La virtud de saber escuchar - En qué consiste

La virtud de saber escuchar es una de las facultades que toda persona debe tener, y más si son creyentes fieles a Cristo, porque la palabra lo demanda de la siguiente manera: “Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse” (Santiago 1:19)

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En esta cita Dios nos exhorta a que primeramente escuchemos antes de hablar, de emitir juicios o de decir algo incoherente. También hace referencia que debemos procurar no enojarnos porque cuando estamos en este punto, podemos emitir palabras hirientes. Así que lo mejor es escuchar antes de actuar.

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    La virtud de saber escuchar – En qué consiste

    La virtud de saber escuchar es una característica que todo buen consejero debe tener. En la actualidad hay mucha necesidad de ser escuchado, más que otra cosa. Pero lamentablemente esta virtud no es puesta en práctica porque no hemos aprendido a escuchar.

    Esto da pie a que las personas acudan a personas equivocadas en busca de aceptación y confianza, ya que sin darnos cuenta, no le damos importancia a lo que la otra persona tenga que decir.

    Esto puede suceder mucho dentro de los hogares, donde los niños tienen miedo a expresar su opinión, y por eso se encierran y lamentablemente muchos buscan refugio en los vicios, en malas amistades, en la calle, entre otros. Como cristianos, padres y amigos, debemos reforzar la virtud de saber escuchar.

    Por otro lado, el mejor consejero que tenemos a nuestra disposición es el Espíritu Santo, ya que escucha cada una de nuestras peticiones, quejas, problemas, sean buenas o sean malas, y trae siempre consigo la palabra de aliento que necesitamos escuchar.

    De esta manera que para ser un buen consejero tenemos que saber escuchar, así como lo hace Dios con nosotros.  Las personas que necesitan ser escuchadas se refugian en aquellos que estén dispuestos a tomarse un momento para escucharlos.

    Sin duda alguna saber escuchar es una virtud que muy pocas personas tienen, y de allí provienen todos los problemas, por el hecho de que no sabemos escuchar.  De allí la destrucción de matrimonios, noviazgos, relaciones interpersonales, entre otras.

    Siempre se busca tener la razón, argumentar las fallas, buscar culpables, y el objetivo no debería centrarse en nosotros, sino en buscar soluciones, edificar al otro y restaurar aquello que se ha destruido.

    Debemos comprender que los pilares fundamentales de una relación es la comunicación. Pero ésta no se trata solamente de hablar sino de saber escuchar la posición del otro. Cuando se da una comunicación efectiva podemos ser sinceros, mostrar lo que hay en nuestro corazón y mostrarnos tal cual somos.

    El hecho de no saber escuchar nos conlleva a mal interpretar a Dios, y por eso empleamos las Sagradas Escrituras para auto justificar nuestro pecado. Así que por no saber escuchar es que tenemos una mala relación, no solo con las personas sino también con el Señor.

    De igual forma, por no saber escuchar es que la mayoría de veces herimos a las demás personas. Por no saber escuchar es que la mayoría de personas ya no tienen confianza en nosotros y optan por reservarse su dolor antes de expresarlo ante nosotros. Es decir, hemos perdido la posibilidad de ayudar al otro escuchándolo.

    A veces la persona que nos necesita, solo quiere ser escuchada, necesita sentir esa confianza para desahogarse, manifestar sus pensamientos y sentimientos. Muchas veces esa persona, pueden ser nuestros propios hijos, lo cual es muy lamentable porque ellos desean depositar la confianza en sus padres. Pero se consiguen con una pared que se niega a escucharlos o simplemente nunca tienen tiempo para ellos.

    Por otro lado, existen personas que no necesitan que le digan que es un pecador, que se va a ir al infierno, que es un incrédulo, entre otras palabras. Solo necesita ser escuchado, y en la medida en que puedas hacerlo, estarás abriendo tu corazón, y la misericordia de Dios, sin duda alguna se hará presente.

    En este sentido, debemos ser sabios al momento de comunicarnos, para lograr que mediante esa comunicación efectiva podamos atraer las almas a Cristo, que es el propósito principal de todo cristiano. Podemos ser el refugio espiritual para muchas personas con el hecho de escucharlos.

    El Señor quiere ministrar las personas mediante tu vida, sé el refugio que las personas están buscando, no permitas que por su desesperación, soledad y vacío, cometan el error de recurrir a personas mal intencionadas que los vayan a confundir y a desviar del verdadero camino que es Cristo.

     Como hijos de Dios y fieles creyentes a él debemos tener palabras de restauración para levantar a muchas personas que están atravesando momentos difíciles y están a punto de rendirse. La mayoría de estas personas vienen destruidas del mundo al que estaban atados, así que lo que más necesitan es ser escuchados.

