Hágase tu voluntad. 2 Razones Necesarias de Esta Petición

Hágase tu voluntad. 2 Razones Necesarias de Esta PeticiónHágase tu voluntad es una de las súplicas pedidas al Padre en el modelos de oración que el Señor Jesucristo nos dejó. Ella nos ayuda a despojarnos de nuestra naturaleza dominante y rebelde y nos ayuda a someternos a la voluntad agradable y perfecta de nuestro Dios.

Nuestro grave error es muchas veces, no saber interpretar correctamente qué es lo que pedimos cuando decimos hágase tu voluntad, y por lo tanto, no sabemos lo que pedimos, haciendo de nuestra oración modelo una vana repetición mecánica y sin sentido delante de Dios.

Vamos a hacer hoy una breve expedición por las Escrituras que nos ayudarán a comprender el sentido, el objeto y la necesidad de incluir la petición de "hágase tu voluntad" en nuestras oraciones. Veamos:

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    Definición de voluntad

    La voluntad se define como el designio deliberado, lo que es aquello que se dispone premeditadamente.

    La voluntad de Dios significa en las Escrituras: El mandamiento de Dios. "Vosotros, ministros suyos que hacéis su voluntad". "Esta es la voluntad de Dios, vuestra santificación".

    (Salmo 103:21; 1 Tesalonicenses 4:8). Significa los acontecimientos, o más bien el decreto de Dios respecto a de los acontecimientos futuros en los que se revela y manifiesta continuamente "No se haga mi voluntad, sino la tuya". "Mi consejo permanecerá y haré todo lo que me plazca". "Quien ha resistido a su voluntad". (Lucas 22:42; Isa. 46:10; Rom. 9:19).

    De tal manera que podemos decir, que la voluntad de Dios es el mandato del cumplimiento de su designio deliberado con respecto a su creación y la circunstancias temporales en las que ésta se desenvuelve, y que está prestablecida y determinada desde antes de la fundación del mundo. Podemos decir, que desde la eternidad.

    Esta voluntad está ligada directamente a su soberanía y medios  adoptados por él para hacerla cumplir. Sin  embargo, vamos a limitar el concepto a lo que se demanda en la petición de la oración modelo que nos dejó nuestro Señor Jesucristo, hágase tu voluntad.

    En la oración modelo que nos dejó nuestro Señor Jesucristo,  él expresó esta cláusula: "Hágase tu voluntad....." ; es decir haz que nosotros y todos los hombres renunciemos a nuestra propia voluntad, y obedezcamos sin protestar a tu voluntad, que es la única buena, para que para que cada uno cumpla su oficio y su vocación, dependiendo de los dones, recursos y talentos con los que el Señor nos dotó.

    El sentido es causar y conceder que hagamos no nuestra propia voluntad, que es corrupta, perversa y circunstancial, sino la tuya que es la única justa, santa, y eterna;  y que te rindamos obediencia a ti. Deseamos, pues:

    Una negación de nosotros mismos, que consiste en estas dos partes:

    Primero: Que nos mantenemos dispuestos a renunciar a todos nuestros deseos y deseos que se oponen a la ley de Dios.

    Cuando decimos hágase tu voluntad, aceptamos implícitamente que estamos comprometidos y dispuestos a tomar la cruz y a someternos a Dios  en todas las cosas. Al ofrecer esta petición, hágase tu voluntad, pedimos, por tanto, en primer lugar, que Dios que nos conceda su gracia, para que podamos negar y renunciar a nuestra propia voluntad corrupta y perversa, y estar dispuestos a sufrir la pérdida de todas las cosas contrarias a su voluntad.

    Que hagamos de nuestra vida un cumplimiento alegre y adecuado de nuestro deber, para que cada uno en su esfera apropiada sea capaz de servir a Dios con diligencia y hacer su voluntad, tanto en los deberes comunes que se exigen a todos los cristianos, tales como la fe, la conversión, el piedad y las cualidades del  carácter  cristiano, como en aquellos que son especiales, que tienen que ver con nuestra propia vocación y nuestros propios dones y talentos con que el Señor nos ha dotado.

    Por tanto, al orar para que se cumpla la voluntad de Dios, hágase tu voluntad, deseamos que todos estos deberes se cumplan adecuadamente, y que cada uno pueda permanecer en la vocación que le ha sido que se le ha asignado, y sirva a Dios en ella, dejando la cuestión final de acontecimientos a Dios, que dispone y dirige todas las cosas.

    Segundo: Deseamos que los acontecimientos que no sean contrarios a la voluntad de Dios, y que le sean agradables, se produzcan.

