Nuestra posición en Edén - Un lugar celestial que nos pertenece

Nuestra posición en el Edén está descrita desde el principio de la creación, cuando Dios formó primeramente el cielo, luego la tierra y después al hombre, el cual tiene un propósito eterno. La tierra fue hecha para el hombre y éste fue creado de la tierra y para la tierra, pero él posee un diseño celestial, ya que fue creado en los cielos y lo formó en la tierra.

Te invito a leer: El Primer Adán Y El Último Adán: Semejanzas, Diferencias, Cronología Y Más

Dios colocó al hombre en el Edén, el cual se refiere al ámbito en el cual el Señor hizo su creación. Tal como se puede apreciar en la palabra: “Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase” (Génesis 2:15)

Índice De Contenidos()

    Nuestra posición en el Edén – En qué consiste este lugar

    Para saber cuál es nuestra posición en el Edén, debemos saber a qué se refiere este lugar, el cual no es un sitio que se pueda ubicar geográficamente, ya que no es físico. Su nombre significa “Delicia”, ya que es un lugar para el deleite.

    En este sentido el Edén, no es un lugar que se pueda palpar, porque es un espacio celestial y no terrenal. Se encuentra en el ámbito celestial y espiritual. Por lo cual el hombre desde el principio, fue puesto en lugares celestiales y allí llenará toda la tierra.

    Nuestra posición en Edén
    Nuestra posición en Edén

    Sin embargo, cuando el hombre pecó contra Dios, su espíritu murió y su mente se apartó de las cosas del Señor. Así que el hombre no puede comprender los propósitos eternos.

    Para tener una idea de lo que es el Edén, se debe escudriñar las Sagradas Escrituras a profundidad y leer el libro de Génesis, para así conocer la forma operativa desde las cuales el hombre profesaba dominio y el hecho de que Dios le otorgara la capacidad de ejercer dominio sobre todo, tal como lo señala la palabra:

    “Entonces dijo Dios: hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó” (Génesis 1:26-27)

    En este sentido, fuimos creados con el propósito de la eternidad y el edén es ese lugar espiritual, celestial y de dominio, en el cual se nos atribuyó el poder sobre toda tierra.

    Este ámbito espiritual estaba destinado para que el hombre reprodujera la forma de vida que el Señor le había dado, por eso le entregó su imagen y semejanza para que obrara desde el Edén en la forma en la que Dios lo había creado en el cielo.

    Así que el hombre tenía la obligación de reproducirse en la tierra, siendo un hombre celestial en un cuerpo terrenal porque éste fue hecho del polvo de la tierra. Cuando el hombre fue creado, su mente y su espíritu no eran terrenales, sino espirituales, divinos y eternos. Por lo cual podían tener comunión con Dios

    Su mente y su espíritu no era terrenal, él tenía un espíritu divino y eterno como su mente, por tal razón podía tener comunión directa con Dios, ya que le podía hablar y escuchar.

    En el Edén, el hombre tenía el respaldo de Dios y aquello que decía ahí se establecía en la tierra. Así que la misión que tenía era muy gloriosa y desde su cuerpo podía gobernar todo: El mundo vegetal, animal, mineral, aéreo, terrestre y marítimo.

    De esta manera, Adán poseía un cuerpo celestial que tenía el dominio total de todas las cosas, y le atribuyó nombres a todos los seres que ahí se encontraban:

     “Y puso Adán nombre a toda bestia y ave de los cielos y a todo ganado del campo; más para Adán no se halló ayuda idónea para él” (Génesis 2:20)

    El cuerpo de Adán era el mismo que Jesucristo tuvo cuando resucitó, no se sometía al tiempo ni al espacio, ya que era un cuerpo celestial, y se habitaba en un ámbito celestial.

    Qué son los lugares celestes y el dominio que podemos ejercer a través de éstos

    Cuando se habla de lugares celestes se refiere a un lugar que no es físico, sino que es un ámbito netamente espiritual en el cual existe un gobierno y dominio de Dios. Por este motivo el hombrees participante de la naturaleza divina para poder operar en este estilo de vida en la cual se tiene el dominio.

    La palabra “dominio” se pronuncia en hebreo “Machal” y se refiere a la influencia o el dominio que una persona ejerce debido a la calidad de vida superior que posee. De esta manera, el “machal” no se obtiene por imposición, ya que no se trata del sometimiento o estar sobre alguien.

    El dominio o machal es una influencia que Dios le entregó primeramente a Adán en el Edén cuando le dio la autoridad para enseñorear a los animales y tener el dominio total de todas las cosas que ahí estaban. Esto se puede observar en el libro de Génesis 1:28:

    “Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra”

    En otro orden de ideas, el vocablo “machal” hace alusión a la capacidad y autoridad que el Señor nos da para tener el control y el dominio, no sometiendo al otro por debajo nuestro sino atrayendo y estimulando a nuestro prójimo para que desee venir a donde nos encontramos nosotros, es decir, que el machal  no se da por la fuerza sino por la influencia que tengamos hacia el otro.

    Por esta razón, el Señor nos colocó en los lugares celestiales, para que al tener una forma de vida superior y teniendo un espíritu distinto y un estilo de vida con otro tipo de naturaleza pudiéramos causar un impacto e inspirar a los demás.

    Se trata de impulsar a las personas a que tengan ese ímpetu de querer llegar donde estoy y vivir una vida plena, donde se tiene el dominio, sin necesidad de hacerles sentir que soy superior o que estoy en otro nivel.

