No Abandones la Carrera. 4 Condiciones Para Mantenerse en Ella.

No abandones la carrera. La vida Cristiana es una aventura extrema de fe que comienza en el mismo momento que confiesas a Jesús como tu Señor y Salvador, y que tiene su meta final en el llamamiento de Dios hacia la vida eterna.

Siempre en el camino vamos a encontrar obstáculos, y debemos estar preparados para superarlos y terminar a buen término esta carrera. Aunque haya muchos que ya a abandonaron la carrera, tu sigue adelante. He aquí 4 condiciones que nos presenta el autor de la carta a los Hebreos (Heb 12.-12), que debes cumplir para que no abandones la carrera

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    1.- No abandones la carrera: Corre con el aliento de los héroes del pasado.

    El texto empieza diciendo que tenemos “una gran nube de testigos” (Heb 12.1a). Aquí el autor está tomando como imagen las carreras pedestres que se practicaban en el pasado en Grecia y que se extendieron a todo el mundo conocido.

    Puede decirse que es igual a la multitud que va al estadio a ver las carreras en las olimpiadas, por ejemplo. El sentido primario de la palabra “testigo” no solamente es el que nos anima a través de la competencia, como el hincha del futbol, sino también es aquél que da fe de algo.

    No Abandones la Carrera. 4 Condiciones Para Mantenerse en Ella.

    No tanto los espectadores de nuestra carrera, sino como ejemplo de aquél que nos inspira por lo que ellos ya hicieron. No son ellos quienes tienen que mirarnos a nosotros, sino nosotros a ellos, para ser alentados y estimulados a seguir nuestra carrera.  Ellos son nuestro ejemplo a nuestra manera de correr.

    El capítulo 11 del libro de Hebreos nos habla de estos héroes de la fe. Allí  se nos hace un recorrido de estos héroes de la fe, de esta nube de testigos, desde Abel hasta los profetas y de cómo cada uno de ellos logró realizar grandes proezas a través de su fe.

    Eso es lo que nos muestra esta multitud que nos alienta a seguir la carrera que Dios no ha dispuesto hasta el día que la terminemos, bien sea con la partida de este mundo hacia el Padre, o con la venida de Jesucristo.

    En esta variedad de ejemplos se nos muestra las muchas maneras mediante la cual puede ser probada  nuestra fe. Ellos deben ser nuestra inspiración y nuestro aliento para no abandonar la carrera que tenemos por delante.

    Seguramente en tu vida habrá muchas maneras en las cuales tu fe será probada. Dios ha de utilizar sufrimientos y tribulaciones para que una vez probada nuestra fe, sea refinada como el oro y una vez encontrada, demostrará que es digna de aprobación, gloria y honor cuando Jesucristo se revele. (1 Pe 1.7)

    No abandones la carrera. No te desanimes. Aprende del testimonio de aquellos que han sido probados en su fe que nos habla del poder de Dios para sustentarnos, y para que te sirvan de aliento para seguir corriendo hasta la meta del llamamiento supremo.

    2.- No abandones la carrera: Corre despojándote de todo peso y del pecado.

    Despojarse de todo peso implica quitarnos algo de encima, no se trata de perder peso físico, sino de despojarnos de aquellos que cargamos y nos impide correr con soltura y agilidad la carrera. Nunca veremos correr a un atleta en el estadio con una bolsa de mercado en la mano y vestido de saco y corbata, y zapatos de cuero. El atleta llega al estadio, va a los vestidores, se quita todo este vestido y se coloca ropa ligera y zapatillas adecuadas para la carrera.

    Así, se nos pide que nos despojemos de todo peso. Las implicaciones son muchas y variadas para el mismo concepto: Debemos despojarnos de las cargas familiares no esenciales que nos impiden servir a nuestro Señor Jesucristo (Mat. 10.37-38).