    Por otro lado, podemos encontrar a creyentes que están fríos en su relación con el Señor, y necesitan tener herramientas para luchar contra el enemigo, porque sus armas ya están corroídas. Ellos requieren de alguien que los impulse a seguir adelante, que les den palabras de aliento y fortaleza para avanzar y no dejarse vencer por el decaimiento y desánimo.

    De esta manera, nuestro deber como creyentes es estar dispuestos a ayudar al prójimo y para ello necesitamos la dirección de Dios. Si estamos firmes en el Señor y apartados del pecado, podemos entonces ayudar mejor a los demás porque al tener la presencia del Espíritu santo, podremos poner en práctica los dones espirituales y saber escuchar a nuestro prójimo en su momento de angustia y desolación.

    Por qué debemos aprender a desarrollar el arte de “escuchar - 3 aspectos a considerar

    La virtud de saber escuchar sin duda alguna es un don que viene de parte de Dios y se puede desarrollar en la medida en que sigamos las enseñanzas de Cristo, quien a pesar de su condición de Hijo de Dios, tenía la humildad y la disposición de escuchar a los que estaban afligidos, necesitados, poseídos y enfermos. Por lo cual es importante considerar los siguientes aspectos:

    1.- Saber escuchar como parte de nuestra naturaleza humana

    Primeramente debemos saber escuchar porque somos seres humanos y a través de esa virtud podemos conocer las necesidades de los demás, aprender, saber más acerca de todo lo que nos rodea, es decir, en la medida en que escuchamos podemos tener más sabiduría y nuestra fe se incrementa, tal como dice la palabra: “Así que la fe viene del oír, y el oír, por la palabra de Cristo” (Romanos 10:17)

    Escuchar la palabra de Dios también es muy importante para nuestro crecimiento espiritual y personal, ya que cuando aprendemos de ella, nos edificamos y podemos edificar a los demás. Siempre necesitamos escuchar de Dios para que nuestra fe esté firme y no decaiga.

    Jesucristo es omnisciente, omnipotente, todopoderoso y aún así se complacía escuchando a la mujer samaritana o haciendo preguntas que le permitían escuchar lo que Bartimeo o el paralítico de Betesda querían en lo más profundo de sus corazones. Además el Señor escucha nuestra oración, nos conforta y su presencia nos da serenidad.

    Es posible que los años de experiencia en el ministerio nos permitan conocer un poco mejor la naturaleza humana, hasta el punto de que necesitemos escuchar poco para conocer mucho de las necesidades de nuestros discípulos. Pero por el mandato de la Escritura, y por el ejemplo de mi Señor, yo entiendo que debo aprender a escuchar mucho sin excusas y con prontitud, y ser intencional en hablar menos y escuchar más. No es pragmatismo o eficiencia, es modelar el carácter de Cristo en nosotros.

    2.- Debemos aprender a escuchar bien

    No se trata solo de aprender a escuchar, se trata de escuchar bien, ya que los corazones pueden ser engañosos y podemos sacar conclusiones apresuradas o erradas, emitir opiniones o dar consejos erróneos.

    La virtud de saber escuchar
    La virtud de saber escuchar

    Por lo cual debemos ser muy cuidadosos y estar atentos a lo que estamos escuchando, prestar atención y reflexionar bien antes de emitir una opinión o dar un consejo, ya que podemos lastimar a la persona que nos está confiando sus problemas.

    En este sentido es importante aprender a escuchar mucho y ver las cosas desde diferentes perspectivas. En el caso de la consejería matrimonial, no se deben sacar conclusiones apresuradas, ya que se recomienda escuchar ambos puntos de vista. De esta manera, debemos escuchar desde distintos entornos o situaciones.

    No es lo mismo escuchar a una persona cuando está en consejería que escucharla cuando está en su casa con su familia. Allí es donde podemos apreciar verdaderamente la situación.

    Ante esto, los pastores tienen una gran responsabilidad al servir de consejeros matrimoniales. Por lo cual deben invertir tiempo no solo para escuchar sino para observar y percibir el ambiente mientras escuchamos a la persona.

    3.- Desarrollar la virtud de escuchar

    Como tercer aspecto que se debe resaltar encontramos el de desarrollar la virtud de saber escuchar, ya que de esta manera estamos demostrando el verdadero respeto y amor hacia nuestros discípulos. Todas las personas presentan la necesidad personal de darse a conocer, de ser tomados en cuenta y ser escuchados, apreciados, valorados.

    En la actualidad existe mucho vacío en cuanto a la comunicación se refiere, a pesar de la presencia de todas las redes sociales que conocemos, ya que a pesar de que compartimos fotos, publicaciones, mensajes, no somos realmente escuchados de forma individual.

    El “like” ha llegado a ser tan importante dentro de la sociedad que hasta puede determinar el estado de ánimo de una persona, ya que si no obtiene los suficientes like que quiere, se siente decepcionado, desalentado y considera que no es tomado en cuenta.

