Mi identidad como hijo de Dios según la biblia

Mi identidad como hijo de Dios se basa en mi relación con él, en la cual se fortalecen los lazos de unión que nos identifica como sus hijos. Conocer nuestra identidad tiene que ver con el hecho de saber quiénes somos, aquello que nos define con relación a nuestro Padre Celestial.

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De esta manera que la naturaleza de Dios es el amor con el cual hemos sido creados con un propósito específico. Tu identidad se relaciona en la manera en que te proyectas ante el mundo como un verdadero hijo de Dios. Esto puede resultar ser un reto, sobre todo porque vivimos en un mundo donde las apariencias tienen más valor que cualquier otra cosa.

Pero este camino, no lo harás solo, ya que irás de la mano de Cristo, quien te guiará y te ayudará a encontrar tu identidad como hijo de Dios y a reconocerte frente a los demás, ya que sin duda alguna, los escogidos somos diferentes al resto del mundo, porque nuestro único fin es Dios.

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    Mi identidad como hijo de Dios según la biblia

    Cuando entendamos el valor que tenemos para Dios y el amor que te tiene, lograrás reconocerte como verdadero hijo de Dios porque a pesar de las adversidades, él extiende su mano y te guía por su sendero de luz, te protege y te resguarda.

    Sin embargo, esto no quiere decir que nuestro camino como creyentes sea fácil, ya que es un camino angosto, que estará lleno de desafíos día a día porque estamos inmerso en un mundo que le pertenece a Satanás y que es gobernado por huestes malignas. Tal como lo revela la palabra:

    “Habéis oído que yo os he dicho: Voy, y vengo a vosotros. Si me amarais, os habríais regocijado, porque he dicho que voy al Padre; porque el Padre mayor es que yo. Y ahora os lo he dicho antes que suceda, para que cuando suceda, creáis. No hablaré ya mucho con vosotros; porque viene el príncipe de este mundo, y él nada tiene en mí. Mas para que el mundo conozca que amo al Padre, y como el Padre me mandó, así hago. Levantaos, vamos de aquí” (Juan 14: 28-31)

    En este sentido, para descubrir mi identidad como hijo de Dios, debemos tener claridad con respecto a quiénes somos en un sentido espiritual y con relación a Dios. Y ser coherentes a la hora de modelar los valores que definen a un hijo de Dios, sin importar el entorno en el que te encuentres, ya que no debes complacer a los Demás sino que debes rendirle pleitesía únicamente a Dios, el creador de todas las cosas, el Rey de Reyes y Señor de Señores.

    Es importante mantener nuestra comunión con Dios para evitar que la duda se apodere de nosotros y nos desviemos del camino correcto que es Cristo Jesús. Para ello es importante tomar en cuenta lo siguiente:

    • No permitas que te presionen: Cada persona es diferente y cada proceso en el Señor es individual y personal. Debes considerar que tú eres especial para el Señor, sin importar lo que la sociedad te intente decir. Así que no caigas en provocaciones ni contiendas. Solo importa lo que tú te consideres para Dios y tu relación con él.
    • No hagas casos a las críticas sin base: Siempre va a existir alguien que te critique y que se incline más por ver tus defectos. Eso es algo normal y hasta tú puedes caer en eso. Pero esas críticas no constituyen la verdad absoluta porque la verdad es Cristo y si él está en ti, nadie podrá amedrentarte.
    • Eres un hijo de Dios: No eres perfecto, pero eres hijo del Todopoderoso y eso es lo que debe internalizar. Por lo cual Dios te ha dado dones espirituales para poder combatir el mal con sabiduría, ya que nuestra lucha no es carnal sino espiritual.
    • Los cambios deben ser para mejorar: El cambio es un proceso que se da de forma personal en cada uno de los hijos de Dios. Hay cambios que ocurren de forma inmediata y hay otros que toman mucho tiempo. Cada creyente tiene su proceso para ser transformado, mejorado y moldeado por Dios. Así que debes estar seguro de que si te identificas como hijo de Dios, los cambios se presentarán para mejorar tu vida.

    Cabe destacar que todos hemos cometido el error de contrariar en algún momento la voluntad de Dios, pero esto es uno de los aspectos que debemos cambiar para poder agradar a Dios, ya que él quiere que sus hijos lo obedezcan y hagan su obra aquí en la tierra, proclamen su palabra y den buen testimonio de lo que él ha hecho por cada uno de nosotros.

    Cuál es la verdadera identidad

    Para saber cuál es nuestra verdadera identidad como hijos de Dios es importante escudriñar las escrituras, donde podemos encontrar todas las respuestas a nuestros interrogantes. Al respecto, el libro Juan 1: 12 y 13 nos muestra lo siguiente:

    “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.”

    Mi identidad como hijo de Dios
    Mi identidad como hijo de Dios

    En este sentido, las Sagradas Escrituras nos muestran que somos hijos de Dios y que esa es nuestra identidad en esta tierra. Por lo cual debemos estar claro en quiénes somos y cuál es nuestro propósito en este mundo.