    Despojarnos del peso de las preocupaciones vanas que producen las riquezas y los placeres de esta vida (Lc 8.14). Despojarnos de los apegos familiares obsesivos e innecesarios (Lc 9.59-62) De la avaricia y de los bienes materiales excesivamente innecesarios (Lc 18.22-25).

    Sin embargo, esto puede llevarnos a dos extremos excesivamente peligrosos: Uno es sentir desprecio por aquello que no sea exclusivamente espiritual. Eso nos llevaría a pecar porque despreciaríamos las cosas que Dios ha creado e instituido para nuestro beneficio.

    El otro extremo es llenarnos obsesivamente de cosas materiales, de compromisos laborales y sociales, de gustos y pasatiempos, de actividades y relaciones, y así olvidarnos del objetivo primario, que es correr la carrera que Dios ha dispuesto que corramos.

    Contrario a llenarnos de peso, es despojarnos de la preocupación por satisfacer los deseos  de nuestra naturaleza pecaminosa y revestirnos del Señor Jesucristo (Ro 13.14). Debemos despojarnos del peso de la ropa vieja de nuestra naturaleza y vestirnos de la nueva naturaleza, creada a la imagen de Jesucristo, en justicia y santidad de la verdad (Efe 4.22-24). Para vivir el resto de nuestros días terrenales no para satisfacer las pasiones humanas, sino para cumplir la voluntad de Dios (1 Pe 4.2)

    Como creyentes necesitamos despojarnos de enredos innecesarios. No quiere decir que vivamos en la miseria física y sin relaciones sociales, ni tampoco acumular mucho dinero en las cuentas, tener varias casas o ascender en nuestros trabajos.  Solamente debemos discernir entre compromisos legítimos y enredos innecesarios.

    Es necesario tener las prioridades correctas que nos permitan seguir la carrera para alcanzar la meta que Dios ha propuesto para nosotros.  Para seguir la carrera no podemos abandonar el estudio de la palabra de Dios, el congregarnos, ni la participación con nuestros hermanos en la expansión del reino de Dios.

    No abandones la carrera, escoge las prioridades correctas.

    Por otra parte, despojarnos del pecado que nos asedia, es algo aún más contundente e imperativo. Podemos reconocer y considerar las cosas legítimas de las cuales debemos despojarnos para seguir corriendo la carrera, pero con las cosas ilegítimas, que son pecados, debemos ser drásticos en desembarazarnos de ellas.

    Debemos reconocer los pecados por lo que verdaderamente son. Cuándo decimos “No voy al servicio porque no tengo dinero para las ofrendas” ¿Es realmente eso?” “Tengo que producir mucho dinero, y eso me ocupa el tiempo, y no puedo hacer las actividades que me encomienda la congregación” ¿Es realmente la prioridad? El Señor Jesucristo dijo que era necesario que vinieran los tropiezos (Mat 18.7).

    Son los obstáculos con que nos encontramos en la carrera. Esto es verdad. Debemos rechazar el asedio del pecado y las trabas que este nos produce en la carrera. Criticamos anteriormente al atleta que venía a correr vestido con saco y con una bolsa de mercado en la mano.

    Pero no nos estamos dando cuenta que tampoco podemos correr la carrera con una serie de hábitos pecaminosos, enredos y ambiciones mundanos, poder correr sin estorbos (Gal 5.7), es un imperativo empezar a abandonar esos hábitos para seguir corriendo legítimamente en pos del premio ansiado.

    No abandones la carrera, despréndete del pecado que te asedia.

    3.- No abandones la carrera: Corre con perseverancia

    La perseverancia o paciencia no tiene nada que ver con soportar tribulaciones, sino con funcionar en medio ellas. No podemos correr con perseverancia si creemos que es pasiva. La perseverancia no es pasiva, es constancia, es determinación.

    Es resistir en el transcurso de una acción o creencia. En el sentido positivo, es la continuidad del compromiso con el evangelio de Jesucristo a pesar de las circunstancias. La perseverancia se origina en el sufrimiento (Ro 5.3).

