Análisis del versículo "muchos son llamados, pocos los escogidos"

En el versículo “muchos son llamados y pocos los escogidos” que podemos encontrar en el libro de Mateo 22:14, nuestro Señor Jesucristo nos enseña a través de una parábola la importancia de la vida eterna, donde solo los escogidos podrán entrar al reino de los cielos.

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Los términos  “llamado” y “escogido” son muy frecuentes no solo dentro de la palabra de Dios sino además en las distintas discusiones acerca de la fe cristiana, Dios y la salvación, en las cuales pueden ser interpretadas de forma diferente.

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    Análisis del versículo “muchos son llamados pero poco los escogido”

    En la parábola referente a este versículo, Jesús hace referencia a la historia de un rey que ofreció un banquete de bodas. Así que el rey manda a sus siervos “para llamar a los invitados a las bodas, pero no quisieron venir” (Mateo 22:3). Por lo cual como los invitados no querían asistir a la fiesta, el rey manda a sus siervos a que invite a otros: “Id, pues, a los caminos principales e invitad a las bodas a todos los que encontréis” ( Mateo 22:9).

    Luego el rey anfitrión de la fiesta se percata de que hay “un hombre que no tenía vestido de boda” (Mateo 22:12) y no se explica porque no se vistió de forma apropiada. Así que el rey le pide a sus siervos a  “atadle de pies y manos y echadle en las tinieblas de afuera. En aquel lugar habrá llanto y crujir de dientes” (Mateo 22:13).

    Finalmente Jesús culmina la parábola con el versículo que queremos analizar: “Porque muchos son llamados, y pocos escogidos” (Mateo 22: 14). Aquí nos habla acerca de la gran importancia que resulta estar preparados para la vida eterna, respetando la voluntad de Dios al ser obedientes de su palabra.

    Cuál es el significado del término “llamados”

    Jesucristo mediante esta parábola, está resaltando dos términos: llamados y escogidos. Cuando Nuestro Señor dice que muchos son llamados, se refiere a todas las personas que fueron invitadas a la boda, de la que se hace referencia en dicha parábola, y se refiere a la cantidad de invitados que asistieron a la boda, que son los que tienen la oportunidad de conocer el evangelio.

    En este sentido, todos somos llamados a asistir a la iglesia, a escuchar la palabra de Dios y leer su palabra. Muchos han crecido en el evangelio y han tenido contacto con la sana doctrina de Dios. Otros han tenido la oportunidad de escuchar la palabra en lugares remotos por los misioneros del Señor.

    En la parábola muchas personas que fueron invitadas al banquete del rey, muchos tienen la oportunidad de escuchar el evangelio. Ya sea que hayan crecido en la iglesia o escuchado la Palabra en un lugar remoto de los misioneros. Así que muchas personas  han tenido el privilegio de escuchar la palabra de Dios y por eso han sido “llamados” al Reino de Dios. Han sido invitados al gran banquete que es la comunión con Dios.

    En este sentido, la palabra de Dios nos llama a escuchar y obedecer su palabra, ya que él quiere que todos heredemos el reino de los cielos: “El Señor no se está demorando en cumplir su promesa, como algunos piensan. No, está siendo paciente por tu bien, no quiere que nadie sea destruido, sino que todos se arrepientan” (2 Pedro 3:9).

    De esta manera que Jesucristo así como el rey de la parábola, nos invita a todos los que estemos dispuestos a venir a sentarse y comer en su mesa y a “gustar y ver que el Señor es bueno” (Salmo 34:8).

    Sin embargo, no todos los que fueron bienvenidos y fueron llamados para entrar en el Reino de Dios lo harán. Y a pesar de que la invitación está abierta, no todos van a atender a ese llamado ni darle la seriedad que se merece, perdiendo de este modo la gran oportunidad de ser salvos y alcanzar la misericordia de nuestro Padre Celestial.

    Con respecto a la parábola antes mencionada, el hombre que llegó a la boda sin tener el traje apropiado, al parecer respondió al llamado, pero no tenía la vestimenta correcta, por lo cual  no puede ser partícipe de la fiesta, y queda desterrado.

    El traje representa el regalo de la salvación, la cual se ofrece de forma gratuita en el evangelio. Así que únicamente los que reciben este regalo podrán estar en el banquete de bodas del Cordero cuando se lleve a cabo la consumación de todas las cosas.

    Sin embargo, muchas personas no solo responderán al llamado del Señor, sino que obtendrán de forma plena la salvación que nos ofrece en Cristo. Este llamado es la invitación de Dios mediante sus siervos profetas en el Antiguo Testamento y ministros en el Nuevo Testamento.

    Además este llamado nos invita al arrepentimiento y a creer en las buenas nuevas que anuncian los siervos. Es muy probable que algunos se nieguen al llamado, como lo hicieron muchos judíos, quienes serán culpables por haberlo rechazado.

    Cuál es el significado del término “escogidos”

    Los escogidos se refiere a aquellos que respondan al llamado de forma genuina y reciban a Cristo como su único y verdadero Dios. Tal como lo dice su palabra:

    “Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él” (Efesios 1:4)

    muchos son llamados
    muchos son llamados

    En este sentido, solo los que son escogidos conformarán la compañía de los redimidos cuando Cristo vuelva por segunda vez glorificado. La elección eterna de Dios confirma que ellos responderán de forma sincera al llamado.

    Para Jesucristo quiénes son llamados y quienes son los escogidos

    Para responder esta interrogante es importante considerar el contexto histórico en el que el maestro enseña esta parábola. Aquí hace referencia al banquete de bodas, el cual es una imagen bíblica, y sirve para exaltar el carácter bondadoso y maravilloso del amor de Dios por sus hijos.

