El Instrumento de Honra. 4 Usos Correctos en Manos de Dios.

La iglesia actual tiene el reto de usar bien al creyente como instrumento de honra en manos del Señor. En muchas ocasiones, por desconocimiento o capricho, hemos visto hermanos mal utilizados o subutilizados en roles que no son conforme a sus dones o capacidades dadas por el Señor en la edificación del cuerpo de Cristo, como dijo alguien: "he visto muchos príncipes  a pie y muchos mendigos a caballo".

Esto evita un sano crecimiento y desarrollo de la iglesia de acuerdo a sus funciones intrínsecas de su propia naturaleza. Veamos cómo las Escrituras nos guían a ser instrumentos de honra en manos de Dios para el desarrollo floreciente de su iglesia.

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    El instrumento de honra se usa para la predicación correcta del evangelio.

    El instrumento de honra se aparta de las discusiones vanas y se centra en cuestiones importantes y fundamentales. . En el pasado, tres tipos de discusiones acarreaban angustias a las iglesias. Las genealogías interminables, las filosofías huecas y los errores doctrinales.

    Las  genealogías empezaron por enseñanza como parte de la educación judía para que los jóvenes tuviesen conocimiento de sus orígenes. Era importante para los judíos saber de quiénes descendían para saber a cual de las tribus de Israel pertenecían, y en un caso final, demostrar que eran judíos, de la nación judía. El uso de esta práctica se pervirtió, cuando se volvió como una especie de juego matemático.

    El Instrumento de Honra. 4 Usos Correctos en Manos de Dios.
    El Instrumento de Honra. 4 Usos Correctos en Manos de Dios.

    En matemáticas aprendemos las tablas de las operaciones algebraicas diciendo que cinco por ocho son cuarenta, y así sucesivamente. Ellos empezaron a practicar algo parecido, pero con los parentescos, un ejemplo imaginario:

    Si Jacob era hijo de Abraham, y Abraham era hijo de Taré, entonces ¿Qué era Abraham de Taré? Y esto se volvió un ejercicio infinito que no tenía otro fin que una demostración de habilidad nemotécnica.

    El  apóstol Pablo llama a que nos se preste atención a tales disputas por genealogías interminables que no edifican ( 1 Ti 1.4).

    La otra causa de las discusiones eran las nuevas filosofías. Era común en la época escuchar nuevas filosofías con palabras inventadas para definirlas.

    Estas discusiones llegaban a los miembros de la iglesia tergiversando la verdad del evangelio y promoviendo nuevas conductas ajenas al evangelio en los creyentes.

    El evangelio llegó a muchas iglesias en medio de esas condiciones, y se tendía a juzgar al cristiano, a través de la ley judaica, o a través de las filosofías de los pueblos gentiles.

    En estas filosofías había mucho de ascetismo para buscar la pureza (Col 2.16-23) . El apóstol decía que tales prácticas restaban libertad al creyente y que no tenían ningún efecto en la lucha contra los apetitos de la carne.

    Los errores doctrinales es uno de los temas de mayor discusión en la iglesia, hay quienes los promueven aún dentro de la iglesia. Nos ha tocado ver como en un servicio o después de un estudio bíblico algún miembro de la iglesia  ha dicho algo que deja de concordar con las Escrituras para ponerse al día con algunas nuevas corrientes religiosas disfrazadas de cristianismo.

    En la segunda carta del apóstol Pablo a Timoteo, el apóstol le advierte de cuidarse de tales personas, como dos miembros de la iglesia llamados Himeneo y Fileto, quienes promulgaban entre los hermanos que ya la resurrección se había efectuado al momento de confesar a Cristo como Salvador, porque se pasaba de muerte a vida, y que no había mas resurrección. Esto es verdad hasta cierto punto, pero niegan la resurrección en cuerpos glorificados, que es la esperanza gloriosa de nuestra resurrección, corrompiendo a sí la esencia del evangelio.

    El apóstol dice que este tipo de discusiones tan solo llevaban a la perdición, a la impiedad y trastornaban la verdadera fe.

