El Pecado Contra el Espíritu Santo. 4 Maneras de Evitarlo

El pecado contra el Espíritu Santo es la única ofensa que Dios no perdona. Quien peca contra el Espíritu Santo es reo de muerte eterna ante Dios. Muchas veces caemos en esta situación consciente o inconscientemente, sin saber las consecuencias que estamos acarreado por ello.

Hoy vamos a entender esta verdad que va a transformar nuestra óptica sobre el Espíritu Santo y a aprender a rendirle la gloria debida a su nombre. Veamos como evitar el pecado contra el Espíritu Santo:

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    ¿Quién es el Espíritu Santo?

    El Espíritu Santo es la tercera persona de la Trinidad, es Dios verdadero y eterno junto con el Padre y el Hijo, que merece la misma adoración que el Padre y el Hijo (1 Jn 5.7). Fue el que ordenó la creación tal y como la conocemos (Ge 1.2): De la misma gloria y jerarquía que el Padre y el Hijo, es en funciones la tercera persona de la Trinidad.

    Él convence al mundo de pecado, refrenándolo de una perversión total. De justicia, porque les atestigua de la obra de Cristo y de los riesgos de no aceptarle como Salvador; y de juicio, porque nos enseña que Satanás ha sido juzgado, nuestro Señor Jesucristo ascendió a los cielos y desde allí ha de venir a juzgar a todo el universo, incluyendo a Satanás y sus demonios, a los vivos y a los muertos (Jn 16.7-11).

    El Pecado Contra el Espíritu Santo. 4 Maneras de Evitarlo

    De tal manera que la obra del Espíritu Santo en el mundo viene a ser crucial en el desarrollo de la moral, refrenando el pecado de uno contra otro en la tierra y evitando el caos que viviera la humanidad sin su presencia  en la sociedad.

    El Espíritu Santo permite el desarrollo de la ciencia, las artes y las leyes que rigen este mundo para el bien común. Es el preservador del orden y la justicia desde siempre en el mundo.

    La presencia del Espíritu Santo regula los tiempos de la venida del Señor Jesucristo para el juicio universal final. Mientras el Espíritu Santo no sea quitado del mundo, el juicio de Dios esperará por su momento adecuado.

    Dice la Biblia que el día del juicio final el Espíritu Santo será quitado y entonces la ira de Dios se derramará sin misericordia y de manera implacable sobre este universo que no aceptó la obra del Espíritu Santo y blasfemó de él.

    El Espíritu Santo es quien infunde la fe en el creyente, el don de creer, y confesar la obra de Cristo por nosotros,  y a diferencia del mundo, esta fe en el creyente le hace partícipe de todos los beneficios que recibimos de la obra de Jesucristo a favor de los creyentes.

    El perdón de pecados, la justicia perfecta y la vida eterna en Cristo, beneficios que solo pueden aprovecharse a través de la fe que infunde el Espíritu Santo en nosotros.

    El Espíritu Santo nos consuela, entendiendo como consuelo, no como un acto de conmiseración con la persona que sufre tribulación, sino como el proceso de razonamiento mediante el cual obtenemos algo positivo de una circunstancia negativa, y que ese algo positivo nos produzca la fuerza y la firmeza para seguir adelante aún en medio de tales dificultades. Somos capacitados por el Espíritu Santo para el ejercicio de nuestros dones y talentos tanto en la iglesia como en la sociedad, y va a morar con nosotros eternamente.

    ¿Cuál es el pecado contra el Espíritu Santo?

    El pecado contra el Espíritu Santo es la blasfemia. Tomemos la palabra blasfemar como difamar o injuriar, en este caso los que difaman, injurian o hablas despectivamente de Dios o de lo sagrado. Dice la Biblia que cuando Cristo estaba en la cruz la gente le injuriaba blasfemando de él (Mr 15.29; Lc 23.39).

    El Señor Jesucristo habló de la blasfemia contra el Espíritu Santo como El pecado contra el Espíritu Santo que es imperdonable. Y lo dijo en la ocasión en que echaba un demonio de un muchacho (Mat 12.22-30; Mr 3.20-30).

    Después de haber sanado al muchacho, los fariseos dijeron que Jesús echaba demonios por el poder de Beelzebú, el príncipe de los demonios, y después de refutar la posición de ellos, les advirtió diciendo que todos los pecados que el hombre pudiese cometer les serán perdonados, pero el pecado contra el Espíritu Santo, la blasfemia contra éste, jamás sería perdonado, y la razón era porque no se puede atribuir que las obras de Dios son hechas por Satanás o sus demonios.

    Esta afirmación no tiene perdón en esta vida ni en la venidera (Mat 12.31-32). El evangelista Marcos cierra el episodio diciendo que Jesús había pronunciado estas palabras porque ellos habían dicho que tenía un espíritu inmundo, y que por el poder de ese espíritu podía echar otros demonios (Mr 3.30).

