Recuperando la fertilidad según la biblia

Recuperando la fertilidad a la luz de la palabra de Dios es recuperar la promesa que encontramos allí donde somos llamados a multiplicar nuestra descendencia. Tal como se señala en el siguiente pasaje:

“de cierto te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar; y tu descendencia poseerá las puertas de sus enemigos” (Génesis 22:17) La vida tiene un carácter sagrado y en el momento en el que el óvulo y el esperma humanos se unen, se crea un ser genético único.

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En este sentido, el ser humano tiene la mitad de su identidad genética de su madre biológica y la otra mitad proviene de su padre biológico. Todo ser creado es a la imagen y semejanza de Dios y tiene un valor incalculable por el Señor, tal como lo revela la palabra:  “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó” (Génesis 1:27)

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    Recuperando la fertilidad según la biblia

    De la misma forma en la que la procreación es parte del ideal bíblico para la familia, pasa lo mismo con el matrimonio monógamo. El apóstol Pablo fue muy coherente con respecto a este ideal cuando citó el Génesis en sus instrucciones acerca de la familia en el libro de Efesios: "Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne" (Efesios 5:31).

    De esta forma, el ideal del Señor para la familia es un hombre, una mujer, en un tipo de unión de una carne para toda la vida. Sin embargo las familias siempre han sido golpeadas por el adulterio, divorcio o la muerte.

    El ideal de la familia debe ser preservado y practicado para el bienestar de la familia, incluso cuando se consideran las tecnologías reproductivas.

    Hay que resaltar que existen tecnologías reproductivas que están en detrimento de los preceptos que establece Dios en su palabra con respecto a la familia, y puede traer dificultades y consecuencias.

    Una de estas nuevas prácticas está fuera del diseño que Dios quiere para nuestra familia. La maternidad de alquiler es una de las tecnologías reproductivas más polémicas, ya que se opone a la estructura "nuclear" de lo que significa familia.

    Con esta técnica se está colocando una tercera persona en el núcleo de la familia, ya que se inmiscuye en la relación procreadora y altera la estructura establecida divinamente de la familia.

    Por otro lado, existen otras prácticas reproductivas como la donación de óvulos y la inseminación artificial utilizando esperma de un donante que también violan el ideal del Señor para la familia, cuando se crea un hijo que resulta de la unión del esposo o esposa con otra persona fuera del matrimonio.

    En el caso de la adopción, ésta es una forma de redención porque se está salvando a un niño o niña del abandono y el desamor. Sin embargo también existen desafíos que pueden ser traumáticos y puede traer problemas legales o de otra índole.

     A diferencia de la adopción, que "salva" a un niño que de otra forma no tendría una familia, estos arreglos crean una situación en la que los padres no están relacionados por igual con el niño que traen al mundo, justamente para estos propósitos. También exponen a los niños y a los adultos a desafíos intensamente traumáticos, tanto legales como de otra índole.

    ¿Qué dice la biblia acerca de la infertilidad?

    Cuando se van a tomar decisiones relacionadas con la procreación, los cristiano no solo deben hacer cuestionamientos tecnológicos sino teológicos, porque es de suma importancia seguir siempre la dirección de Dios.

    El hecho de que estas nuevas tecnologías reproductivas estén disponibles, no quiere decir que se puedan poner en práctica según el diseño de familia que nos muestra la biblia. Al respecto la palabra nos señala lo siguiente:

    “Todas las cosas me son lícitas, mas no todas convienen; todas las cosas me son lícitas, mas yo no me dejaré dominar de ninguna” (1 Corintios 6:12)

    En este sentido, como creyentes debemos estar atentos a las artimañas que el enemigo nos coloca en el mundo en el momento de nuestra desesperación, porque ciertamente todo puede estar disponible pero no por ello es lo que se debe hacer.

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    Ciertamente tener hijos es algo bueno y ser padres es una virtud, y desde el comienzo el Señor bendijo la procreación en el libro de Génesis 1:28: "Sean fructíferos y multiplíquense; llenen la tierra y sométanla".

    De la misma manera, encontramos en la biblia que el salmista señala lo siguiente: "Los hijos son una herencia del Señor, los frutos del vientre son una recompensa. Como flechas en las manos del guerrero son los hijos de la juventud. Dichosos los que llenan su aljaba con esta clase de flechas" (Salmos 127:3-5).

    También es importante señalar lo que dice el libro de Gálatas: "Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley, a fin de que fuéramos adoptados como hijos" (Gálatas 4:4, 5).

    En este sentido, el Señor escogió utilizar el proceso de procreación para traer a su Hijo al mundo mediante una virgen. Además, los niños tuvieron un lugar especial en el ministerio de Jesucristo:

    “Y llamando Jesús a un niño, lo puso en medio de ellos, y dijo: De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Así que, cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos. Y cualquiera que reciba en mi nombre a un niño como este, a mí me recibe” (Mateo 18:1-6)

    De igual forma, la relación del creyente con Dios se establece como una relación de padre e hijo: "El Espíritu mismo le asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios. Y si somos hijos, somos herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo . . ." (Romanos 8:16, 17).

    En otro orden de ideas, debemos comprender que el Señor el soberano, representa la autoridad total de nuestra vida, es nuestro dueño, quien hace como el quiere, cuando quiere y en su tiempo, el cual es perfecto.

    Al respecto la palabra del Señor señala lo siguiente:  “Pero a Ana daba una parte escogida; porque amaba a Ana, aunque Jehová no le había concedido tener hijos” (1 Samuel 1:5, 6).

    Queda claro que los hijos son una bendición del Señor, pero él es quien da la provisión de tenerlos, y esto resulta ser un misterio divino conforme a su voluntad y al propósito que tiene con cada uno de sus hijos.