    Y ello nos va a ayudar a considerar más de cerca la esperanza de llegar a la meta del llamamiento supremo (Ro 5.4-5).  La perseverancia nos insta a seguir la voluntad de Dios, y a hacer el bien (1 Pe 4.19).

    La perseverancia nos ayuda a crecer en fe (Col 2.6-7) y a  crecer en el conocimiento de Dios (Col 1.10-12), es fundamento clave para nuestra salvación (Mat 24.12-13) y nos ayuda a permanecer en unión con nuestro Señor Jesucristo para llevar mucho fruto. Correr la carrera con perseverancia en nuestra fe no significa que debemos correr velozmente, sino con la determinación y la actitud de llegar bien a la meta.

    La perseverancia también es fiel aliada de la oración. Orar sin perseverancia es desistir del caso. En la parábola de la viuda y el juez injusto (Lc 18.1-8), el Señor Jesucristo nos refiere a una viuda que siempre le inquiría a un juez injusto que le hiciera justicia de su adversario, y el juez no la tomaba en cuenta.

    Fue tanta la insistencia de la mujer, que el juez injusto optó por escucharla, porque ya le agotaba la paciencia. Esto denota un acto de fe y perseverancia. La carrera debe correrse sin desistir de ella, sin detenerse a toma respiro o a ocuparse de otras cuestiones. Debe correrse con perseverancia y dedicación.

    Otra cualidad de la perseverancia es que edifica el carácter cristiano. El apóstol Pablo en Ro 5.4 dice que la actitud perseverante deriva en un carácter probado, que puede demostrar amor (1 Co 13.7). Esto puede verse aún en las sociedades que han sufrido catástrofes. Los países que fueron derrotados por los aliados en la Segunda Guerra Mundial, hoy pertenecen al grupo de los más ricos y desarrollados del mundo.

    Las tribulaciones sirven para crecer espiritualmente y acercarnos más a Dios, nos ayudan a actuar con mayor madurez y determinación.

    El apóstol Pablo tenía como costumbre exhortar a sus discípulos a la perseverancia. En la iglesia de Antioquía exhortó a los hermanos a que permaneciesen fieles al Señor (Hch 11.23). A que perseverasen en la gracia de Dios (Hch 13.43).

    A Ayudar a crecer la obra del Señor (1 Co15.58). A portarse como varones, con celo y esfuerzo, a estar firmes en la fe. (1 Co 16.13). A combatir unánimes por la fe del evangelio (Fil 1.27). A retener la sana doctrina (2 ti 1.13). A evitar deslizarse de la fe (Heb 2.1). A retener nuestra profesión de fe (Heb 4.14). A retener la palabra de perseverancia (Apo 3.10-11)

    Debemos ejercer estas virtudes a pesar de las pruebas,  decepciones y tribulaciones del camino. No abandones la carrera. Corre con determinación.

     

    4.- No abandones la carrera: Corre teniendo como inspiración a Jesucristo.

    Poner los ojos en Jesús (Heb 12.2) no solo significa mirarle, significa quitar a mirada de una cosa para ponerla en otra, debemos desviar  la mirada del camino de pecado para poner la mirada en Jesús. Desde tiempos remotos, Dios nos conmina a poner la mirada en él para ser salvos (Isa 45.22).

    Los que respondían al llamado también ponía la mirada en el Padre con la esperanza de ser escuchados (Miq 7.7); y el Señor Jesucristo dijo que mirarle, y creer en él, para obtener la vida eterna, era la voluntad de su Padre (Jn 6.40).

    No podríamos correr la carrera de la fe si no la vivimos pensando ¿Qué haría Jesús de estar en mi lugar Jesús es el testigo máximo de la gran nube de testigos. Es de quién recibimos el mayor aliento e inspiración para seguir la carrera, puesto no solo que en nuestro mejor ejemplo, sino también el único y todopoderoso que puede sustentarnos con su poder y con su guía soberana en nuestras vidas. Únicamente de él podemos recibir el aliento y la fuerza para seguir en la carrera. Porque él es el objetivo de nuestra fe.

