a Cristo, el Espíritu Santo obrará en nosotros.

    Existe un llamado personal para cada uno de sus hijos, y luego de ese llamado viene la capacitación, la cual se da a través de la unción del Espíritu Santo.

    Así que podemos ser llamados cuando lo sentimos en nuestro interior, cuando tenemos una visión; o también mediante un sueño, una profecía recibida; además podemos recibir ese llamado mediante una palabra del Señor;  un encuentro sobrenatural o cuando escuchamos la voz audible del Espíritu Santo.

    2.- Dios te capacita

    La etapa de la capacitación empieza luego de que hemos recibido el llamado, y este paso es de gran importancia para poder llevar a cabo el plan de Dios de forma eficiente.

    La calidad de la capacitación del Señor va a ser determinante en nuestro desempeño en el futuro. Este tiempo en el cual somos preparados, no debe considerarse como una pérdida de tiempo, sino que nos va a  servir para alistarnos bien.

    En esta etapa, Dios trata de forma profunda nuestra vida, nos enseña a dejar atrás los deseos carnales, haciendo morir nuestras propias ambiciones, orgullo y egoísmo. En esta etapa Dios puede colocarnos pruebas difíciles de superar, retos, adversidades y obstáculos. Pero si estamos de la mano con el Señor, lo vamos a superar y alcanzaremos la victoria. Además todo esto nos va a fortalecer aún más.

    En este sentido Dios trabaja en diferentes áreas de nuestra vida, tales como:

    • El carácter: Dios debe primeramente cambiar nuestros pensamientos y acciones, para así suavizar nuestro carácter y moldearnos a la semejanza de Cristo, alejándonos de las emociones que nos hacen daño como: el enojo, resentimiento, inseguridades, miedo, celos, envidia, orgullo, entre otros.
    • El carisma: Muchas veces sabemos cuál es el don y el talento que poseemos, pero debemos aprender el cómo desarrollarlo y ministrarlo, para poder servir al Señor.
    • Obediencia: Ésta es fundamental porque revela el compromiso real que tenemos como hijos de Dios. Si somos fieles al llamado que él nos ha hecho, significa que somos dignos de confianza y seguiremos hasta el final con el propósito.

    En este sentido, todo creyente debe saber, no solo su llamado general, sino su llamado personal, y si no lo conoce, debe de comenzar a buscarlo hasta hallarlo, y cuando lo encuentre, debe desarrollarlo, crecer en ese propósito y trabajar en él. Al respecto la palabra nos señala lo siguiente:

    “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad” (2 Timoteo 2:15)

    De esta manera, cuando estamos siendo preparados por el Señor, debemos servirle en todo lo que podamos. Podamos enseñar, evangelizar, predicar e instruirnos en la palabra, haciendo el discipulado, participando dentro de la congregación, entre otras actividades que glorifiquen a Dios.

    3.- Dios nos revela el Ministerio

    Una vez que ya hemos sido preparados y capacitados, el Señor nos conduce a la siguiente etapa, donde nos consagra, tal como lo hizo con Bernabé y Saulo. En esta etapa seremos ungidos por Dios y tendremos su respaldo.En este sentido, seremos apartados y separados de las cosas para estar totalmente dispuestos a la obra del Señor.

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    Este acto del Señor, nos da a conocer que la persona ha sido llamada y apartada. Sin embargo no quiere decir que es el tiempo de comenzar el ministerio. Al respecto la palabra nos dice lo siguiente: “Ministrando éstos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado” (Hechos 13:2)

    4.- Dios nos envía

    Esta es la etapa en la que el Señor nos envía a servir únicamente en el ministerio. Y para llegar a este momento, la persona ha pasado el tiempo necesario desde el momento en que fue llamado por Dios.

    Este es el tiempo de se llega a este punto, ha pasado el tiempo necesario desde el momento en que fuimos llamados por Dios. Este es el momento de poner en práctica nuestras habilidades y dones para glorificar a Dios mediante un ministerio bendecido y ungido por él.

    Fuimos llamados por Dios
    Fuimos llamados por Dios

    En este momento, en la cual ya nos ponemos al servicio de nuestro Padre Celestial, debemos tener claro cuál ha sido nuestro llamado, debemos estar en el tiempo y lugar correctos.

    De igual forma, debemos tener ya cierto grado de crecimiento espiritual y conocer las Escrituras a profundidad, ya que la palabra es nuestra herramienta principal para comenzar un ministerio poderoso en la tierra. Al respecto la palabra nos exhorta de la siguiente manera:

    “Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno” (Romanos 12:3)

    En esta cita Dios nos enseña a que debemos ser humildes en todo lo que hagamos. Existen ciertas personas que les gusta los halagos de los demás, pero no aceptan abiertamente las críticas.

    El hijo de Dios que es maduro sabe aceptar los elogios  de otras personas sin que esto pueda afectar su corazón con sentimientos de vanagloria, sino que sabe dar la gloria y honra a Dios y no la toma para sí mismo.

    De la misma forma cuando es criticado, no se siente ofendido ni se enfada comprende que la crítica forma parte de ser un líder exitoso.

