La vida es Cristo - Qué significa a la luz de la biblia

La vida es Cristo porque solo estando en sus caminos tendremos una vida eterna en el reino de los cielos, porque a través de él no solo tenemos vida sino que la tenemos en abundancia, porque gracias a él podemos ser salvos, sanados, liberados, consolados, y así podremos tener una vida llena de paz y de gozo a pesar de las adversidades porque solo debajo de sus alas estaremos seguros.

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    La vida es Cristo – Qué significa a la luz de la biblia

    Una vez que aceptamos, recibimos y conocemos verdaderamente a Nuestro Señor Jesucristo pasamos a tener una nueva vida, donde ya no vivimos nosotros sino que ahora vive Cristo en nosotros por medio de su Santo Espíritu.

    Decir que la vida es Cristo encierra muchos aspectos importantes dentro del ámbito espiritual, pero además se manifiesta en nuestra vida terrenal, revelando el fruto del Espíritu Santo en nosotros, tal como lo expresa la palabra: “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley” (Gálatas 5:22-23)

    De esta manera, cuando tenemos una vida en Cristo, el fruto del Espíritu Santo se comienza a manifestar porque comenzamos a ser procesados, transformados y santificados gracias a su presencia y a su infinito amor por nosotros.

    Sin embargo, para ser completamente transformados debemos ser valientes y esforzarnos porque ciertamente tendremos pruebas que superar. Por eso tenemos que dejar morir nuestra propia carne para nacer de nuevo y ser renovados por medio de la sangre del cordero.

    Cuál es el significado de tener una vida en Cristo Jesús – Aspectos importantes a destacar

    Tener una vida en Cristo Jesús es participar de todo lo que Cristo es y de todo lo que Él hizo por nosotros. Es aferrarnos a su presencia, a su palabra y a su amor. Es mantener una estrecha relación con él porque hemos entendido que sin él nada podemos hacer, porque sabemos que él es nuestro dueño y su propósito es perfecto para nuestra vida, aunque no logremos entender plenamente sus designios.

    De esta manera, que tener una vida en Cristo es caminar sus caminos, andar en su presencia, es entregarle nuestros pensamientos, cargas, emociones y todo lo que nos ata a este mundo. Pero para comprender mejor lo que implica tener una vida en Cristo es importante revisar los siguientes aspectos:

    1.- Somos perdonados

    Cuando estamos en Cristo Jesús somos perdonados de todos nuestros pecados e iniquidades. La palabra nos indica lo siguiente:  “en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados” (Colosenses 1:14).

    Cuando estamos en Cristo hemos sido purificados y santificados, sin embargo debemos estar apercibidos porque el enemigo no descansa y pretende desviarnos del propósito que Dios tiene para cada uno de sus hijos.

    2.- Somos justificados

    A través de tener una vida en Cristo, somos justificados por medio del nuevo pacto que hizo Nuestro Señor Jesucristo en la Cruz del calvario, donde nos dio entrada al reino de los cielos mediante nuestro arrepentimiento sincero delante del Padre.

    Es decir que para obtener nuestra salvación y ser justificados debemos confesar primeramente el nombre de Nuestro Señor Jesucristo, luego debo declarar mis pecados de forma sincera.

    El Señor Jesucristo era perfectamente justo, y ahora Dios nos ve justos en Cristo porque él cargo con nuestros pecados para que nosotros pudiéramos ser justificados. Al respecto la palabra dice: “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él” (2 Corintios 5:21).

    La vida es Cristo
    La vida es Cristo

    De esta manera, Jesús cargó con nuestros pecados, siendo él santo y sin pecado. Tomó todas nuestras rebeliones por amor a nosotros, y dio su vida para darnos a nosotros el perdón y para darnos un lugar en el reino de los cielos.

    3.- Somos hechos cercanos al Señor

    En Cristo Jesús somos hechos cercanos a Dios mediante la oración, donde podemos hablar con nuestro Padre y mantener una comunión con él mediante su Santo Espíritu.

    Como pecadores estábamos separados de Dios y teníamos temor de acercarnos a él, pero ahora que estamos en Cristo Jesús, podemos acceder a Dios de forma segura porque la sangre del cordero nos ha limpiado, y ahora podemos mantener una comunión constante con nuestro Padre Celestial. La palabra nos señala lo siguiente: “Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo” (Efesios 2:13).

    En este sentido, el pacto de Cristo nos acerca al Padre, ya que él es el único mediador entre Dios y los hombres y gracias a él podemos ahora ser cercanos a él, tal como lo expresa la palabra: “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre” (1 Timoteo 2:5)

    4.- Somos aceptados por Dios

    A través de Cristo somos aceptados, justificados, perdonados por Dios. Antes de alcanzar la salvación, éramos enemigos del Señor, pero ahora somos aceptados por Él como sus propios hijos amados: “Para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado” (Efesios 1:6).