    Esto es cierto también para nuestros días. Podemos observar cotidianamente la discusión entre hermanos de diferentes denominaciones y promulgan diferentes teologías. Diferencias sutiles y de apreciación que en nada benefician la predicación del evangelio ni a la expansión del reino de Dios en nuestras comunidades.

    Solo el testimonio de los frutos en el evangelio darán razón de la fe que hay en nosotros y en eso, el instrumento de honra ocupa su tiempo y energías.

    El instrumento de honra usa bien la Palabra de Dios (2 Tim 3.15). No la profana en esas discusiones y necias y la predica correctamente en función de las verdaderas necesidades del creyente y el no creyente. Tiene como fundamento a Cristo mismo y su obra de redención en cada uno de nosotros. Así es como su uso se determina para el trabajo honroso y no para el trabajo inútil y vano.

    El instrumento se usa como fundamento legítimo de la iglesia.

    Pablo habla de un fundamento (2 Tim 2.19) que lleva un sello. Ese fundamento son los miembros de la iglesia donde ella se apoya  y se edifica. En el pasado, como ahora, los sellos probaban que algo era genuino o que `pertenecía a alguien. Las cargas de mercadería eran selladas, y ahora también. Ese sellos también podían certificar la calidad del producto.

    El apóstol Pablo habla del sello que lleva el instrumento de obra que es fundamento de la iglesia. Este sello llevaba dos inscripciones: la primera habla de que El Señor conoce a los suyos. Es decir, era el sello de propiedad.

    Dios conoce a su pueblo dese siempre. Sabe quiénes son sus aliados, porque él los ha escogido. El instrumento de honra es propiedad de Dios y lo reconoce como Señor y Salvador.  Independientemente de la línea doctrinal que practique esa congregación.

    Por otro lado, la Biblia dice en contraparte que el Espíritu Santo da testimonio a nuestro Espíritu que somos hijos de Dios (Rom 8.16) y que fuimos sellados con el Espíritu santo que es la garantía de las promesas de Dios para nosotros. (Efe 1.13-14).

    Esa es la primera escritura de este sello. El sentido de propiedad. Ahora vamos con la segunda Escritura.  El sentido y de calidad y uso en el instrumento de honra, que es consecuencia del la primera inscripción.

    A veces cuando las cajas traen un producto, el sello dice "Úsese bajos ciertas condiciones" o "Evítese usar en lugares calurosos", etc. Dependiendo del producto. La inscripción de este sello también trae su instrucción. El instrumento de honra que invoca el nombre de Cristo debe apartarse de la iniquidad. Aquí la iniquidad es la condición de no actuar con rectitud ni santidad en base a la norma de Dios.

    El apóstol Pablo dice que Judas el Iscariote, compró un campo con salario de iniquidad (Hch 1.18), el que recibió por traicionar a Jesús. La iniquidad va íntimamente ligada con la injusticia, con el mal proceder en abierta violación a la voluntad de Dios.  Allí no se debe usar el instrumento de honra, así lo determina el sello del dueño de éste.

    En esta era de la informática podemos dar diferentes usos a un ordenador: Se puede usar para practicar videos juegos violentos, ver pornografía o llenar nuestras redes sociales de banalidades y chistes morbosos.

    También puede tener un uso honroso. Los chicos pueden usarlo en sus investigaciones escolares. También como instrumento de trabajo, y para comunicar las buenas noticias del bien común en cuanto a salud, leyes, educación, cultura y conocimiento  de la Palabra de Dios.

    De tal manera que el instrumento de honra en manos de Dios es usado como fundamento de la iglesia. con el sello de que pertenece a Dios y debe apartarse de la iniquidad.

    El instrumento se usa para la promoción de los valores cristianos.

    El apóstol Pablo llama al instrumento de honra a huir de las pasiones juveniles (2 Tim 2.22) . Aquí podemos tomar la expresión pasiones juveniles en dos aspectos:

    El primer aspecto es de las cuestiones propias de la edad de los jóvenes. Huir de la idolatría, es decir, cualquier cosa que desplace a Dios de nuestras vidas y en la cual pongamos nuestra confianza y esperanzas. Aquellos deseos carnales que batallan contra el alma (1 Ped 2.11). El amor al dinero, la fornicación y otros por el estilo.

