Qué significa tener un corazón de diamante según la biblia

Un Corazón de Diamante de acuerdo a la biblia hace referencia al estado del corazón del hombre y de su dureza. Esto se manifiesta cuando no se presta el oído a las palabras de Dios, rechazando su autoridad y desobedeciendo su voluntad.

En la actualidad podemos observar que la sociedad está inmersa en un caos enorme donde reina el desorden y la dureza de corazón que se niegan a escuchar y obedecer la voz de Dios.

Por eso podemos ver guerras injustas e interminables que se hacen en nombre de la paz, también podemos observar tratos crueles e inhumanos para con los seres humanos, abuso hacia los más vulnerables. Vemos además la avaricia, delincuencia, maldad, entre muchas cosas más.

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    Qué significa un corazón de diamante según la biblia

    Para profundizar este tema es necesario indagar en el significado del término “diamante”, éste proviene del antiguo griego que denota inalterable e invencible.

    Este diamante se forma a partir de diferentes combinaciones complejas de átomos de carbono dando como resultado, mediante un largo tedioso, el tan preciado mineral. Este diamante presenta un sinfín de características físicas entre las que resalta su dureza. El diamante es uno de los materiales más duros que hay.

    Cuando vemos el diamante a la luz de la palabra de Dios, éste se compara con el corazón de las personas, éste es semejante a los diamantes, ya que por una parte puede irradiar belleza, pero también puede ser muy duro.

    En las Sagradas Escrituras, se puede observar que se compara al diamante con el corazón cuando éste se endurece y deja de lado los principios espirituales y los mandamientos del Señor, tal como se observa en el libro de Zacarías 7:12:

    “y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu, por medio de los profetas primeros; vino, por tanto, gran enojo de parte de Jehová de los ejércitos” (Zacarías 7:12)

    El contraste que el profeta hacía en esta cita bíblica era que el pueblo había escuchado que el Señor mandaba a que hicieran lo correcto delante de sus ojos, que hicieran juicios acorde con la verdad, que hicieran misericordia y fueran caritativos con su prójimo; que no subyugaran a las viudas, ni a los huérfanos, tampoco a los pobres ni extranjeros.

    El Señor les pedía que no tuvieran sentimientos malos en contra de su prójimo, pero como hemos leído, el pueblo no quiso prestar atención, y por el contrario endurecieron su corazón como un diamante.

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    Esta dureza de corazón se revela cuando no se presta atención a las palabras de Dios y hace caso omiso a las demandas divinas. Así que el corazón del hombre se ha endurecido como un diamante cuando le da la espalda al Señor como si él fuera nuestro enemigo y quisiera nuestro mal.

    Pero es precisamente este distanciamiento del Señor, lo que nos dirige al caos y desastre en nuestra vida porque tal como lo dice la palabra: “todo el que comete pecado es esclavo del pecado” (Juan 8:34).

     De este modo que las personas piensan que son libres cuando se alejan de Cristo y de sus mandamientos, pero resulta ser todo lo contrario porque el que está sin Dios, es esclavo de su pecado y está atado a las cosas del mundo que lo llevarán a su total perdición.

    Por esta razón es importante que haya un cambio en la vida de las personas, pero éste no puede venir de afuera, de lo exterior, de aquello que se ve, de las acciones.

    El cambio verdadero, es aquel que proviene de una transformación interna, del corazón, y este cambio no puede hacerlo un ser humano, solo puede hacerlo el Señor, tal como lo señala la palabra: “Os arrancaré del cuerpo el corazón de piedra y os daré un corazón de carne” (Ezequiel 36:26).

    En este sentido, el Señor tiene el poder de quitarnos ese corazón de piedra y de diamante que tenemos y ponernos un nuevo corazón conforme a la imagen y semejanza de Cristo.

    Él nos proporciona la libertad y la vida que Dios otorga a todo aquel que está cansado de la esclavitud y de vivir como esclavo: “Si permanecéis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8:31, 32). Jesús Dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí’ (Juan 14:6). Jesús le dijo a Nicodemo: “…el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (Juan 3:3).

    Este nuevo nacimiento, este cambio del corazón, esta transformación interior se produce porque Dios le da nueva vida a todo aquel que cree que Jesucristo es el Señor y el Salvador, creyendo no solo de forma externa, sino dándole toda la confianza en la muerte de Jesucristo en la cruz del calvario, para salvación de todo aquel que cree en Él.

