La paz del Señor - Qué significado tiene en nuestra vida

La paz del Señor es la que todo creyente desea tener en su vida, donde a pesar de la tormenta se puede tener calma y confianza de que Dios tiene el control de todas las cosas y de que cada situación conflictiva que podamos atravesar nos ayuda a nuestro crecimiento espiritual y personal porque somos hijos de Dios, y él nos cuida.

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    La paz del Señor – Qué significa

    La paz del Señor se obtiene cuando sabemos el poder que tiene Dios de controlar las situaciones adversas, porque en la medida en que lo conocemos, confiamos más en él.

    Pero cómo podemos conocer al Señor, lo conocemos en la medida en que escudriñamos las escrituras, donde el testimonio de los personajes bíblicos nos revelan las maravillas y el poder de Dios para controlar las situaciones, hacer milagros en la vida de sus hijos y cumplir su propósito.

    Por otro lado, es importante desear la paz al prójimo, ya que uno de los mandatos que nos dejó Nuestro Señor Jesucristo cuando vino a este mundo, fue el de amar a nuestro prójimo, y una de las maneras de demostrar ese amor es orar por nuestros hermanos espirituales y desearles la paz del Señor, la cual sobrepasa todo entendimiento.

    De esta manera, estaremos cumpliendo la voluntad del Señor. Además cuando expresas tu amor mediante las oraciones, ese amor es retribuido en tu vida. Cuando Jesucristo vino en la tierra, nos dio un excelente ejemplo de amor, misericordia y tolerancia, ya que a pesar de los malos tratos, cumplió el plan divino y se entregó por nosotros. Además oró para que Dios los perdonara por lo que habían hecho.

    Cuando deseamos la paz del Señor, estamos además mostrando que Cristo siempre nos da la oportunidad del perdón y de poder tener la serenidad de su presencia en nuestra vida. Al respecto la palabra nos dice lo siguiente:

    “En efecto, el que quiera amar la vida y gozar de días felices, que refrene su lengua de hablar el mal y sus labios de proferir engaños; que se aparte del mal y haga el bien; que busque la paz y la siga.”  (Pedro 3:10-11)

    Cuando deseamos la paz a nuestro prójimo, estamos haciendo el bien, pero debemos hacerlo de corazón, porque es allí donde podemos dejar salir lo que sentimos.

    Ciertamente Dios conoce todo de nosotros y él escudriña nuestro corazón, sabe lo bueno y lo malo de nosotros. Así que la palabra nos invita a orar de la siguiente manera:

    “El Señor te bendiga y te guarde; el Señor te mire con agrado y te extienda su amor; el Señor te muestre su favor y te conceda la paz.” (Números 6:24-26)

    Cuando oramos pidiendo la paz del Señor, estamos revelando que somos hijos verdaderos de Dios, que estamos cumpliendo su voluntad.

     ¿Dónde podemos encontrar la verdadera paz?

    La Biblia señala que esta paz proviene únicamente de nuestro creador, y todos los que la buscan con fe, pueden disfrutar de esa paz que sobre pasa todo entendimiento, tal como lo apreciamos en la palabra:

    “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4:6-7)

    De esta manera el Señor siempre nos está animando para que conozcamos lo maravilloso que es tener paz en la tormenta. Nos muestra la manera en la que podemos descansar en él y confiar plenamente en que él obrará en su tiempo a nuestro favor.

    Sin duda alguna, la paz del Señor supera todo pensamiento y guarda nuestro corazón y pensamiento a través del Jesucristo, quien nos enseñó en sus evangelios que podemos tener paz en medio de la tormenta:

    “El les dijo: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe? Entonces, levantándose, reprendió a los vientos y al mar; y se hizo grande bonanza. Y los hombres se maravillaron, diciendo: ¿Qué hombre es éste, que aun los vientos y el mar le obedecen?” (Mateo 8: 26-27)

    La paz del Señor solo procede de él y nadie puede alcanzarla por sus propias fuerzas. Además es muy poderosa y supera todos nuestros malos pensamientos, angustia, temores, porque en nuestro interior sabemos que la Presencia de Dios estará siempre presente en cada una de las adversidades que se nos presenten.

    La paz del Señor
    La paz del Señor

    De esta manera esa paz es sobrenatural, por eso muy pocos la entienden y en muchos casos señalan y juzgan a la persona que puede controlar sus emociones y tener paz en medio de situaciones muy difíciles.

    Esta es una de las promesas que Jesucristo nos hizo cuando estuvo en este mundo, ya que nos enseñó a confiar en él y a tener la confianza de que él cuida a sus hijos.

    Por eso nos dejó su paz, la cual él solo puede dar, tal como lo afirma la palabra: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo” (Juan 14:27)

    En esta cita tenemos esta hermosa promesa de Cristo, quien nos dio su paz para que confiemos plenamente en el Señor y no nos dejemos perturbar por los conflictos que se nos presenten en la vida. Pero esta paz, no es como la que conocemos, que depende de muchos factores, la paz del Señor solo depende de él y debemos estar dispuestos a aceptarla en nuestro corazón.

    Ciertamente los problemas no van a desaparecer porque son parte de la vida misma, de este mundo lleno de maldad y calamidad. Pero cuando tenemos la certeza de quién es nuestro Padre Celestial, podemos comprender que él nos cuidará como lo hace con toda su creación.

    Somos humanos y tenemos emociones, sentimientos, cometemos errores, pero si te dejas guiar por el Espíritu Santo, correrán ríos de agua viva, limpiando todo y renovando tu fe y esperanza.

     Esta es otra de las promesas en las que debemos aferrarnos: “El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva” (Juan 7:38)

    La paz del Señor nos resguarda la mente y el corazón

    La paz del Señor, tal como se dijo anteriormente solamente proviene de él. No podemos tener paz, alejados del Señor porque su paz es diferente a la del mundo porque no depende de factores externos.

