La necesidad de disciplina dentro de la iglesia de Cristo Jesús

La necesidad de disciplina es inminente en la vida de todo cristiano, ya que a través de ésta vamos cumpliendo nuestras metas conforme a la voluntad de Dios. Cuando aceptamos a Cristo Jesús en nuestro corazón, el Espíritu Santo comienza a perfeccionarnos, a moldearnos, a transformarnos y para ello comienza a organizar nuestra vida.

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    La necesidad de la disciplina dentro de la iglesia de Cristo

    La disciplina dentro de las iglesias amerita un proceso mediante el cual debemos corregir el comportamiento pecaminoso entre los miembros del templo de Cristo con el fin de restaurar y encaminar a los miembros para que puedan caminar correctamente con nuestro Padre Celestial.

    En el libro de Mateo 18:15-20 nos habla acerca de la autoridad que una iglesia debe ejercer para poder lograr la disciplina.

    Podemos encontrar el  procedimiento y la autoridad para que una iglesia ponga en práctica la disciplina no solo dentro de la iglesia sino en su vida cotidiana, ya que de nada sirve mantener la disciplina dentro del templo y en nuestros hogares nuestra vida personal es un desastre total.

     El propósito de la disciplina de la iglesia no debe ser malintencionada, sino que se debe aplicar conforme al fundamento bíblico. Cuando se habla de disciplinar debemos seguir el ejemplo de Cristo, quien nos brindó muchas enseñanzas y parábolas cuando vino a este mundo.

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    De esta manera, el objetivo principal de la disciplina de la iglesia debe ser siempre la restauración de la persona a la plena comunión con el Señor y con otros creyentes.

    La disciplina se debe hacer de forma sabia y con amor. Se debe realizar en privado primeramente, donde se establecen las normas a seguir dentro de la iglesia. Y de forma pública se debe hacer de igual forma para impartir el orden en el momento de los cultos que se realicen.

     Todo lo que hagamos, debemos hacerlo en el nombre del Señor, se debe hacer desde el amor pero en obediencia a Cristo, con piedad en función del bien de todos los miembros. No se debe ejercer la autoridad por la fuerza ni abusar de los cargos adquiridos, ya que se debe mantener buen testimonio como hijos de Dios.

    La biblia con respecto a las instrucciones relacionadas con la iglesia implican la necesidad de ser miembros de la iglesia. Así que la iglesia y su pastor tienen la responsabilidad del bienestar espiritual de todos los miembros de la iglesia, incluso de los visitantes.

    En este sentido, la biblia dentro del contexto de la disciplina de la iglesia, encontramos al Apóstol Pablo cuando pregunta: "Porque ¿qué razón tendría yo para juzgar a los que están fuera? ¿No juzgáis vosotros a los que están dentro?" (1 Corintios 5:12).  De esta manera que el candidato a la disciplina de la iglesia tiene que ser parte de la iglesia y ser responsable ante ella.

    La Biblia nos ofrece un ejemplo con respecto a la disciplina de la iglesia en la ciudad de Corinto, donde esta exhortación condujo a la excomunión y el apóstol Pablo explica las razones para llevar a cabo la disciplina, tal como se aprecia en la escritura:

    “Más bien os escribí que no os juntéis con ninguno que, llamándose hermano, fuere fornicario, o avaro, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o ladrón; con el tal ni aun comáis. Porque ¿qué razón tendría yo para juzgar a los que están fuera? ¿No juzgáis vosotros a los que están dentro? Porque a los que están fuera, Dios juzgará. Quitad, pues, a ese perverso de entre vosotros” (1 Corintios 5:11-13).

    De esta manera en esta cita, podemos apreciar que Dios es implacable ante el pecado porque éste es como la levadura, ya que se si le da entrada se puede expandir, tal como lo asevera la palabra: "un poco de levadura leuda toda la masa" (1 Corintios 5:6-7).

    Igualmente, el apóstol Pablo además nos explica que Jesucristo nos salvó para que pudiéramos ser apartados del pecado, para que pudiéramos vivir "sin levadura" o libres de aquello que provoca nuestra decadencia espiritual:

    “Limpiaos, pues, de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura como sois; porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros. Así que celebremos la fiesta, no con la vieja levadura, ni con la levadura de malicia y de maldad, sino con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad”  (1 Corintios 5:7-8).

    Otro de los aspectos que se deben destacar es el testimonio de Cristo Jesús y de su iglesia ante los incrédulos porque el Señor como ya se mencionó anteriormente es el mayor ejemplo de disciplina, ya que busca poner orden e impartir las enseñanzas con el propósito de implantar su reino en la tierra.