    Estos deseos solo conducen a la perdición por sí mismos, porque representan la avaricia y la idolatría que son tan repugnantes a Dios. No solo debemos rechazarlos, sino que debemos huir de ellos.

    Pero no solo debemos huir de estos deseos, sino también el instrumento de honra es llamado a evitar las disputas necias en la iglesia. por el impulso propio de su juventud a apasionarse por la defensa de la doctrina, cae en discusiones apasionadas que no llevan a nada.

    El llamado es a no apresurarse a caer en tales discusiones con quienes las promueven, porque no resulta en nada edificante para la iglesia. Al contrario, como cáncer destruye la paz y la armonía dentro de las congregaciones.

    No puede el instrumento de honra apresurarse a buscar resultados rápidos para su vida en los deseos de la carne, ni tampoco en el otro extremo, caer en discusiones vanas de doctrinas que nacen en corazones impíos y no tienen mas que resultados catastróficos en las congregaciones.

    El instrumento de honra lucha por promover los valores cristianos que edifican las congregaciones, él sigue, junto con sus hermanos, la justicia. la fe, el amor y la paz. El que sigue su ejemplo, está llamado a imitar no lo malo, sino lo bueno (3 Jn 1.11).

    El sigue la justicia, produce en su corazón actos con el prójimo que van de acuerdo a la ley de Dios, no actos de iniquidad. Se concentra en cómo resolver en función de la justicia de Dios plantada en su corazón y demuestra así su justicia con su prójimo y es ejemplo en conducta y pureza.

    El instrumento de honra sigue la fe, y la comparte con sus hermanos. Aquí consideramos la fe, no como el acto instintivo de creer, sino como el conjunto de doctrinas cristianas que conforman nuestras creencias.

    El apóstol Pablo hablaba de la unidad del cuerpo de Cristo,  de la iglesia,  en una sola fe (Efe 4.5). Así, la fe común produce la unión espiritual de los creyentes, y de allí la importancia de que las iglesias emitan confesiones de la fe que profesan y que sean del conocimiento de cada uno de los creyentes.

    El instrumento de honra está llamado a compartir su fe correctamente trazada en la Palabra de Dios, con todos sus hermanos, para edificación en la comunión.

    El instrumento de honra practica el amor con sus hermanos. El intenta poner todos sus recursos y dones en función del servicio del otro  para su bienestar, felicidad y crecimiento espiritual. Recursos tanto materiales como de cualquier índole.

    El apóstol Juan ve la práctica del amor en el servicio al necesitado. Habla de que no podemos decirle a alguien que carece de sustento y abrigo, ¡Dios te bendiga! o ¡La paz sea contigo, hermano!, y enviarlo en las mismas condiciones que llegó a ti. Eso no es posible (Jn 3.17).

    La comunión entre los hermanos ayuda al instrumento de honra a detectar las necesidades comunes de unos y otros a poner en práctica sus dones y recursos para resolverlas, la iglesia crece en amor a través de esta comunión.

    Podemos practicar el amor tan solo con fijarnos en uno de nuestros hermanos, detectar sus necesidades tanto materiales como espirituales, y en función de nuestros dones y recursos, ayudarle. Es muy rápido y muy fácil. Así estaremos funcionando como instrumento de honra en manos del Señor.

    El instrumento de honra sigue la paz con sus hermanos, esa  relación de armonía con Dios y con sus hermanos y el reposo y contentamiento personal que es consecuencia de ese estado. La paz es una de las principales características del reino de Dios (Rom 14.17) y nace entre los que tienen un mismo sentir en Cristo Jesús (1 Co 1.10). No puede haber paz donde hay celos, contiendas y divisiones.

    El instrumento de honra se usa para promover la unidad de fe y la paz que deriva de ella, manteniendo ese espíritu de reposo y contentamiento en sí mismo y buscando transmitirlo a los hermanos de corazón sincero y humilde que con sencillez buscan de Dios. El apóstol Pablo, en la carta a los hebreos, nos conmina a seguir la paz y la santidad, sin las cuales nadie verá a Dios (Heb 12.14)

    Así, los valores cristianos han de ser transmitidos y promovidos por el instrumento de honra en manos de Dios.