    Por el contrario el machal provoca o causa ánimo para que los demás puedan acceder a ese espacio o sitio celestial en el cual se está en ese momento.

    De esta manera cuando Adán estaba en el Edén, tenía el machal, el dominio sobre todo lo que estaba a su alrededor. Sin embargo, no tenía sobre todos su influencia, ya que este dominio o autoridad era sobre el sistema, pero no sobre las personas, ya que una cosa es estar bajo la autoridad y otra debajo de esa autoridad.

    Así que como creyentes debemos caminos bajo el dominio, autoridad o machal, pero nunca debajo de éste. Necesitamos manifestar dicho dominio pero no debemos ser dominados ni manipulados, sino que debemos sentirnos inspirados, influenciados de atraer a las personas y de conquistar esos lugares celestiales que perdimos cuando Adán pecó contra Dios. Así que debemos recuperar nuestra posición en el Edén.

    3 Principios fundamentales para operar en los lugares celestes

    Tal como se expuso anteriormente, Adán fue puesto en el jardín del Edén por Dios, y la biblia nos muestra que era un lugar celestial, bueno, donde el hombre tenía dominio sobre todas las cosas. Para entender la manera en la que debemos operar en estos lugares debemos tomar en cuenta los siguientes principios:

    1.- Primer principio

    Operar en lugares celestiales representa una dimensión superior. Por lo cual en el diseño de la creación, Dios ordenó que lo de arriba  gobierne a lo que está debajo, así que Jesucristo nos ordenó que lo que proviene del cielo es mayor que todo.

    Dios estableció un orden en el momento es que hizo su creación natural, primero formó los cielos y la tierra. Colocó estrellas mayores como el sol, la luna y las estrellas para éstas tuvieran influencia en la tierra en cuanto al clima, vientos, noche, día.

    En este sentido, lo que procede de arriba tiene dominio de lo que está abajo, y por eso puso al hombre en el Edén porque constituía un ámbito celestial que estaba por encima de la tierra.

    Sin embargo, una vez que el hombre es destituido del Edén se quedó en la tierra pero sin tener acceso al Edén, ya que perdió la conexión con el mundo espiritual y celestial. Pero a través de Jesucristo podemos acceder a estos lugares celestiales, tal como lo señala la palabra: “Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios” (Colosenses 3:1)

    De esta manera, no todo está perdido, ya que cuando Dios envió a su único hijo Jesucristo a morir por nosotros, nos dio la oportunidad de arrepentirnos y acceder al reino de los cielos.

    Así que nuestra realidad es que si aceptamos a Nuestro Señor Jesucristo en nuestro corazón, debemos enfocarnos en las cosas de arriba, ya que somos celestiales y hemos recuperado nuestra posición en el Edén, aquella que habíamos perdido por la desobediencia.

    Por esta razón, debemos tener presente que este primer principio nos hace reflexionar y aceptar que lo que arriba domina a este mundo y que nosotros debemos sujetarnos a eso, para así recuperar nuestra posición en Edén.

    Nuestra mente debe estar puesta en las cosas de arriba y eso revela tu posición superior de dominio, ya que lo terrenal no ha sido creado para que gobierne lo terrenal y no se resuelve de forma, sino celestial.

    2.- Segundo principio

    Estar en Edén implica estar en una naturaleza distinta a lo que se gobierna. Cuando Adán pecó contra Dios, adoptó una naturaleza pecaminosa inferior y para que Dios recupere su diseño original y que podamos operar en  el ámbito celestial, él nos tuvo que dar su naturaleza divina. Por lo cual la biblia nos señala que somos participantes de la naturaleza divina:

     “por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia” (1 Pedro 1:4)

    El interrogante que puede surgir es el por qué dentro de este ámbito no se puede tener acceso ni dominio con la naturaleza pecaminosa, ni la humana.  En la biblia se hace referencia a esta interrogante resaltando que lo terrenal, carnal y humano, no puede acceder al reino de los cielos, a lo espiritual:

    “Porque los que viven conforme a la carne, ponen la mente en las cosas de la carne, pero los que viven conforme al Espíritu, en las cosas del Espíritu” (Romanos 8:5-8)

    En este sentido, es importante que como creyentes nos enfoquemos en el ámbito espiritual y dejemos los deseos carnales atrás. De esta manera podemos ser bendecidos al tener acceso a los lugares celestiales donde estamos recuperando nuestra posición en el Edén y recuperando a su vez, el dominio de las cosas y de las personas para que puedan verse influenciadas y reciban las bendiciones de Dios.

    3.- Tercer principio

    Este tercer principio tiene que ver con la posición de bendición que ocupa al estar en los lugares celestes. La palabra nos enseña en el libro Génesis 1:28 que Adán fue puesto allí para ser bendecido por Dios: “Y los bendijo Dios,  y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra”

    De esta manera que los lugares celestiales nos colocan en una posición de bendición, y esto no solo se observa al principio de la biblia, sino que la podemos ver en diferentes pasajes bíblicos:

     “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor JesuCristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo” (Efesios 1:3)

    De esta manera, a través de nuestro Señor Jesucristo podemos acceder a los lugares celestiales y tener dominio sobre los demás. Esto resulta ser de gran bendición en nuestra vida porque nos coloca en una posición superior, donde podemos ser de gran influencia para nuestro prójimo.

    Puedes leer: Recibiendo las bendiciones de Dios - 5 Aspectos Importantes

    Anuncios

    Deja una respuesta

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

    Subir