    Es decir, las personas basan su valoración en un like que muchas veces las personas colocan de forma automática, sin ni siquiera haber visto o leído la publicación. Pero se le da mucha importancia y puede crear vacíos en las personas, sobre todo si no son tan populares. Esto es realmente lamentable y no solo ocurre en los jóvenes sino en toda la sociedad.

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    Pero el saber escuchar es un acto bíblico que involucra el hecho de estar dispuestos a las necesidades del otro, demostrándole lo importante que es y que puede contar con nosotros. Esa es la misión del verdadero cristiano, el escuchar al prójimo en su momento de angustia, en su tristeza, en su dolor. Pero también en sus alegrías, en sus éxitos, en sus gozos.

    La iglesia tiene el gran compromiso de abrir puertas y no cerrarlas, así que el escuchar al necesitado es una alternativa de hacer llegar el mensaje de salvación y de poder edificar a la persona. Nos gusta mucho hablar, exponer todo nuestro intelecto delante de los demás, pero a pocos les gusta escuchar.

    Sin embargo, Nuestro Señor Jesucristo nos enseñó cuando vino a esta tierra a que debemos escuchar, amar, perdonar a nuestro prójimo. ¿Y no es ese precisamente el compromiso que tienen los siervos del Señor? Es una interrogante para reflexionar en torno a lo que estamos haciendo como Hijos de Dios, cuál es el ejemplo que estoy dando y de qué forma estoy ministrando a los necesitados.

    Nuestro Señor es un Dios que escucha con detenimiento, así como escuchó el clamor de Israel en Egipto, y escucha también las peticiones y pensamientos aun antes de que nosotros mismos los conozcamos. Tal como lo expresa la palabra:  “Señor, delante de ti están todos mis deseos, Y mi suspiro no te es oculto” (Salmos 38:9)

    Así que debemos seguir hablando del Señor, predicando y enseñando con pasión siempre, pero no olvidemos que para poder dar buenas respuestas y consejos, primeramente debemos escuchar con atención las preguntas.

    La labor del pastor: Saber escuchar a sus ovejas

    Ciertamente a los pastores les gusta mucho hablar, expresarse con palabras resulta ser parte fundamental de su ministerio. Si existe algo que define la agenda pastoral es el compromiso, donde se tiene que hablar, tal como las prédicas, devocionales, clases, consejería, entre otros.

    Ante esto, los miembros de la iglesia escuchan las prédicas de los pastores y les gusta escuchar el mensaje que Dios tiene. Escuchar un “amén” en la congregación es emocionante, porque el pastor siente que el mensaje está llegando a los corazones de sus ovejas.

    Sin embargo, la tarea principal que tiene todo pastor es escuchar. Tal como nos exhorta la palabra: “En las muchas palabras no falta pecado; Mas el que refrena sus labios es prudente” (Proverbios 10:19)

    Así que hablar mucho nunca ha sido considerada como una virtud sustentada en la biblia. Muy al contrario “El hombre prudente oculta su conocimiento, pero el corazón de los necios proclama su necedad” (Prov. 12:23).

    Cuando en el versículo se habla de “ocultar el conocimiento” podría parecernos que nos habla de dejar a un lado nuestra responsabilidad de predicar la verdad. Pero el pasaje, lo acentúa como una sabia virtud, donde se debe buscar el lugar oportuno para proclamar las buenas nuevas. La prudencia es una virtud que de igual forma se debe cultivar, ya que todo tiene su momento.

    Cuando sabemos en qué momento guardar silencia, refleja la humildad que tenemos para escuchar al otro. Hay una gran distinción entre escuchar y oír. Oír se refiere solo a percibir los sonidos, por el contrario, cuando de verdad escuchamos es cuando tenemos la capacidad y la disposición de prestar atención. Al respecto en las Sagradas Escrituras, Salomón muestra su sabiduría al decirnos lo siguiente:

    “tiempo de buscar, y tiempo de perder; tiempo de guardar, y tiempo de desechar; tiempo de romper, y tiempo de coser; tiempo de callar, y tiempo de hablar; tiempo de amar, y tiempo de aborrecer; tiempo de guerra, y tiempo de paz” (Eclesiastés 3:6-8)

    En este sentido, existe un tiempo para todo, un tiempo en el que el pastor nos va a predicar, dar el mensaje de Dios, nos va a instruir en la palabra, nos va a dar consejos. Y existe un tiempo en el cual él debe saber escuchar a sus ovejas, y prestar atención a sus pensamientos y sentimientos. De esta manera el pastor podrá dar buenas respuestas, ofrecer consejos alentadores que pueden restaurar matrimonios, fortalecer relaciones, consolar al que está abatido, entre otros. Esa es la misión no solo de pastor, sino de todos los hijos de Dios.

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    Sandra Faría

    Hija y sierva de Dios, Profesora en el área de Lengua y Literatura, Magíster en Literatura Latinoamericana, egresada de la UPEL-Maracay. Con experiencia en la docencia, en la redacción y edición de artículos en diferentes blogs en la web.

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