Lo Que Vence al Mundo : 2 maneras básicas de hacerlo

¿Qué es lo que vence al mundo? Todas las personas andan buscando como derrotar la miseria espiritual en la cual viven y de la cual son esclavos. Viven en medio de luchas que no saben cómo librar ni vencer. Vicios, drogas, problemas de pareja, violencia, codicia y otras tentaciones nos hacen proclives de caer en ellas sin saber cómo salir de allí.

Dios, a través de su infinita misericordia, nos muestra el camino para logar una vida sana y feliz: lo que vence al mundo

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    ¿Qué significa la victoria sobre el mundo?

    El cristiano viene a su nueva vida en Cristo para vivirla en victoria en cualquier situación que se encuentre. El Señor Jesucristo vino para librarnos del pecado que produce la vida miserable y derrotada en la cual vivíamos. Pero,  ¿Qué es esa victoria?, ¿en que consiste esta victoria?

    La  victoria sobre el mundo es lo que nos lleva a superar todas las adversidades y obstáculos que se nos presentan para que no avancemos en el reino de Dios y en nuestra salvación.

    Lo que Vence al Mundo
    Lo que Vence al Mundo

    Esto solo podemos lograrlo a través de Jesucristo. Cristo ya ha ganado esta guerra en la cruz y a través de la resurrección,  él venció sobre el pecado y las tentaciones (Heb 4.15, Mat  4.1-11),  sobre el mundo (Jn 16.33), sobre el diablo (1 Jn 3.8), sobre la muerte (Hch 2.24) y  sobre todos los enemigos (1 Co 15.24-25).

    A través de la victoria de Jesucristo, podemos compartir su victoria y en ella superar a nuestros adversario en la guerra espiritual que libramos día a día.

    Si alguien argumenta que la victoria fue de Cristo y no nuestra, está olvidando que él la logró para nosotros, y que nos hace partícipe de ella.

    Como cuando la selección de fútbol de nuestro país le gana a otra selección, y todos nosotros decimos: ¡Ganamos! Porque nos identificamos con la selección, nos apropiamos de las victoria.

    De la misma  manera  somos partícipes de la victoria de Cristo y todos los beneficios que de ella derivan.

     Ahora, el apóstol Juan dice en primera carta ¿Cómo obtener esa victoria? ¿Qué es lo que vence al mundo? Descubrámoslo:

    .- Lo que vence al mundo es el creyente que es nacido de Dios

    Los que vencen al mundo  son aquellos que experimentan un nuevo nacimiento . Es decir, es la acción de Dios, quien mediante el Espíritu Santo da una nueva vida a los que se vuelven a él con fe y entra en nueva relación con Dios.

    La persona que nace de nuevo adquiere nuevas actitudes infundidas por El Espíritu Santo, cambia la voluntad y  rechaza la naturaleza pecaminosa que persiste en él y trata de vivir conforme al fruto del Espíritu que ahora mora con la persona que experimenta el nuevo nacimiento. Estos van a dar muestras de ser hijos de Dios y de poseer en si mismos lo que vence al mundo. Veamos:

    .- Que poseen el arma de la fe.

    Esta arma es fundamental para poder experimentar lo que es el nuevo nacimiento, lo que vence al mundo.

    Es el medio que Dios nos entrega para poder consumar el acto de creer. No hay otra manera. La Biblia dice que sin fe "es imposible agradar a Dios"  (Heb 11.6). Creemos a través de la fe.  El libro de Hebreos nos da un hermoso concepto de ella:

    Fe es conocimiento y confianza (Heb 11.1). La fe tiene contenido: lo que creemos, el es elemento objetivo de la fe. También tiene un elemento subjetivo: la confianza, (La convicción de lo que no se ve). Es imprescindible que esos dos elementos conformen nuestra fe.

    Fe sin confianza es un intelectualismo, a veces hasta peligroso, La Biblia dice que hasta los demonios creen en Dios, pero no confían en él. (Stg 2.19). A diario  vemos muchas personas hablando de Dios, pero sus vidas no reflejan la confianza de lo que conocen de él. La fe sin confianza es incompleta.

    La otra situación es confianza sin fe. Esto es subjetivismo, y raya en el fanatismo. Es como la persona que gana la lotería y  cuando lo entrevistan en la televisión dice: ¡Yo sabía que me iba a ganar la lotería! y nos preguntamos ¿Cómo lo sabía? Porque los números son escogidos al azar. Es decir, en un orden de probabilidades infinitas. Esto es confianza sin conocimiento.

    El intelectualismo es una fe incompleta. De tal manera que la fe debe poseer estos dos elementos para ser lo que vence al mundo. En función de estos dos elementos, y de acuerdo al texto bíblico en Jn 5.1-5, lo que vence al mundo, el creyente que nace de nuevo por la fe  deben tener  los distintivos siguientes:

    .- Que creen que Jesús es el Cristo.