    ¿Qué debemos ver en Jesús que nos inspire a seguir con ánimo fuerte la carrera?

    Lo primero es que Jesús es el autor y consumador de la fe (Heb 12.2).  S el autor de la fe porque siempre fue un testigo fiel de la obra de Dios. Proclamó vivir en total confianza y dependencia del Padre (Mat 27.43) y es nuestro ejemplo de cómo debemos vivir creyendo en las promesas de Dios.

    Él es el objetivo de la fe porque a través de él obtenemos el conocimiento de lo que Dios nos ha revelado en su palabra, y la confianza  que el Espíritu Santo ha puesto en nuestro corazón, por la Palabra de Dios, de que a través de la fe él obtenemos la seguridad de que en su obra Dios me otorga perdón de pecados, justicia perfecta y vida eterna, de pura gracia y en los méritos de Jesucristo, esa vida que comienza cuando creemos  y confesamos a Jesús como nuestro Salvador y Señor y que es el principio de la carrera que debemos correr con los ojos puestos en él.

    Lo segundo es que Jesús es el consumador de la fe, es quien no va a sostener en esta carrera hasta la llegada del reino eterno de Dios. Es quien nos perfeccionará en el camino hasta el final de la carrera (Fil 1.6).

    Jesús nos salva siempre, desde el primer día de nuestra carrera cuando lo aceptamos por Salvador y Señor, y hasta la eternidad (He 7.25), y que está sentado a la derecha del Padre para interceder siempre por nosotros. No podemos correr la carrera sin desviar la mirada de todo para colocarla en Jesús.

    No abandones la carrera, confía en que Jesús te sustentará para correr la misma desde hoy y hasta la venida del reino eterno.

    Y lo tercero, y no menos importante, es que Jesús es el parámetro de nuestra fe, es la medida de lo que debemos soportar en el transcurso de la carrera. Si creemos que estamos cansados, que vamos a desmayar y que no podemos terminar, debemos considerar la actitud de Jesús,  que por el gozo puesto delante de él, sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra de Dios (Heb 12.2).

    ¿Y cuál fue ese gozo puesto delante de él? Por descarte, podemos inferir que no era el gozo de su propia gloria, ya que si eso fuese así, él no necesitaba sufrir la cruz para obtener ese gozo, ya que lo había disfrutado desde la eternidad.

    Se  trata del gozo del cumplimiento del decreto eterno de Dios, que Jesús vendría a rescatar desde la cruz al pueblo escogido de Dios para su propia gloria. Y para disfrutar de eso, Jesús sufrió la cruz y menospreció el oprobio que vivió en ella. El ejemplo es, que no importa lo que suframos en la carrera, si vamos a recibir finalmente el premio que nos darán al final de ella.

    De tal manera, que nuestro ánimo no puede decaer hasta desmayar. Vamos a sufrir tropiezos, desánimos,  tribulaciones, pero no podemos quitar la mirada del premio final, porque eso, como lo hizo Jesús, es lo que nos ayudará cumplir la voluntad de nuestro padre Celestial hasta la consumación del reino eterno.

    No abandones la carrera, debes inspirarte en el ejemplo de Jesús.

    Amado, no abandones la carrera, porque tu carrera está inspirada por los que en el pasado hicieron la ruta, y triunfaron, considera el ejemplo de ellos. Despójate de todo peso y del pecado para que corras con comodidad, corre con determinación y considera el ejemplo de Jesús y de cómo corrió él su carrera, y síguelo.

    Eso te garantiza la corona de gloria que Dios tiene preparado para los le aman cuando llegues a la meta del llamamiento supremo de nuestro Señor Jesucristo. Dios nos bendiga.

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