    En la biblia podemos encontrar diferentes ejemplos de la disciplina, pero también podemos apreciar las consecuencias de la desobediencia, tal es el caso de David cuando pecó con Betsabé, y recibió consecuencias por su pecado, tal como se observa en la palabra: “Más por cuanto con este asunto hiciste blasfemar a los enemigos de Jehová, el hijo que te ha nacido ciertamente morirá” (2 Samuel 12:14)

    En algunos casos, la acción disciplinaria de la iglesia tiene éxito al causar una tristeza piadosa y un real arrepentimiento. Cuando esto pasa, la persona está preparada para ser restituida al compañerismo.

    La persona a la que Pablo hace referencia se puede encontrar en el pasaje de 1 Corintios, donde este hombre se arrepintió, y Pablo animó a la iglesia a restablecerlo al compañerismo dentro de la iglesia:  “vosotros más bien debéis perdonarle y consolarle, para que no sea consumido de demasiada tristeza. Por lo cual os ruego que confirméis el amor para con él” (2 Corintios 2:7-8)

    Lamentablemente la disciplina aunque se haga con amor y de la manera correcta, no necesariamente resulta provechosa y produce restauración. Sin embargo es fundamental impartirla con buenos motivos porque Dios observa todo y tiene el control de todas cosas.

    La semilla se planta como muestra de la obediencia pero depende de la tierra a que ésta germine, crezca y de fruto. Como creyentes tenemos la responsabilidad de disciplinarnos primeramente a nosotros mismos porque nuestro testimonio va a influenciar a nuestra familia de forma significativa.

    La disciplina de los pastores cristianos debe ser apacible

    Como se dijo anteriormente, la disciplina debe empezar en cada persona de forma individual, pero luego debe ser impartida para que produzca fruto y la obra de Nuestro Señor Jesucristo florezca.

    Con respecto a la función de los pastores, la disciplina es indispensable si se quiere mantener el orden dentro de la iglesia. Debemos aprender a vivir en libertad pero de forma ordenada, porque nuestro Señor lo primero que hizo en la tierra fue ordenarla. Así que como hijos de Dios debemos hacer la voluntad de Dios y ser disciplinados.

    De esta manera, los pastores deben procurar edificar al rebaño proporcionando la guía necesaria, la instrucción y la censura, de ser necesario. Pero al emprender esto, deben tomar en cuanta el verdadero propósito de la disciplina que se encuentra en el siguiente pasaje: “Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros” (Efesios 4:11, 12).

    De esta manera en la biblia encontramos la manera en la que Dios organiza a sus siervos y le imparte un propósito para que puedan llevar a cabo la obra de Dios aquí en la tierra. Por lo cual la disciplina es importante para establecer un orden y cumplir los preceptos que demanda la biblia, en la cual encontramos la manera correcta de enseñar, de corregir, de educar.

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    Así que los pastores cristianos deben disciplinar con apacibilidad, y no hacerlo para castigar, señalar y maltratar porque ese no es el propósito de la disciplina que quiere Dios.

    También es importante considerar lo que nos dice el libro de 2 Timoteo donde se nos habla acerca de los que no aceptan la disciplina, exhortándonos a ser pacientes y apacibles aún con ellos porque la perseverancia va creando en esas personas rebeldes una huella imborrable, porque cuando disciplinamos con la palabra ella nunca vuelve vacía.

    Al respecto la palabra de Dios señala lo siguiente: “que con mansedumbre corrija a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad” (2 Timoteo 2:25-26)

    Sin embargo, hay casos extremos en lo que se debe expulsar de la congregación a aquellos que se mantienen en pecado y no se arrepienten, tal como lo expresa la palabra:

    “Este mandamiento, hijo Timoteo, te encargo, para que conforme a las profecías que se hicieron antes en cuanto a ti, milites por ellas la buena milicia, manteniendo la fe y buena conciencia, desechando la cual naufragaron en cuanto a la fe algunos, de los cuales son Himeneo y Alejandro, a quienes entregué a Satanás para que aprendan a no blasfemar” (1 Timoteo 1:18-20).

    Esta medida puede resultar algo drástica pero también se le considera disciplina y no se debe ver solo como un castigo por malas acciones. Por lo cual debemos mantenernos dentro de la disciplina, ser obedientes para no ser repudiados por Dios y apartados de su santa presencia.

    Es importante resaltar que en ciertas ocasiones los ancianos se toman la tarea, en estos casos, donde se obra en conformidad con el propósito verdadero de la disciplina exponiéndole los pasos que la persona debe dar para retornar a la congregación cristiana, así como el hijo pródigo retornó a la casa de su padre.