     Pedimos que todos nuestros actos y designios sean bendecidos y que Dios se complazca en  acompañar con su bendición todas nuestras acciones, consejos y trabajos, de modo que no se produzcan otros acontecimientos  que no sean los que él sabe que más contribuyen a su gloria y a nuestra salvación.

    Dios quiere que deseemos estas cosas, de que la cuestión final de las cosas sea para él, y que nosotros, mientras tanto, cumplimos debidamente con nuestros deberes, sin otro objetivo que el de funcionar para que el reino se expanda para la gloria de Dios..

    En el cumplimento de nuestros deberes en el reino, nos ayuda a no entrometernos en funciones que no nos corresponden y para las cuales Dios no nos capacitó, sino exclusivamente las que se corresponden con nuestras capacidades. 

    Para expresar el conjunto en pocas palabras, podemos decir que cuando cuando ofrecemos la petición, hágase tu voluntad, rogamos que Dios pueda actuar, como que sepulte en nosotros todos los deseos y anhelos corruptos, y que sólo él que sólo él pueda obrar en nosotros por su Espíritu, para que, sostenidos por la gracia divina, podamos cumplir nuestros diversos deberes y llevar a cabo el fin de nuestra vocación.

    A diferencia de la petición anterior, "Venga tu reino", en la que deseamos que Dios comience su reino sobre nosotros, gobernándonos por su Espíritu, para rendirnos en obediencia a la voluntad de nuestro Rey, como nos corresponde a los súbditos del reino, y  pidiéndole que expanda y preserve al reino, que la iglesia exista, se conserve y sea glorificada.

    En esta otra petición (hágase tu voluntad),  deseamos que todos cumplamos fielmente la voluntad de Dios con respecto a cada uno de nosotros en particular, que cada uno en particular pueda cumplir adecuadamente con sus funciones en la iglesia y podamos llevar a buen término nuestra vocación.

    Debemos cumplir fielmente la voluntad de Dios en cada uno de nosotros personalmente (Mat 6.10b), poniendo nuestros dones y talentos al servicio de la iglesia, para que Dios expanda y preserve el reino (Mat 6.10a), y así poder glorificar y santificar su nombre en toda la tierra (Mat 6.9).

    En la oración modelo en en evangelio de Mateo (6.9-13) el Señor Jesucristo añade a esta súplica una comparación del parámetro en el cual se mide  cuán perfectamente ha de cumplirse su voluntad en nosotros: ha de cumplirse en la tierra como se cumple en el cielo (Mat 6.10).  En el cielo, la voluntad de Dios se cumple de manera perfecta, por sus ángeles ministradores y enviados.

    Así vemos como los ángeles la cumplen cumpliendo su palabra fielmente, y en adoración (Sal. 103.19-21), y en la ministración del evangelio, en favor de aquellos que serán herederos de la salvación (Heb 1.14) .

    Y en la tierra, vemos a su Hijo nuestro Señor Jesucristo, que hace todo lo que el Padre ha determinado y ordenado previamente: Él se deleita en hacer la voluntad de Dios, que coincide plenamente con su propia voluntad (Sal 40.7), y dijo que había bajado del cielo, no para hacer su voluntad, sino la voluntad de quién le envió (6.38), cumpliendo ya, de una vez las cosas que no pudimos cumplir para nuestra propia salvación y que Cristo cumplió perfectamente por y para nosotros.

    El Señor añadió esa comparación para que tengamos un ejemplo de perfección a seguir en el cumplimiento de la voluntad del Padre, y que por el deseo de esa perfección, Dios nos garantiza el cumplimiento de las promesas de la vida futura y la consumación de todo lo que deseamos en referencia al reino y su voluntad. He aquí el punto de esta petición.

    Hay quienes dicen, en objeción a la oración del Señor, que hacer la voluntad de Dios en la tierra y que se cumpla como en cielo, es imposible, y que no debemos desear lo imposible.

    En respuesta a esta objeción podemos decir que las cosas que son imposibles al ojo humano no son imposibles para Dios. Estas serán imposibles por la voluntad de Dios, es decir, que Dios no desee dárselas a algunos, sino  a quien Dios desee colocarlas, para éste le serán posibles lo que otros consideran imposible.

    Dios puede dar la capacidad de obediencia a quienes la pidan y deseen, de tal manera que tengan esta obediencia en esta vida y la tengan perfeccionada en la vida venidera.

    Somos nosotros quienes en nuestra condición, debemos desear y cumplir esta obediencia perfecta, aunque no lo hagamos perfectamente; por lo que Dios no hará un acto de magia y hacernos perfectamente obedientes por un influjo mágico en nosotros.

    Él presentará las oportunidades y circunstancias donde debemos ir desarrollando esa obediencia con la capacidad que nos ha dado para hacerlo. De tal manera que el Espíritu Santo nos ayude a llevarla en progresión y aumento constantes, se perfecciones.