    ¿Cómo se peca contra el Espíritu Santo?

    Se peca por medio de blasfemar contra él. Blasfemar  es injuriar o hablar mal de alguien. Se habla de manera calumniadora y con la intención de difamación. Así hablaron los judíos de Jesús cuando estaba en la cruz (Mat 27.39). También se blasfema cuando se habla mal de lo que es sagrado (Rom 2.24). Ambas cosas ocurren cuando se comete blasfemia contra el Espíritu Santo, el único pecado imperdonable.

    El pecado contra el Espíritu Santo consiste en atribuir sus obras a los demonios. en el caso de Jesús  (Mar 3.20-30), los judíos dijeron que Jesús echaba demonios porque tenía un espíritu inmundo y por el poder de esos espíritus, obviando el hecho de que Jesús fue engendrado por el Espíritu Santo, y que sus milagros los hacía por el poder del Espíritu Santo, y que su vida era regida totalmente por el Espíritu Santo.

    El punto de los judíos era desprestigiar la persona y la obra de Jesús, lo cual constituye la blasfemia contra el pecado contra el Espíritu Santo, el único imperdonable.

    ¿Porqué es tan crucial el pecado contra el Espíritu Santo?

    Porque niega la obra del Espíritu Santo en nosotros, y negar al Espíritu Santo es negar a Dios.

    Negar la obra del Espíritu Santo es negar a Dios en todos sus aspectos. Negar su persona y su obra en nosotros. Los actos de creación, redención, santificación y glorificación quedan eliminados de facto, cuando negamos la obra del Espíritu Santo.

    Hoy en día encontramos diversas teorías mal llamadas científicas que intentan demostrar una creación sin Dios, dicen que  aunque  faltan eslabones para ser probadas científicamente, nunca consiguen llenar esos vacíos, sin comprender que son científicamente imposibles. Sin embargo, la sociedad prefiere creer en dichas teorías de la creación con tal de negar la obra de Dios.

    Otra parte ha sido desde el principio negar la deidad de Jesucristo, negar que en Jesús tenía dos naturalezas en una sola persona: la naturaleza humana y la naturaleza divina, para lo cual se inventaros en el pasado diversas teorías, cada una mas ocurrente y dispersa que otras.  Hoy en día la nueva era dice que cada religión es parte de un camino para alcanzar a Dios.

    Se adquieren varios métodos de las religiones orientales para alcanzar la santidad y la paz espiritual.. Los extraterrestres forman parte de esta fauna existencial que intenta vivir sin la presencia de Dios en el mundo, obviando que el Señor Jesucristo dijo que él era el camino, y la verdad y la vida; y que nadie podía ir al Padre sino era a través de él.

    Porque demuestra una condición espiritual deplorable.

    La enseñanza de nuestro Señor Jesucristo con respecto a lo que es el pecado contra el Espíritu Santo, nos dice que estas  personas tienen influencias satánicas  para negar las cosas evidentes que son producto del consejo eterno de Dios. Ellas están demostrando ceguera espiritual, y una condición privada del conocimiento y la luz divina, y por lo tanto irremediable.

    No se trata de negar la obra de Dios en un momento de duda e incertidumbre. Se trata de una actitud rebelde, obstinada y constante en cuánto a reconocer a dios en todos sus actos, nunca se van a doblegar ante él ni le van a dar la gloria por eso.

    Esta actitud puede venir disfrazada de intelectualismo, ciencia, humanismo u otras religiones, pero en el fondo tienen una misma motivación, negar a Dios en todos sus actos de creación, redención, santificación y glorificación y ser rebeldes ante su sabio  consejo, su amor paternal y su voluntad sobre nosotros para escoger andar en nuestros propios caminos y con nuestros propios pecados y miserias. Este es el verdadero satanismo influyendo en tales personas.

    Así podemos ver que el pecado contra el Espíritu Santo es el único imperdonable, y digno de la condenación eterna de Dios hacia quien lo practica.

    ¿Cómo debemos comportarnos para no caer en el Pecado Contra el Espíritu Santo?

    Para evitar el pecado contra el Espíritu santo, no hablaremos de restricciones, sino de las valoraciones positivas que debemos adaptar en nuestro comportamiento cotidiano y que nos ayudará a erradicar cualquier intento de nuestro corazón de caer en el  pecado contra el Espíritu santo. Veamos 4 cosas que debemos tener en cuenta para evitar el pecado contra el Espíritu santo:

    1.- Reconocer a Dios en la obra de su creación.

    El Salmo 19.1 dice que los cielos cuentan de la gloria del Señor, y el firmamento muestra la obra de sus manos. La creación misma muestra en su carácter la mano del Creador. Una creación gloriosa e infinita, llena de sabiduría y propósitos, es la que podemos contemplar en cada amanecer, en las imágenes hermosas del universo de nuestro planeta y de su naturaleza, fauna y flora.