    Jehová es nuestro Juez por excelencia

    Ciertamente como cristianos y creyentes fieles a Nuestro Señor Jesucristo tenemos la autoridad y compromiso de proclamar la palabra de Dios y ponerla en práctica, manifestar la disciplina en todo momento y caminar firmes con los preceptos bíblicos establecidos.

    En este sentido los pastores, padres y otros miembros de la iglesia deben asumir la responsabilidad de disciplinar con seriedad, pero sin calificar a nadie, y no se debe asumir como un castigo hostil y vengativo.

    Sin embargo debemos entender e internalizar que el primero que debe disciplinar es nuestro Jehová de los ejércitos, y nos debe primeramente direccionar a nosotros para luego transmitir todo aquello que hemos adquirido en nuestro caminar con Cristo.

    Al respecto la biblia nos muestra que Jehová administrará un castigo severo y final, y dice de forma firme que “es cosa horrenda caer en las manos del Dios vivo” (Hebreos 10:31). Y ninguna persona debe tratar de compararse con Dios de ninguna manera.

     Jehová es el único que tiene el poder absoluto, quien nos da el equilibrio perfecto cuando nos disciplina. Las personas no pueden controlarlo todo, por eso siempre deben buscar la dirección de Dios.

    También es importante resaltar que cuando se pone en práctica la disciplina se debe buscar primeramente a Cristo mediante su palabra y a través de la comunión con la fuente que es nuestro Padre Celestial.

    En este sentido, la intención de la disciplina es implantar el orden no solo dentro de la iglesia sino en nuestra vida en general, en nuestro hogar. Una de las cosas que hace Jesús cuando llega a nuestra vida es poner orden, transformando, direccionando nuestros pasos para evitar tropiezos, corrigiendo conductas aprendidas, entre muchas cosas.

    Lo importante es estar enfocado en el propósito principal de nuestra vida, el cual se basa en Cristo, en el mensaje de la cruz, en sus enseñanzas para vivir plenamente, para dar buen testimonio para glorificar y honrar su nombre en todo momento y en todos los aspectos de nuestra vida.

    Estamos llamados a ser luz en medio de la oscuridad y esto se logra siendo disciplinados en la lectura, oración y entrega en el servicio de la obra del Señor. No podemos hacer nada solos, necesitamos la cobertura de Nuestro Señor Jesucristo.

    Cómo podemos aceptar la disciplina del Señor

    Nosotros los seres humanos somos vulnerables ante un mundo hostil lleno de carencias y desorden, donde está imperando la maldad, el egoísmo, la incredulidad y el desamor.

    La necesidad de disciplina
    La necesidad de disciplina

    Por lo cual debemos aceptar el amor de Cristo, debemos estar dispuestos a aceptar la disciplina y autoridad en nuestra vida porque no podemos andar sin dirección en la vida porque nuestro camino sin duda alguna se va a desviar.

    Al respecto la palabra nos señala lo siguiente:  “Atended el consejo, y sed sabios, Y no lo menospreciéis” (Proverbios 8:33) De esta manera debemos aceptar la disciplina que viene de lo alta, guardarla en nuestro corazón y ponerla en práctica.

    La mejor disciplina está enmarcada en la biblia, y no encontraremos en otro libro ningún fundamento como el que allí encontramos porque ciertamente la palabra de Dios es viva y eficaz.

    No podemos hablar de disciplina si no hemos escudriñado las Santas Escrituras, no podemos exigir disciplina si nosotros no la practicamos, porque como hijos de Dios debemos ser ejemplo ante la nueva generación que son nuestros hijos.

    Al respecto el apóstol Pablo nos indica que: “Es cierto que ninguna disciplina parece por el presente ser cosa de gozo, sino penosa; sin embargo, después, a los que han sido entrenados por ella, da fruto pacífico, a saber, justicia” (Hebreos 12:11).

    En este orden de ideas, la disciplina que proviene de Jehová es una manifestación del profundo amor que nos tiene, bien sea que la recibamos o la impartamos. Es importante tener en cuenta el propósito de la disciplina divina y seguir el consejo perfecto y sabio de la palabra de Dios:  “Ásete de la disciplina; no la sueltes. Salvaguárdala, pues ella misma es tu vida” (Proverbios 4:13).

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    Sandra Faría

    Hija y sierva de Dios, Profesora en el área de Lengua y Literatura, Magíster en Literatura Latinoamericana, egresada de la UPEL-Maracay. Con experiencia en la docencia, en la redacción y edición de artículos en diferentes blogs en la web.

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