    Y así podamos hacer la voluntad de Dios tan plena como la ejecutan los ángeles en el cielo, teniendo como modelo de obediencia a esa voluntad a nuestro Señor Jesucristo. por eso, siempre debemos orar en función de la voluntad de Dios, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, para que Dios sea glorificada y santificado en cada uno de nuestros actos , suplicando hágase tu voluntad,  para su gloria y su honra. Para Dios nada es imposible. (Luc 1.37)

    La necesidad de la petición "Hágase tu voluntad"

    Hay dos razones fuertes de la necesidad de pedir  "hágase tu voluntad", que serán el fundamento de esta petición:

    1.- Para que venga el reino de Dios, que es lo que pedimos en la súplica anterior; porque si Dios no hace que cada uno, en su propia esfera,  haga diligentemente su voluntad, este reino no puede establecerse, florecer y preservarse.

    La expansión del reino en nuestra iglesia y nuestras comunidades depende del trabajo de evangelismo, como mandato de Dios, que estamos ejecutando en la comunidad, de la calidad y la magnitud que pretendemos alcanzar y de la disposición en obediencia que tengamos para que Dios cumpla su voluntad perfecta a través de nosotros.

    Dios, ciertamente, cumplirá su decreto, con nosotros, sin nosotros o a pesar de nosotros. Pero nosotros debemos la obediencia a Dios y el deseo que que su voluntad se cumpla en nosotros para cumplir con lo que nuestro buen Dios soberano demanda de cada uno, y que lo cumplamos en agradecimiento al Padre por tan grande salvación que nos ha dado en Cristo.

    2.- Que podamos estar en este reino.  No podemos ser miembros de este reino este reino sin hacer la voluntad de Dios. Tampoco podemos por nosotros mismos, a causa de la corrupción de nuestra naturaleza, hacer la voluntad de Dios por nosotros mismos, si él no nos da la fuerza necesaria.

    Esta fuerza Dios no concede a nadie más que a los que la desean a través del Espíritu Santo que mora en nosotros y nos capacita para ello. De ahí que sea necesario que roguemos a Dios para que nos que nos la conceda

    El Señor Jesucristo dijo, que separados de él, nada podríamos hacer, así que quien no está unido al cuerpo de Cristo, no puede permanecer en el reino de Dios haciendo la voluntad del Padre. El apóstol Juan nos lo clarifica de manera tajante en su carta a las iglesias en Apo 22.14-15

    Hay quienes objetan que no necesario que deseemos lo que siempre se hace, y que ciertamente se cumplirá, aunque aunque no lo pidamos. La voluntad de Dios se hace siempre y se cumple y se cumplirá con toda seguridad, aunque no lo deseemos. Por eso no es necesario que recemos para que se haga

    A ellos les contestamos que  en la proposición mayor una falacia en considerar como causa lo que no lo es, pues no rezamos para que se cumpla  que se haga la voluntad de Dios como si no se hiciera,  si no lo deseáramos y rezáramos, sino por otras causas, es decir, para que se haga también por nosotros, y que los acontecimientos que Dios ha ordenado contribuyan a nuestra comodidad y salvación.

    Estos acontecimientos que no se produzcan en nuestro beneficio y salvación, si no nos sometemos a la a la voluntad de Dios, y deseamos que se haga sólo lo que  Dios ha decretado y desea que se haga. También negamos la propuesta menor, que es falsa

    1.- En cuanto a la vocación de cada uno; porque aquellos que no desean y oran para ser capaces en su esfera apropiada para cumplir con su deber correctamente, fielmente y con comodidad para ellos mismos, nunca lo hacen.

    2.- También es falsa en cuanto a los decretos divinos; porque Dios ha decretado muchos acontecimientos, pero de tal manera que también ha decretado los medios necesarios para ello. Y si alguien respondiera que los decretos de Dios son inmutables, de modo que las cosas que él que él determina, se cumplirán, incluso sin nuestras oraciones; respondemos que los decretos de Dios son inmutables no sólo en lo que se refiere en cuanto al acontecimiento o fin, sino también en cuanto a los medios que conducen a este fin.

    Dios ha decretado dar el fin, pero es por los medios que conducen a él, que es con la condición de que que lo deseemos y oremos por él.

    Hermanos amados, oremos pidiendo exactamente hágase su voluntad, como lo indicó e Señor, para ver que funcionamos como él quiere, para que podamos permanecer en su reino, participando en su expansión disfrutando de la preservación , sustento y cuidado que nuestro Señor Jesucristo, hasta que todo enemigo y todo mal sea derrotado, y podamos santificar desde ya y para siempre el nombre de Dios, como él lo desea en su santa voluntad, Amén.

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