    5.- Somos santos

    En Cristo Jesús somos santos porque él es santo, y a través de su Espíritu Santo somos santificados, purificados, limpiados de todo pecado y maldad. Nuestro Señor tiene un nombre nuevo para sus hijos, y los llama "santos en Cristo Jesús".

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    El término "santo" significa perfecto y libre de toda culpa. A los ojos de Dios, cada uno de sus hijos es un santo en Cristo. Nosotros mismos no somos santos, sino que por medio de Cristo somos santos y Dios nos ve a través de él.

    En este sentido, en Cristo Jesús somos: “linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anuncien los hechos maravillosos de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1 Pedro 2:9)

    6.- Somos sellados

    En Cristo Jesús somos sellados a través del Espíritu Santo porque somos sus hijos y nuestro destino es el reino de los Cielos, donde estaremos hasta la eternidad. Tal como lo dice la palabra:  “y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa” (Efesios 1:13).

    7.- Somos llenos de su presencia completos

    Cuando tenemos una vida en Cristo, somos llenos de su presencia, ya no necesitamos de más nada, porque su misericordia nos sostiene y nos renueva cada día.

    Cristo nos llena por completo, nos quita todo temor y nos aleja de todo lo que no nos conviene, por lo cual lo único que necesitamos para tener una vida completa es tener a Cristo en nuestro corazón y seguir sus caminos. Al respecto la palabra nos dice lo siguiente: “Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, y vosotros estáis completos en él…” (Colosenses 2:9-10).

    En este orden de ideas, nuestra vida en Cristo es nuestra renovación en la cual dejamos todo lo que nos ataba al pasado y damos paso a un nuevo nacimiento, donde somos limpiados, purificados y justificados por medio de la sangre de Cristo que nos redime de toda culpa.

    ¿Cuál es nuestra posición como cristianos?

    El Señor nos ha otorgado una posición perfecta en Cristo Jesús, y esta posición se refiere a la manera en la que Dios nos ve en su hijo y en el pacto divino, sellado con su sangre preciosa, en el cual hemos sido redimidos de todo pecado.

    Si no comprendemos cuál es nuestra posición, nuestra identidad como hijos de Dios, no podremos llevar a cabo el propósito que tiene para con nosotros. En este sentido, podemos detener las bendiciones si no comprendemos y conocemos quién soy en Cristo.

    Una vez que hemos conocido al Señor, tenemos que saber cuál es nuestra posición, y tener la autoridad para alejar las tinieblas en nuestra vida, porque ciertamente el enemigo siempre estará asechando a los hijos del reino porque su plan maligno es destruir la obra de Dios aquí en la tierra.

    Por esta razón como cristianos debemos vivir de forma correcta y agradable ante los ojos de Dios para que de esta manera el enemigo sepa cuál es nuestra identidad y no pueda tocarnos. Nuestro testimonio en este mundo revela nuestra condición como cristianos, nuestra manera de actuar y de llevar el evangelio en nuestra vida.

    No se trata de ser perfectos y de no cometer nunca pecado, se trata de reconocerlos, de aceptarnos y de declararlos delante del Padre para alcanzar el perdón y la misericordia de Nuestro Padre. La biblia nos exhorta de la siguiente manera: “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros” (1 Juan 1:8).

    En este sentido, nuestra posición como cristianos es la forma en la que Dios nos ve y nuestra condición es la manera en la que vivimos, en la cual debemos batallar con nuestra carne y luchar para vencer ante las tinieblas que nos asechan.

    ¿Cómo alcanzamos la santidad en Cristo?

    La vida es Cristo y en él somos santificados, así que para poder alcanzar la santidad debemos presentarnos delante de él y confesarle con nuestro corazón nuestros pecados, aún los que están ocultos, porque él no rechaza a un corazón contrito y humillado.

    La palabra de Dios nos deja en claro la manera en la que debemos actuar y vivir, donde debemos ser movidos por la fe, ya que sin ésta no podemos agradar a Dios, y tenemos muchos ejemplos bíblicos donde los hombres y mujeres fueron movidos por la fe, creyendo en el poder supremo de Nuestro Señor en todo momento.

    Así que la santificación la obtenemos en la medida en que andemos en los caminos de Cristo: “Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él” (Colosenses 2:6).

    Cuando internalizamos que somos "santos en Cristo Jesús" nos transformamos en santos en nuestra vida cotidiana. Cuando comprendemos nuestra posición como hijos de Dios, comenzamos a vivir conforme a la voluntad perfecta de Nuestro Señor.

    Cómo permanecer en Cristo Jesús – Qué debemos hacer

    Cuando somos nuevas criaturas en Cristo, tenemos al Espíritu santo que nos lleva a toda verdad, que nos limpia, nos purifica y nos santifica. Sin embargo, para permanecer en Cristo debemos ser fuertes y mantenernos en constante comunión con nuestro Padre.

    Permanecer en Cristo es reconocer que sin él no podemos vivir, que sin él nada podemos lograr porque él es quien nos sostiene, es quien dirige nuestros pasos y quien nos resguarda de toda maldad.