    Jesús es el escogido por Dios y ungido por el Espíritu Santo para ser nuestro Maestro,  Sacerdote y Rey. Él nos reveló y nos enseñó todo el consejo y la voluntad de Dios para nuestra salvación (Jn 1.18), quien se sacrificó por nosotros para reconciliarnos con el Padre y que ahora nos gobierna por su Palabra y su Espíritu, nos guarda y preserva  la salvación que él adquirió para nosotros.

    .- Que creen que Jesús es el Hijo de Dios.

    Ser Hijo de Dios implica una unidad en esencia y naturaleza con el Padre (Jn 3.16, Heb 1.12), de una misma jerarquía con Dios (Jn 10.30), y que solo es subordinado como el Hijo al Padre en función del orden la  salvación (Jn 5.30). De tal manera que debemos creer que Jesucristo es Dios con nosotros.

    Así, podemos entonces resumir lo que es la verdadera fe:

    La verdadera fe no es solo un conocimiento de Dios, sino también la confianza que él infunde en nosotros a través del Espíritu Santo, que no solamente a otros, sino que a nosotros también Dios nos da perdón de pecados, justicia perfecta y vida eterna en la obra y méritos de su Hijo Jesucristo, para darnos salvación y un nuevo nacimiento, de tal manera que solo vivamos para él, y nos sometamos a la voluntad y el señorío de Jesucristo, para gloria del Padre.

    Una vez definida nuestra fe como lo que vence al mundo, vamos a analizar la manera de demostrarla.

    .- Lo que vence al mundo es el creyente que muestra su amor a Dios

    .- A través del amor a los hijos de Dios.

    Mostrar el amor de Dios es el signo distintivo del cristiano, sin él, no podemos decir que somos nacidos de nuevo. De acuerdo al apóstol Juan, una de las maneras de mostrar el amor a Dios es amando a nuestro prójimo. Un médico puede no tener amor y ser un buen médico. Un ingeniero puede no tener amor y ser un buen ingeniero. Pero un creyente que no tiene amor por su prójimo no puede ser un verdadero cristiano.

    Y es que el apóstol Juan ve el amor cristiano no como un sentimiento, sino como una actitud  de la mente, el corazón y la voluntad para poner todos nuestros talentos y recursos  al servicio de nuestro prójimo, de tal manera que eso redunde en su beneficio, sea espiritual o material, y no esperar ninguna retribución de  esta persona  por ello.

    No podemos decir que hemos puesto en práctica el amor cuando vemos una persona  que padece de hambre o necesidades y le decimos solamente ¡El Señor te bendiga! ¡Que la paz de Dios te acompañe! y no ayudarle de alguna manera con nuestros recursos, por muy limitados que sean , a resolver sus problemas.

    Esas bendiciones deben ser acompañadas de un acto de amor, en caso contrario, estaríamos cayendo en la mayor hipocresía. Así, nuestros actos de amor deben ir acompañados en servir con nuestros recursos y talentos a nuestro prójimo., mayormente a los hijos de Dios, la familia de la fe.

    .- A través de guardar sus mandamientos.

    La razón básica por la cual debemos obedecer a Dios es por que él es quien produce en nosotros el querer como el hacer, y no podemos ser rebeldes a nuestra propia naturaleza.

    Amar a Dios significa obediencia. Debemos amar por obediencia y obedecer por amor. Siempre recuerdo al hijo menor de un pastor amigo, cuando su papá le reprendía y le decía ¿Es que tu no me amas? y el niño, con honestidad,  le respondía, ¡Si, pero no te obedezco!. ¡Qué contradicción!

    La obediencia deja mucho que decir del respeto y el honor que debemos rendirle a Dios. Significa cuánto le amamos y consideramos lo que él ha hecho por nosotros y el interés que tenemos en seguirle.

    El Señor Jesucristo, el ejemplo de obediencia perfecta decía "Vengo para hacer tu voluntad" (Heb 10.9) . y en el caso extremo cercano a su muerte dijo: "Padre, si quieres, aparta de mi esta copa, pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya" (Mat 26.42)

    De tal manera, que andando estos pasos, podemos disfrutar de lo que vence al mundo, nuestra victoria a través de la fe, que Cristo ha ganado para nosotros sobre el poder del pecado (Rom 7.24-25), las tentaciones (1 Co 10.13) , el mundo (1 Jn 5.4-5), el diablo (Apc 12.10-11)  y la muerte (1 Co 15.22-23) y la práctica del amor, para poder decir con el apóstol Pablo "Somos más que vencedores"

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