    Por otro lado, la persona que ha sido llamada para ejercer el ministerio, debe ser una persona sabia, pero esta sabiduría no es la que el mundo ofrece, es una sabiduría que viene de lo alto, la cual se debe aplicar en el servicio del Señor, el cual debe estar siempre dirigido por él.

    De esta manera, la sabiduría debe ser parte de un creyente maduro, ya que debe aplicar el conocimiento que tiene de la palabra en el diario vivir, para dar testimonio de lo que Dios hace con sus hijos en la tierra, es decir, debemos ser vivos ejemplos de las maravillas del Señor.  Tal como lo señala la palabra:

    “Sin embargo, hablamos sabiduría entre los que han alcanzado madurez; y sabiduría, no de este siglo, ni de los príncipes de este siglo, que perecen” (1 corintio 2:6)

    4.- Se observan los frutos

    En esta etapa del proceso se comienzan a ver los frutos, ya que es una forma simple y sencilla de corroborar la madurez de una persona. Así que un verdadero creyente es maduro cuando se ve que lleva frutos en su vida diaria, en su familia, en su forma de actuar y de convivir con los demás. Al respecto la palabra nos dice:

    “Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos? Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos.  No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos” (Mateo 7:16-18)

    En este sentido, la persona que ha sido llamada y que ya está llevando a cabo su ministerio tiene que mostrar los buenos frutos, ya que estos indican si la obra del Señor está siendo dirigida verdaderamente por él y no por el hombre.

    Esto es de suma importancia, ya que en la actualidad muchos se hacen llamar profetas, apóstoles, pero en realidad no han sido llamados por Dios, sino que ellos mismos se han proclamado de esa manera. Lo cual constituye una puerta abierta al enemigo, quien está en esta tierra para destruir y desviar la obra de Dios.

    5.- Reflejar la  identidad en Cristo

    Ya cuando la persona ha pasado por cada una de las etapas anteriores, está bien definido. Por lo cual es un creyente maduro porque conoce quién es él en Dios, conoce su propósito y su llamado, sabe cuál es su posición y ha llegado a conocer su propia identidad en Nuestro Señor Jesucristo.

    No tiene baja autoestima y tiene en claro su propósito en esta tierra. Así que el enemigo no podrá confundirlo ni desviarlo, ya que tiene la unción de Dios y está firme en él.

    6.- Superando las ofensas

    Uno de los aspectos más difíciles de sobrellevar en este mundo son las ofensas. Muchas veces, la persona se ofende por cualquier motivo, se siente vulnerable y se muestra inmadura. Pero ya en esta etapa la persona debe estar firme y no permitir que nada le perturbe ni le ofenda.

    La palabra ante esto, nos afirma lo siguiente: “Porque todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende en palabra, éste es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo” (Santiago 3:2)

    7.- La prudencia en el pensamiento

    La prudencia se debe aplicar en nuestro ministerio porque de esto depende a que las cosas marchen de acuerdo a la voluntad de Dios. Ya a este nivel de nuestro proceso, una vez que hemos sido llamados por Dios, debemos ser personas prudentes.

    Y una de las formas para llegar a madurar eficientemente como creyente, es mediante la renovación del entendimiento a través de la palabra de Dios, donde se debe eliminar todo lo viejo y sustituirlo por la palabra de Dios. Tal como lo muestra la palabra:

    “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romano 12:2)

    8.- Ha desarrollado el carácter de Cristo

    Desarrollar el carácter de Cristo implica ser amoroso, paciente, misericordioso, sereno, entre otros. Así que una persona que ya ha pasado por todo el proceso de crecimiento espiritual para llevar a cabo su ministerio, debe poner en práctica todas estar virtudes y revelar siempre el carácter de Cristo, tal como se aprecia en la palabra:

    “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley” (Gálatas 5:22-23)

    9.- Se nutre de la palabra

    Un creyente ya maduro no se conforma con poco, sino que busca nutrirse cada día más con la palabra. Quiere indagar a profundidad las Sagradas Escrituras y  escudriñarlas: “pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal” (Hebreo 5:14)

    10.- Recibe revelación directa  del Señor

    Resulta muy gratificante cuando hemos alcanzado esta etapa donde recibimos la revelación directa de Nuestro Señor, donde recibimos la palabra en nuestro corazón. Es aquel al cual Dios le revela su palabra directamente, sin intermediarios.

    El hijo maduro ha alcanzado un alto grado de discernimiento entre lo que es bueno y lo que es malo, lo justo y lo injusto. De igual forma, sabe tomar decisiones y desechar lo malo de su vida.

    11.- Saber escuchar antes de hablar

    Escuchar es una de las características principales que deben sobresalir en todo hijo de Dios, porque si aprendemos a escuchar con atención al Señor, nuestro pie no tropezará.

    Para llevar un ministerio a cabalidad, no debemos solamente hablar nosotros, sino que debemos escuchar la voz de Dios, dejarnos dirigir por él y escuchar asimismo las peticiones de la congregación, de las ovejas que necesitan cada día más ser escuchadas y tomadas en cuenta.

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    Sandra Faría

    Hija y sierva de Dios, Profesora en el área de Lengua y Literatura, Magíster en Literatura Latinoamericana, egresada de la UPEL-Maracay. Con experiencia en la docencia, en la redacción y edición de artículos en diferentes blogs en la web.

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