    Al respecto el apóstol Santiago alerta a los cristianos a no ser presumidos con relación a su vida. Así que en lugar de seguir nuestros propios deseos, sin dirección, se nos enseña: "Más bien, debieran decir: Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello" (Santiago 4:15).

    La predestinación del Señor no debería ser una realidad oscura y nefasta para los creyentes. Dios como nuestro Padre, siempre tiene su propia gloria y él tiene un propósito para nosotros, por lo cual no debemos cuestionar su soberanía ni su perfecta voluntad en nuestra vida. Al respecto la palabra nos señala lo siguiente:

    "sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados" (Romanos 8:28).

    Dios puede obrar el bien mediante nuestras tragedias y nuestros traumas, ya que todas las cosas que acontecen es por causa de su propósito y es nuestra fe la que va a afianzar nuestra confianza en nuestro Señor porque es a través de ésta como podemos agradarle.

    Dios no se equivoca, su plan es perfecto aunque no comprendamos humanamente sus preceptos, porque él obra de forma sobrenatural y lo hace siempre con un propósito divino. Por esta razón, puede que la voluntad del Señor sea que una pareja no tenga hijas o quizás está probando tu fe y tu fidelidad, ya que debemos estar a los pies de Cristo aun cuando no se cumpla todo lo que queremos.

    Recupera la fertilidad con tu fe y fidelidad

    Resulta desalentador que una pareja no pueda concebir hijos, pero debes afianzarte en la roca que es Cristo y permanecer en la fe para que recuperes tu fertilidad porque ciertamente el Señor escucha tus peticiones y conoce tu corazón.

    Por otro lado, la voluntad del Señor podría ser llevar a la pareja mediante la experiencia de la infertilidad antes de que puedan concebir. Estas pruebas que Dios nos pone en la vida constituyen un aliento para acercarnos más a la presencia de él y a buscarlo cada día.

    Recuperando la fertilidad
    Recuperando la fertilidad

    En la biblia, encontramos a un personaje que tuvo que pasar por esta prueba de infertilidad. Ana era una mujer infértil que quería tener un hijo.

    Estaba sumida en la depresión y por eso oró de forma tan intensa que el sacerdote pensó que estaba ebria, a lo que Ana respondió a su alegación diciendo:

    "Yo soy una mujer atribulada de espíritu; no he bebido vino ni sidra, sino que he derramado mi alma delante de Jehová". (1 Samuel 1:11-15).

    Al pasar el tiempo, Ana pudo concebir y tuvo un hijo que llamó Samuel que en hebreo significa "oído de Dios".

    Así que el Señor escuchó las oraciones de su sierva porque él no rechaza a un corazón contrito y humillado que venga a su presencia. Por otro lado encontramos el caso de Saray, la mujer de Abraham, quien era estéril. En este primer libro de la biblia aparece la primera solución a la infertilidad en forma de maternidad subrrogada o vientre de alquiler:

    “Saray, mujer de Abraham, no le había dado hijos; pero tenía una esclava egipcia, de nombre Agar: Ya ves que Yahveh me ha hecho estéril: llégate, pues, a mi esclava; quizás yo obtenga hijos de ella. Tomó Saray, mujer de Abraham, a la egipcia Agar, su esclava, y se la dio por mujer a su marido, Abraham. Se llegó él a Agar, que concibió.” (Génesis 16-1)

    En esta cita se puede observar que Saray al ver que no podía concebir, confió más en las posibilidades humanas y por eso le dio a la esclava por mujer a su esposo que ya era bastante mayor, y efectivamente pudo concebir:

    "Agar dio a luz un hijo a Abraham, y éste llamó Ismael al hijo que le había dado Agar. Tenía Abraham 86 años cuando Agar le dio a Ismael" (Géneis 16-16)

    De acuerdo a las leyes de Mesopotamia, el hijo de la esclava era considerado como hijo de la esposa estéril. Pero Saray sintió celos de su esclava y se sentía muy mal por no poder tener sus propios hijos, es decir, que su solución humana no la alejó de su tristeza, y ante esto Dios se manifestó:

    “Yaveh dijó entonces a Abraham: Dentro de un año estaré aquí de vuelta y para entonces Saray, tu mujer, tendrá un hijo. Saray estaba de espaldas, escuchando detrás de la puerta de la tienda. Abraham y Saray ya eran ancianos, entrados en años y a Saray se le había retirado la regla. Rióse, pues, Saray en su interior, pensando: ¿Voy a conocer yo el placer, ahora que estoy desgastada y con un marido viejo?” (Génesis 18-10)

    Ante esta promesa Saray seguía dudando del poder de Dios porque veía su realidad, en la cual su esposo ya estaba mayor y ella era estéril. Pero finalmente la palabra se cumplió y ella pudo concebir a un hijo a quien le puso por nombre Isaac.

    Luego de 40 años Isaac tomó por esposa a Rebeca quien también era infértil. Así que Dios nuevamente intercedió e hizo su milagro en la vida de esta pareja. Tal como se señala en la palabra:

    “Era Isaac de 60 años cuando rogó a yaveh por su mujer que era estéril. Le escuchó Yaveh y rebeca, su mujer, concibió. Pero los hijos se entrechocaban en su seno, y ella decía: Siendo así, ¿para qué vivir?. Cuando se cumplieron los días del alumbramiento, resulto que había dos mellizos en su seno.” (Génesis 25-21)

    En este sentido, cuando una pareja es infértil no debe desesperarse a tomar decisiones apresuradas sin la dirección de Dios. Si es la voluntad del Señor, él se manifestará conforme a su misericordia.

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