    Las consecuencias para un corazón endurecido – Ejemplos bíblicos

    En las Sagradas Escrituras podemos encontrar diferentes ejemplos significativos para abordar el tema relacionado a lo que significa tener un corazón de diamante, un corazón endurecido a escuchar la voz de Dios y a obedecerlo.

    corazón de diamante
    corazón de diamante

    Al respecto, el pueblo de Israel tuvo la oportunidad de escuchar a diferentes hombres que el Señor levantó en tiempos bíblicos.

    Ellos fueron puestos por Jehová de los ejércitos para que anunciaran palabras de arrepentimiento a este pueblo.

    Estos profetas del Señor eran los que se encargaban de revelar su palabra para que el pueblo se sujetara y viera además el poder de Dios en todo su esplendor.

    Estos servidores de Dios, les proclamaban las palabras de La Ley, y les hacían saber que si obedecían a la voz de Dios, todo el tiempo recibirían sus bendiciones.

    Pero si no se sujetaban y no obedecían al Señor y sus mandatos, obtendrían un juicio divino. Sin embargo el pueblo le dio la espalda a Dios y no quisieron escuchar, ya que su corazón no permitía que la Palabra de Dios impactara en ellos.

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    Y esto no se debía a que la palabra no tuviera poder, sino porque ellos no estaban dispuestos a escucharla. Por lo cual su corazón estaba endurecido, y no existe algo peor que un corazón cerrado a escuchar la voz de Dios.

    Así lo señala el apóstol Pablo en la carta a los romanos: “Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios” (Romanos 2:5).

    De esta forma que el pueblo del Señor mientras más se negaba a escuchar las demandas de los profetas, mas se aproximaban al cumplimiento del juicio divino. En algunos momentos cuando leemos la Biblia, pensamos que el Señor es injusto y que condena a la ligera a las personas.

    Pero esto no es verdad porque nuestro Dios es paciente, lento para airarse y grande en misericordia. Y revela lo que está por venir mucho antes de que acontezca para darles la oportunidad de que se arrepientan.

    Sin embargo, tal como lo señala Pablo, esta dureza de corazón hace que no estén dispuestos a arrepentirse por sus malas acciones, y así se van apartando cada día más del Señor y del propósito que él quiere en cada uno de sus hijos, y esto los acerca a su condenación. Por esta razón, Dios estableció un juicio para juzgar a la humanidad y para un corazón de diamante, endurecido, cerrado y seco, solo le queda esperar la ira del Señor.

    Así que existen consecuencias a la irreverencia a la palabra de Dios y su perfecta voluntad, y éstas son justas pero firmes porque ciertamente Dios no quiere que ningún alma se pierda, pero es la persona quien decide el camino que quiere transitar.

    En la biblia podemos encontrar muchos hombres, cuyo corazón de diamante les trajo consecuencias funestas por haberse opuesto a los mandatos de Dios, tal es el caso del faraón de Egipto, quien se negó rotundamente a liberar al pueblo de Israel de la esclavitud.

    El libro de Éxodo nos muestra la manera en la que Dios mandó Moisés para que liberara al pueblo de Israel, donde le dijo a Moisés y a Aarón su hermano, que fueran delante del faraón y le dijeran que debía liberar ir al pueblo para que ofreciera sacrificio al Señor en el desierto.

    Pero el corazón endurecido del Faraón se resistió, por lo cual el poder de Dios se hizo presente trayendo plagas y calamidades a los egipcios para que pudieran obedecer el mandato del Señor.

    Ya Dios le había dicho a Moisés que no sería fácil liberar al pueblo porque Él mismo Dios endurecería el corazón de Faraón, tal como lo señalan las Escrituras:

    “Y dijo Jehová a Moisés: Cuando hayas vuelto a Egipto, mira que hagas delante de Faraón todas las maravillas que he puesto en tu mano; pero yo endureceré su corazón, de modo que no dejará ir al pueblo” (Éxodo 4:21).

    De esta forma Dios reveló sus señales y sus maravillas delante del faraón pero éste tenía cerrado el entendimiento, y su corazón no le permitía ver más allá.

    Así que no hizo caso a la voz de Dios y padeció nueve plagas abrumadoras, pero la décima fue la más dolorosa, ya que todos los primogénitos de la tierra egipcia murieron, y estaba incluido el primogénito de faraón.

    Pero aún así, el faraón solo entendió momentáneamente, ya que dejó ir al pueblo, pero después trató de embestir de nuevo contra ellos. De la misma forma pagó las consecuencias cuando sucumbió con su ejército en las aguas del Mar Rojo.

    Asimismo padecieron consecuencias en otros personajes de la biblia que decidieron endurecer su corazón y no obedecer a la voz de Dios. El pueblo de Israel se separó, el reino del norte fue cautivo por los asirios y nunca volvieron a la tierra prometida.