    Sin embargo para que Dios nos reconozca como sus verdaderos hijos debemos disponer nuestro corazón solo a él, ser fieles y leales a su perfecta voluntad. Dejar todas nuestras cargas y entregárselas a él. Este pasaje nos muestra diferentes aspectos sobre nuestra identidad que se deben destacar:

    1.- Somos Hijos de Dios

    Dios primero que nada, nos proporciona una identidad, nos señala como sus Hijos. Así que nos da dones para que los pongamos en práctica. Pero estos dones no son para nuestra vanagloria, son para reconocer que la Gloria y la Honra es solamente de Dios.

    En la actualidad se le da mucha importancia a los títulos y credenciales, pero lo más importante es el privilegio que Dios nos ha dado de ser sus hijos. De esta manera que lo que tiene mayor valor no es lo que nosotros hagamos en este mundo, sino lo que él ya hizo por nosotros.

    Tal como lo dice su palabra: “Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida.” (Romanos 5:10)

    En este sentido, debido a la muerte de Jesús nuestra identidad de hijos fue restaurada. Hay que recordar que la identidad fundamental como ministros o líderes es el de ser llamados Hijos de Dios.

    2.- Acércate como Hijo del Todopoderoso

    Si somos Hijos de Dios, debemos acercarnos a él, comunicarnos diariamente con nuestro Padre, leer su palabra y comportarnos de forma correcta para dar testimonio de lo que hace el Señor con sus hijos.

    Ser hijo implica una gran responsabilidad tanto en el aspecto espiritual como personal, ya que somos templo y morada del Espíritu Santo y todos los ojos están puestos en nosotros para ver que nuestro pie tropiece, y seguramente si nos vamos a tropezar pero nos levantaremos porque tenemos a Dios como nuestra guía.

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    Podremos ser derrotados en muchos momentos pero no derribados totalmente porque tenemos a nuestro protector que nunca nos dejará pelear solos. Esto lo podemos apreciar en su palabra:

    “Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros, que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos; llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos” (2 Corintios 4:7-10)

    Hemos sido creados para ser moldeados a imagen y semejanza de Cristo y por eso muchas veces tenemos que atravesar pruebas que nos permiten ver nuestra fe a plenitud. Como humanos podemos flaquear, sentirnos derrotados, tristes y desolados.

    Pero si oramos con el corazón y nos humillamos ante nuestro Dios, él nos escuchará y reconfortará nuestra alma, nos dará fuerzas como las del búfalo para vencer nuestras batallas espirituales y avanzar hacia la luz admirable que es Cristo.

    3.- Mi profesión no define mi relación con Dios

    Tenemos que tener presente que Dios es ante todo nuestro Padre y aunque parezca algo muy sencillo puede llegar a cambiar nuestra visión, porque nuestros logros y fracasos no nos definen, sino que ya nuestra identidad ha sido definida por Dios y por eso somos llamados a ser sus hijos y tenemos un propósito en esta tierra.

    Ese propósito es, entre otras cosas, proclamar la palabra de Dios, glorificarlo, exaltarlo, alabarlo, adorarlo en todo momento, a cada instante, con el corazón, dejando que él nos dé el aliento necesario para soportar las adversidades y preparándonos para la segunda venimos arrebatados y llevados a la Nueva Jerusalén.

    Al respecto su palabra nos muestra lo siguiente: “Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca.” (Mateo 7:25)

    De esta manera, cuando se habla de la verdadera identidad como hijos de Dios se refiere a que sepamos en realidad quiénes somos, que sepamos que somos llamados a la luz admirable de Cristo. Mi identidad está relacionada a mi relación directa y personal con mi Padre Celestial, quien me abre las puertas que otros quieren cerrar, el que me da las fuerzas para seguir adelante, quien sustenta mi alma y quien me provee de todo lo que necesito.

    Así que lo que yo soy es lo único que me debe importar en la vida, y no lo que el mundo me quiera decir, ya que encontraremos muchas tentaciones, falsos profetas, falsas enseñanzas que pretender enredar y desviar a los hijos de Dios. Pero él nos da el discernimiento para entender cuál es el camino correcto, aquel camino angosto pero lleno de la presencia del Señor:

    “Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan” (Mateo 7:13-14)

    En la palabra podemos encontrar diferentes versículos que nos mostrarán nuestra identidad como hijos de Dios, y el llamado que tenemos a hacer la voluntad de nuestro Padre y a obedecerle en todo momento, para así obtener el regalo de la salvación. Aquí te muestro los versículos más relevantes:

    En este sentido, mi identidad como Hijo de Dios me conduce por los senderos de justicia y de paz, me identifica y me hace partícipe de las obras de Cristo en la tierra a través de los dones que se me atribuyen.

    Así que resulta un privilegio tener este regalo de ser hijo del Señor, aún sin merecerlo. Por eso hay que apreciarlo y cuidar nuestra salvación, proclamando las buenas nuevas de nuestro Dios, Jehová de los ejércitos.

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    Sandra Faría

    Hija y sierva de Dios, Profesora en el área de Lengua y Literatura, Magíster en Literatura Latinoamericana, egresada de la UPEL-Maracay. Con experiencia en la docencia, en la redacción y edición de artículos en diferentes blogs en la web.

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