    El instrumento de honra se usa exclusivamente para la obra de Dios:

    Para que el instrumento de honra en  manos de Dios sea útil para toda buena obra, antes debe cumplir dos requisitos. Ser santificado por Dios y ser útil para Dios (2 Tim 2.21). Es decir, en el primer caso, debe estar consagrado a Dios en toda su vida. Su familia, sus relaciones laborales, la iglesia y la sociedad que le rodea debe ser testigo de su consagración a Dios.

    Parecieran ser palabras muy grandes, si obviamos el punto de que es Dios quien le  aparta para su servicio. Dios nos ha escogido desde antes de la fundación del mundo, y nos ha redimido en Cristo para ser santos y sin manchas delante de él (Efe 1.4).

    Así, que solo debe seguir a Cristo como modelo y servirle consagradamente a él. No hay lugar para otras cosas que le alejen de la presencia de su Señor. No puede tomar los dones y talentos que Dios le ha dado y ponerlos al servicio de otra cosa que no sea la obra de Dios en su comunidad. Este es el primer requisito.

    El segundo es ser útil. El instrumento de honra es útil cuando se utiliza y hace lo que por naturaleza debe hacer. No podemos utilizar el ordenador para cortar la grama del jardín. No es útil, y además saldría demasiado costoso. La grama debe mantenerse cortada con la podadora, y los instrumentos de limpieza adecuados para ello. El instrumento de honra no es útil cuando se usa con fines diferentes a su naturaleza de uso. Lamentablemente nuestras iglesias están llenas de esta situación.

    Es conveniente periódicamente hacer un estudio de los dones de os hermanos que desean servir para la iglesia y darles el lugar y funcionamiento adecuado para el crecimiento de la misma.

    Una vez cumplidos esos dos requisitos, entonces el instrumento de Dios estará capacitado y dispuesto para toda buena obra.

    ¿Qué es una buena obra para Dios? ¿Cuál es el parámetro Bíblico para determinar si es una buena obra?

    Afortunadamente, podemos deducir lo que es una buena obra delante de Dios. Las buenas obras son parte de la gratitud que debemos mostrar a Dios por habernos dado una salvación tan grande y maravillosa. No nos ayudan a ganar ningún mérito para nuestra salvación, y sólo son premiadas en base a la misericordia y gracia de Dios y no por su dignidad. Ellas sirven para asegurar nuestra fe  a través de los frutos, y para testimonio ante el prójimo a quien querríamos predicar el evangelio de Cristo.

    Hay tres sencillos  parámetros que nos ayudan a determinar cuando el instrumento de honra realiza una buena obra:

    .-  Cuando se realiza con fe verdadera. Las buenas obras son el fruto de nuestra fe y que nos aseguran y nos afirman en el camino correcto de la salvación. La ayuda al necesitado, la edificación de los hermanos y cualquier servicio que vaya en función de ver crecer nuestra fe por los frutos.

    .- Cuando son conforme a la ley de Dios. Dios nos conmina a poner su ley por obra (Lev 18.4). La Ley de Dios debe ser el piso que soporte la obra a realizar por el instrumento de honra. Si no es en el marco de los mandamientos, no es una buena obra.

    .- Cuando se aplican solamente a la gloria de Dios. Cuando no hacemos una obra para la gloria de Dios, somos tropiezos para otros, porque éstas caen en la presunción humana, y ya no son de exclusivo beneficio para el prójimo, sino que resaltan nuestra propia gloria. Son obras cuyo contenido está lejos de la honra de Dios (Isa 29.1). Así, que debe ser para la gloria de Dios.

    El apóstol Pablo nos dice que el vaso de honra debe servir para realizar la buena obra de la  corrección. Que de manera mansa y sufrida enseñe la sana doctrinas a aquellos que por ignorancia viven en el error y puedan llegar a conocer el evangelio de la salvación y escapar del lazo de la mentira y la condenación al cual han estado sometidos por el diablo.

    Amados, dejemos que Dios nos use como instrumentos de su honra, y pidamos la iluminación del Espíritu Santo para que discierna para nosotros las funciones que como dichos instrumentos, hemos de realizar en el cuerpo de Cristo, para ver los frutos de nuestra fe y para la gloria de Dios, amén.

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