    También el reino del sur, como dice Zacarías fue disperso con torbellino a diferentes naciones extrañas. La profecía se manifestó cuando Babilonia los expulsó.

    Así que cuando tomamos la decisión de desobedecer los mandatos de Dios, las consecuencias pueden mostrarse de forma fatal. Tal como se aprecia en la palabra:

    “sino que los esparcí con torbellino por todas las naciones que ellos no conocían, y la tierra fue desolada tras ellos, sin quedar quien fuese ni viniese; pues convirtieron en desierto la tierra deseable” (Zacarías 7:14)

    En este sentido se puede perder la bendición de Dios cuando nos negamos a escuchar su palabra y hacer su voluntad y a dejarnos guiar por sus caminos de justicia.

    El impacto de la Palabra de Dios

    Solamente un objeto duro o de la misma consistencia es capaz de afectar al diamante. Así que cuando hay un corazón duro, cerrado y difícil de tallar, solo existe algo que puede quebrantarlo, y esto se refiere a la palabra de Dios.

    Solo el impacto de las Sagradas Escrituras puede quebrantar un corazón frío y duro, solo la presencia del Señor puede transformarlo y él te dará un nuevo corazón dispuesto a dejarse guiar por su Padre Celestial.

    En este sentido, la biblia es más valiosa que cualquier diamante y más poderosas que cualquier cosa sobre la faz de la tierra. Solo la palabra puede convertirnos en una nueva criatura, moldearnos con su fuego poderoso, tal como lo expresa la palabra: “¿No es mi palabra como fuego, dice Jehová, y como martillo que quebranta la piedra?” (Jeremías 23:29).

    Así que la palabra del Señor tiene el poder suficiente para romper cualquier piedra o diamante por muy dura que ésta parezca, y puede quebrantar los corazones más endurecidos que hay, porque el Señor mediante la biblia nos puede doblegar y quebrantar, y por eso no existe nada que la palabra de no pueda traspasar.

    Por esta razón el escritor de Hebreos comparó la palabra con una espada de doble filo. Al respecto, él dijo: “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta” (Hebreos 4:12,13)

    En este pasaje queda claro lo que implica la palabra de Dios y el impacto que ésta tiene para nuestra vida porque a través de ella recibimos exhortación, discernimiento, claridad. Esta palabra es capaz de quebrantar los corazones más duros y convertirlos a Cristo para la Gloria y honor de su nombre.

    ¿Qué hacer para quebrantar el corazón de diamante?

    El corazón de diamante tal como se expuso anteriormente es aquel que se niega a aceptar la voz de Dios. Está cerrado y endurecido, y no quiere obedecer a Dios ni hacer su voluntad.

    Esto puede traer consecuencias funestas para las personas que cierran su corazón a Dios. Por lo cual es importante conocer las herramientas para poder quebrantar este corazón duro que no acepta la voluntad del padre. Éstas son las siguientes:

    1.- La semilla de la fe

    Para implantar esta semilla de fe y quebrantar los corazones duros es necesario escuchar la palabra de Dios, ya que ésta entre por el oír y el oír la palabra. Sin embargo la biblia nos enseña en el libro de Hebreos que a los antiguos no les aprovechó escuchar la voz de Dios porque no tenían fe:

    “Porque también a nosotros se nos ha anunciado la buena nueva como a ellos; pero no les aprovechó el oír la palabra, por no ir acompañada de fe en los que la oyeron” (Hebreos 4:2)

    De esta forma que para ablandar los corazones, se debe creer de corazón en lo que Dios nos enseña en su palabra, es decir, tener fe de que ésta es real para que el Espíritu santo pueda obrar en la vida de esa persona y los redarguya, para que puedan arrepentirse de sus pecados y aceptar a Cristo como su único y verdadero Salvador.

    2.- La oración como arma poderosa

    La oración es una de las herramientas que tenemos disponible en todo momento, donde nos podemos comunicar directamente con nuestro Padre. Esto nos va a permitir tener un corazón dispuesto a sentir la presencia de Dios en nuestra vida y además podemos usarla también para hacer vallados de protección que nos cubran a nosotros y a nuestra familia de todo mal.

    En este sentido, es de suma importancia que evitemos endurecer nuestro corazón para así evitar las consecuencias, y esto lo podemos lograr si mantenemos una estrecha relación con el dador de la vida que es nuestro Dios Todopoderosos.

    La palabra de Dios, la oración, la alabanza, la adoración son herramientas que debemos aplicar para disponer nuestro corazón y llenarnos de la presencia del Señor. Pero debemos hacerlo con fe porque si ésta es imposible agradar a Dios.

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