    Cada cosa creada da muestra del poder y la sabiduría de Dios, aún el ser humano en lo más intimo de su cuerpo. La perfección de la creación habla de lo perfecto de su Hacedor. No podemos evitar contemplar el universo y alabar a Dios por la grandeza de su obra

    en la creación. Esta revelación está dada a todos los hombres y no hay excusas en ellos para negar a Dios en sus obras (Ro 1.20)

    2.- Reconocer la Obra de Jesucristo en nuestra redención.

    No podemos considerar a Dios sin considerarnos a nosotros mismos, y no podemos considerarnos a nosotros mismos sin considerar a Dios. somos la cúspide de la creación de Dios, hechos buenos y perfectos para vivir ante él, para ser amados por él y darle la gloria por ello, amando por obediencia y obedeciendo por amor. Pero nuestros padres Adán y Eva no lo entendieron así, y se rebelaron ante Dios, siendo echados de su presencia y corrompiendo en sí mismo su naturaleza (Gen Cap. 3).

    Por lo tanto somos eslavos del pecados y reos de condenación. Pero Dios en su amor infinito por nosotros envió a su Hijo Jesucristo a cumplir la obediencia que nosotros no pudimos y a morir por nuestros pecados en la cruz, pagando con su muerte por cada uno de ellos.

    Este hecho trascendente nos debe llevar a confesarle como nuestro Señor y Salvador y abrazar estos beneficios de su crucifixión con la  fe de que también son aplicables a cada uno de nosotros personalmente.

    Por eso somos llamados a confesar con nuestra boca que Jesucristo es el Señor y creer en nuestro corazón que Dios le levantó de los muertos, como confesión de fe para nuestra salvación y reconciliación con Dios (Ro 10.9-10).

    Así, reconociendo la obra de Jesucristo por nosotros evitamos el pecado contra el Espíritu Santo.

    3.- Reconocer la obra del Espíritu Santo y nuestra santificación.

    El apóstol Pablo en su carta a los Corintios asegura que quien confiesa a Cristo como su Salvador y le acepta como su Señor, recibe la presencia y compañía del Espíritu Santo (1 Co 6.17) .

    El Espíritu Santo en la vida del creyente le conduce a toda la verdad. Le infunde la fe para apropiarse de todos los beneficios de la obra de Cristo, le ilumina para la comprensión de la Palabra de Dios y le guía en su cumplimiento. Le lleva a la comunión con los otros creyentes, le da la convicción de que el hijo de Dios  y le asegura la promesa de la vida eterna. No hay ninguna manera de negar la obra del Espíritu santo en el creyente.

    Debemos experimentar y disfrutar esta obra en cada acto de nuestras vidas como manera de ahuyentar de nuestras personas la posibilidad de cometer el pecado contra el Espíritu Santo.

    4.- Poner nuestra mirada en el futuro, en el glorioso regreso de nuestro Señor Jesucristo para reunir a su pueblo eternamente en la gloria.

    Debemos reconocer los acontecimientos del futuro como el designio de Dios para con su creación y no como un cúmulo de circunstancias que desembocan en nuevas situaciones como consecuencia de esas causas primarias. La historia de la humanidad es un designio divino que va inevitablemente a su destino cumpliendo con lo que Dios ha determinado para ella.

    Dios nos ha dicho de donde venimos, qué somos y adónde vamos. Y vamos a su presencia. El Espíritu Santo nos revela a través de la Biblia que estamos a la espera del regreso glorioso de Jesucristo, que  vendrá a reunir a su pueblo para vivir eternamente en la presencia de su gloria.

    Él da testimonio a nuestro espíritu de esta gloriosa verdad, que tanto los que estemos vivos  como los que hayamos muerto con la convicción de ser hijos de Dios destinados para la vida eterna, vamos a ser transformados en cuerpos glorificados para vivir eternamente con nuestro Dios en la gloria.

    Esto ha de producir en cada creyente la suficiente fortaleza, motivación y confianza para vivir un vida agradable al Espíritu Santo , rindiéndole la gloria y el honor en cada acto de nuestras vidas desde ahora y para siempre.

    Así, evitaremos cometer el peor de los pecados. El pecado contra el Espíritu Santo.

    Hermanos, no dejemos guiar nuestras vidas por las circunstancias inmediatas, ni atribuyamos las obras de Dios a quien no lo merece. No cambiemos lo establecido por lo circunstancial. Dios es Dios en todo el universo, y toda obra de bendición se debe única y exclusivamente a él. Nos seamos rebeldes, ciegos ni obtusos para negar lo evidente. Rindamos con nuestra vida la gloria que Dios merece, y así evitaremos para siempre el pecado contra  Espíritu santo. ¡Dios nos guíe! Amén.

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