    De igual forma este banquete representa la alegría por la unión esponsal entre el novio que es Jesús, el Mesías de Dios, con su Iglesia, donde él se entrega a ella por amor, para que el Señor reine en pro de la humanidad.

    De esta manera Jesucristo se nombra como el novio y como esposo, tal como lo podemos evidenciar en su palabra: “Pero mientras ellas iban a comprar, vino el esposo; y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta” (Mateo 21:10)

     En este sentido la iglesia que representa la humanidad debe asistir a esa boda, en la que se celebra la fe cada domingo, en cada servicio, en el que se alaba y adora a Dios.

    En la parábola del banquete, Jesús hace mención de un rey, que es nuestro Dios, quien prepara un banquete para celebrar la boda de su hijo amado con la humanidad.

    En esta fiesta el rey comienza a invitar al antiguo pueblo de la alianza, el pueblo de Israel, por medio de sus siervos, que son los profetas y patriarcas. Pero los primeros invitados, se negaron asistir a la boda: “Jesús les dijo: ¿Nunca leísteis en las Escrituras: La piedra que desecharon los edificadores, Ha venido a ser cabeza del ángulo. El Señor ha hecho esto, Y es cosa maravillosa a nuestros ojos?” (Mateo 21:42).

    De esta manera, el rey al saber que se negaron a asistir, les dice a otros siervos como los discípulos y los apóstoles para que les extendiera la invitación de forma más directa a más personas para que fueran a la fiesta, al pueblo de la antigua alianza en general.

    Sin embargo, los nuevos invitados tampoco atendieron al llamado y se negaron con excusas y justificaciones para no asistir a la celebración. Por lo cual el rey se indignó y envió a más siervos para que invitara a todos, buenos y malos. Pero debían asistir con una vestimenta apropiada, tal como lo dicta su palabra:

    “Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto. Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la que asimismo fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos” (Colosenses 3:12-15)

    En este sentido, estar revestido de Cristo, significa resaltar las virtudes, humanas y cristianas, y representa el fruto maduro de la cooperación justa que existe entre la gracia y la libertad humana, la cual debemos cuidar diariamente para poder ser admitidos en la celebración de la boda del cordero y alcanzar el reino de los cielos.

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    Además esta parábola nos está diciendo que cuando haya comenzado la celebración de la boda, llegará el rey que es Dios y si observa a alguien que no posea la vestimenta se dispondrá a expulsarlo por haber incumplido el requisito indispensable para poder asistir a un evento tan especial como este.

    De esta manera que si queremos asistir al gran banquete del Señor debemos primeramente limpiarnos de todo pecado y mostrar un real arrepentimiento delante de Cristo, quien fue sacrificado para otorgarnos el regalo de la salvación.

    Nadie puede llegar al padre sino mediante su hijo, por esta razón es importante aceptar y recibir a Cristo como nuestro único verdadero salvador, arrepentirnos y entregarle todas nuestras cargas, para luego entrar dignamente a la gran celebración sin que seamos echados de ahí. Tal como lo revela su palabra: “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6)

    En esta celebración se verá quién fue solo llamado y quien ha sido escogido a participar de dicha celebración, y todo dependerá de la vestimenta que tengamos en ese momento. Así que debemos estar listos para ese momento y evitar ser rechazados por nuestro padre.

    Sin embargo Dios desea que toda la humanidad con la cual Él se ha casado, asista a la fiesta, ya que él no quiere que ningún alma se pierda. Pero en el cielo solo podrán estar quienes tengan el traje adecuado y se hayan casado con el esposo divino que es Dios. Tal como lo expresa su palabra:

    “El Señor no tarda su promesa, como algunos la tienen por tardanza; sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:9)

    Nuestro Padre no quiere que ninguno se pierda, su propósito es que todos podamos recibir el regalo maravilloso de la salvación a través de su hijo Jesucristo, quien celebrará una gran boda, donde debemos estar vestidos conforme a su palabra y perfecta voluntad, dejando atrás al viejo hombre, al pecado y transformándonos en nuevas criaturas, para así recibir nuestras coronas y estar en la presencia de Dios.

    No obstante aquellos que desprecien su palabra y que no quieran asistir a las bodas del cordero, quedarán excluidos del reino de los cielos, ya que aquel que niega a Dios, será rechazado, tal como lo revela su palabra:  “Cualquiera que niega al Hijo, este tal tampoco tiene al Padre. Cualquiera que confiese al Hijo tiene también al Padre”(1 Juan 2:23)

    Ciertamente en el libro de Mateo el término “llamado” es dado para todos y es una petición a la humanidad en general para que acepte casarse y entregarse a Dios y así poder participar en el gran festín en el reino de los cielos. Pero ese llamado no significa que ya son escogidos, puesto deben estar vestidos sin mancha, sin pecado y haber aceptado a Cristo en sus corazones.

    De esta manera que el amor de Dios no tiene límites ni obstáculos, ya que su mayor anhelo es que todas las personas de este mundo puedan asistir en el banquete celestial. Pero ese deseo no será cumplido a cabalidad porque cada quien toma sus decisiones conforme al libre albedrío dado por Dios a los hombres:

    “Hoy pongo al cielo y a la tierra por testigos contra ti, de que te he dado a elegir entre la vida y la muerte, entre la bendición y la maldición. Elige, pues, la vida, para que vivan tú y tus descendientes.” (Deuteronomio 30:19)

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