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    En este sentido, la paz del Señor es aquella que proviene de Dios para darnos la certeza de que él obrará en medio de todos nuestros problemas, aflicciones, necesidades, desolación. Pero esta paz es sobrenatural, no se puede explicar, y muchas veces el hombre incrédulo no logra entender.

    La paz del Señor interviene en nuestra vida como nuestro guardián, ya que nos resguarda, guía y nos da seguridad, contra todas nuestras preocupaciones provenientes muchas veces de nuestro afán por las cosas materiales.

    En la actualidad, existen muchas personas que le dan mucha importancia al hecho de tener dinero y se afanan por sus finanzas hasta el punto de que pierden la paz, pensando solo en eso.

    Dios controla nuestras finanzas y si entendemos eso, podemos tener la paz del Señor aunque no tengamos riquezas materiales, ya que lo más importante es tener la riqueza espiritual que nos va a asegurar el acceso al reino de los cielos. Al respecto la biblia dice lo siguiente:

     “Un simple amador de la plata no estará satisfecho con plata, ni ningún amador de la riqueza con los ingresos” (Eclesiastés 5:10-12)

    Esta cita nos muestra que cuando una persona confía más en el dinero que en Dios, nunca estará conforme y complacido con lo que tiene porque siempre va a querer tener más y la ambición se puede apoderar de él y de su alma.

    Esto genera estrés, ansiedad y perturba la mente y el corazón de las personas y muestra que en realidad la fe en Dios no existe porque no se ha puesto la confianza en el Señor. Por esta razón Dios nos demanda a que busquemos primero el reino de los cielos y él nos dará todo lo que necesitamos por añadidura, tal como lo revela la palabra:

    “Mas buscad primeramente el Reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:33)

    Esta cita nos revela que en la medida en que tengo la certeza de que Dios me va a proveer de todo lo necesario, que puedo confiar plenamente en él y en esta maravillosa promesa, puede tener paz en el corazón y en la mente.

    No se trata de que te quedes de manos cruzadas, esperando a que Dios resuelva todos tus problemas. Debes ser diligente, esforzado y valiente. El Señor ve tu corazón y tu buena disposición y por eso te recompensa, solo debes buscarlo cada día y poner todo en sus manos.

    Cómo puedo conseguir la paz del Señor

    En el libro de Filipenses 4:4-5 de las Sagradas Escrituras, nos señala la manera en la que podemos obtener la paz del Señor: “Siempre regocíjense en el Señor. Una vez más diré: ¡Regocíjense! Llegue a ser conocido de todos los hombres lo razonables que son ustedes. El Señor está cerca”.

    Esta palabra hace referencia a Pablo, quien escribió este mensaje mientras se encontraba estaba injustamente encarcelado. Pero en vez de lamentarse por su situación, le dio ánimo a sus hermanos cristianos a que sintieran regocijo en el Señor.

    Con esta actitud y disposición de Pablo, nos está enseñando que la felicidad no depende de nuestras circunstancias, sino de la relación que tengamos con Dios. Pero ¿cómo se puede hacer eso? ¿Cómo es posible tener disposición en medio de los problemas? La respuesta está en Cristo.

    Primeramente debemos buscar a Dios con todo nuestro corazón pero también debemos accionar y disponernos a servirle con la mejor actitud porque la fe sin obra es muerta.

    Por otro lado Pablo menciona al final del pasaje anteriormente citado que “El Señor está cerca” para recordarnos el día en que Dios vendrá a establecer su reino.

    También nos quiere decir que el Señor siempre está presente en la vida de cada uno de sus hijos y como tales debemos recordar que está ahí con nosotros. De esta manera tendremos la paz que tanto anhelamos y nos regocijaremos en su presencia.

    La paz del Señor es producto de la oración

    Al analizar las citas bíblicas anteriores y las enseñanzas que Dios nos da a través de Pablo, podemos afirmar que la paz del Señor se logra con la oración porque de esta forma nos comunicamos con él.

    Y esta comunicación es completamente real, como aquella que tiene un niño con su padre, es decir es una relación muy estrecha, donde la persona puede hablar de sus tristezas y de sus alegrías.

    De igual forma obtenemos la paz del Señor con pensamientos positivos y agradables; al instruirnos con la palabra, recibiendo los buenos consejos de nuestro Señor y sus enseñanzas que nos permiten conocerlo y sentirlo en nuestra vida.

    Cuando una persona hace lo correcto delante de los ojos del Señor, tiene una conciencia tranquila, y eso trae paz porque el temor se aleja. Quien hace lo bueno, no tiene nada que temer y eso nos da serenidad. Sin embargo, debemos recordar que no es por nuestras propias fuerzas que logramos la paz del Señor, sino es a través de su presencia en nuestra vida.

    En este sentido, todos podemos sentir la paz del Señor en nuestro ser, porque se la da a aquellos que le buscan y cumplen su voluntad. Pero antes debemos conocerlo realmente, y para ello es necesario que oremos, leamos la palabra, ayunemos, adoremos y alabemos a Dios.

    A pesar de que no es fácil seguir la voluntad del Señor, nuestro esfuerzo es visto por Dios y ciertamente será recompensado y el carácter de Cristo se manifestará en nuestra vida.

    En este sentido, la Paz del Señor está en nuestro interior y produce a su vez un gozo porque sabemos que él está con nosotros peleando la buena batalla, la cual es espiritual y no carnal. El enemigo quiere perturbar tu paz porque sabe que eres un hijo de Dios. Por eso debemos velar y no permitir que nadie nos robe la paz del Señor.

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