    Cuando estamos firmes en la roca que es Cristo, podemos pasar por tormentas y permanecer porque nuestro fundamento principal en Jesús y esto nos mantiene en pie aunque tengamos que pasar muchas veces por el Jordán, por el desierto, aunque andemos en valles de sombra de muerte, debemos estar confiados porque hemos sino sellados como hijos de Dios a través de su Espíritu Santo.

    En este sentido, es importante conocer a Dios a través de su palabra donde encontraremos la verdad y el manual de vida con el cual podemos ser dirigidos. Así que para permanecer en Cristo debemos considerar lo siguiente:

    1.- Ayuda a tu prójimo

    Mediante nuestro testimonio, estamos predicando el evangelio de amor y misericordia que nos dejó Jesucristo cuando vino a este mundo, así que debemos poner en práctica lo que hemos aprendido del maestro y ayudar al prójimo porque para eso hemos sido llamados.

    Ciertamente no se puede negar que en este mundo tendremos muchos retos y obstáculos que superar porque cuando somos hijos de Dios, estamos destinados a ser perseguidos por el maligno. Pero cuando estamos en Cristo estamos protegidos y tenemos la cobertura del Todopoderoso.

    2.- Imitar a Cristo

    Tal como se mencionó anteriormente cuando estamos en Cristo debemos dar testimonio de que somos hijos del Rey y hacer buenas obras que manifiesten el fruto del Espíritu Santo porque cuando estamos en Cristo sentimos amor y compasión por nuestro prójimo y buscamos ayudarlo.

    En este sentido ser hijos de Cristo es ser imitadores de él, seguir su ejemplo y buscar perfeccionarnos para llegar a su estatura porque hemos sido creados para ser imagen y semejanza de Jesús.

    Ser cristianos es reconocer cuál es nuestra posición y actuar conforme a la voluntad de Nuestro Señor, dejando a un lado nuestros propios deseos carnales, entendiendo que somos débiles y que sin él nada podemos hacer.

    Cristo nos demanda fidelidad, confianza, amor y en la medida en que vamos caminando en sus caminos de luz, nos vamos moldeando a su imagen y semejanza y así como una vasija de barro, Dios nos moldea, nos transforma, nos convierte en obras de arte. Esto lo podemos apreciar en su palabra:

    “Palabra de Jehová que vino a Jeremías, diciendo: Levántate y vete a casa del alfarero, y allí te haré oír mis palabras. Y descendí a casa del alfarero, y he aquí que él trabajaba sobre la rueda. Y la vasija de barro que él hacía se echó a perder en su mano; y volvió y la hizo otra vasija, según le pareció mejor hacerla. Entonces vino a mí palabra de Jehová, diciendo: ¿No podré yo hacer de vosotros como este alfarero, oh casa de Israel? dice Jehová. He aquí que como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano, oh casa de Israel” (Jeremías 18: 1-6)

    Así que nuestro Padre Celestial nos dice en su palabra que él es nuestro alfarero que quiere moldearnos para hacer de nosotros una vasija de barro en la cual pueda derramar su Santo Espíritu que es la fuente de agua viva.

    3.- No hacer acepción de personas

    El hecho de haber conocido a Cristo no nos hace mejores que los demás porque si recordamos el evangelio de Jesús, Él se hizo pequeño siendo el Rey, se hizo pobre siendo rico, se hizo pecador siendo santo.

    Así que si comenzamos a alejarnos de nuestros seres queridos en vez de predicarles, estamos haciendo acepción de personas y estamos actuando de forma individual. Esto no es agradable ante los ojos de Dios porque hemos sido llamados a predicar el evangelio a toda criatura:

    “Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado. Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán” (Marcos 16:15-18)

    En este sentido, debemos acercarnos a los necesitados, a nuestro prójimo, familiares que no tienen a Cristo y hacerles llegar el mensaje de salvación porque estamos en los últimos tiempos y es necesario predicar el nombre de Nuestro Señor y hacer la voluntad de Dios que es perfecta.

    La obra de Dios aquí en la tierra consiste en expandir el reino de los cielos, hacer buenas obras, manifestar el Espíritu Santo mediante milagros, liberaciones, maravillas y prodigios porque se debe revelar el poder de nuestro Dios en todas las naciones, en todos los rincones del mundo, ya que todos deben conocer quién es el Rey de Reyes y Señor de Señores.

    En este sentido, la vida es Cristo, la salvación es Cristo, la sanidad es Cristo, Nuestro Todo es Cristo porque somos su creación perfecta llamado a ser sus hijos para proclamar y manifestar las buenas nuevas de salvación porque el tiempo de su segunda venida está cerca y debemos estar preparados para la gran batalla del Armagedón, en la cual Cristo peleará por su iglesia y vencerá ante Satanás.

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    Sandra Faría

    Hija y sierva de Dios, Profesora en el área de Lengua y Literatura, Magíster en Literatura Latinoamericana, egresada de la UPEL-Maracay. Con experiencia en la docencia, en la redacción y edición de artículos en diferentes blogs en la web.

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