Respondiendo a la Responsabilidad. 3 Maneras de Encarar Nuestros Actos ante Dios

Respondiendo a la responsabilidad nos indica cómo debemos encarar nuestras acciones ante Dios. Dios demanda de nosotros que demos cuenta de nuestras acciones ante él y ante nuestro prójimo. No somos independientes en esto.

Respondiendo a la responsabilidad  que tenemos ante Dios nos enseñará cómo  concientizar en nuestras vidas en la toma de nuestras decisiones conforme a lo que Dios desea para nosotros. Veamos:

Índice De Contenidos

    La responsabilidad con Dios

    Aunque Dios es soberano, todas las personas de donde sea tienen que darle cuentas a él de todo lo que hacen, dicen o piensan. Dios no es responsable de nada, ni tiene que rendir cuentas a nadie, porque él es soberano.

    Toca al hombre responder de cada acto de su vida a Su Creador, porque es la criatura a quien le toca responder y no a su Creador. La actitud del hombre está íntimamente ligada con la voluntad de Dios y entonces debemos vivir respondiendo a la responsabilidad que Dios ha colocado en nosotros.

    Respondiendo a la responsabilidad de nuestros propios pecados

    Dios no es responsable por el pecado humano

    Respondiendo a la Responsabilidad. 3 Maneras de Encarar Nuestros Actos ante Dios

    Hay un acto tragicómico en la escena del Edén : Cuando Dios demandó respuesta de las acciones del hombre, éste contestó acusando a la mujer: La mujer que me diste me dio, y comí, cuando Dios le pregunta a Eva, ella contesta: la serpiente me engañó (Gen 3.11-13). Si hubiese otra persona al lado de la serpiente, capaz que hubiese dicho: fulanito me obligó.

    La tendencia es evitar asumir nuestras responsabilidades y achacarles nuestras fallas a los demás, en este caso, Adán Dijo: la mujer que me diste, o sea, tú eres el culpable por haberme dado a esta mujer.  Adán culpó a Dios de su pecados. Pero la acción de pecar fue de Adán, no de Dios.Dios no es responsable de nuestros pecados.

    La Biblia nos enseña con suficiencia que nosotros somos los culpables de nuestros pecados de manera directa y personal.

    Leemos en Deuteronomio que los padres no son responsables del pecado de los hijos ni los hijos heredan la responsabilidad de los padres (Deu 24.16). El punto es que todas las almas, tanto la del padre como la del hijo, son de Dios, y nadie puede responder por el pecado de otro. Todos tienen una responsabilidad directa y personal ante Dios y acarreará las consecuencias (Eze 18.4).

    Job reconocía que sus errores personales  traerían consecuencias única y exclusivamente sobre él (Job 19.4); y David reconocía que sus pecados ante Dios eran muy personales, y reconocía su maldad ante el Señor (Sal 51.4-5). El profeta Jeremías decía que quien pecara por su propia maldad, recibiría consecuencias muy personales (Jer 31.30)

    Así, Dios no tiene ninguna responsabilidad en la acción de pecar del hombre, aún cuando éste no lo reconozca e intente culpar a Dios de sus acciones.

    La muerte es el resultado del pecado

    Debemos hablar de la muerte en términos de separación. La muerte física  es la separación del cuerpo con el alma. La muerte espiritual es la separación de nuestro cuerpo y alma de Dios.

    El pecado entró al mundo a través de un hombre, y con él su consecuencia: la muerte. Entonces, el pecado y la muerte reinaron en el mundo hasta la llegada de Jesucristo (Rom 5.12). De tal manera que la muerte, tanto espiritual como física, es la paga del pecado (Rom 6.23). El pecado nos separa y nos destituye dela presencia de Dios (Rom 3.23)

    Debemos comprender entonces, que la separación de Dios es el resultado de nuestro pecado, únicamente nuestro, y que debemos afrontar sus consecuencias si nos mantenemos actuando en nuestros delitos y pecados delante de nuestro Creador.

    Ahora, en Cristo, somos resucitados a vida eterna desde el momento en que confesamos y nos arrepentimos de nuestros pecados y le aceptamos como Señor y Salvador (Jn 5.24). Así en Cristo, somos resucitados de muerte a vida (1 Co 15.21). Porque como en el pecado que entró por causa de Adán todos mueren, por causa de la justicia que entró por Jesucristo todos serán vivificados (1 Co 15.22)

    Si, respondiendo a la responsabilidad que tenemos ante Dios, reconocemos que nuestros pecados son únicamente nuestra culpa, si los confesamos y aceptamos que en Jesucristo tenemos perdón de pecados, justicia perfecta y vida eterna, habremos empezado a vivir en la comunión con Dios, en la verdadera vida.

    Respondiendo a la responsabilidad ante la ley de Dios

    Uno de los usos de la ley es el uso pedagógico. La ley nos enseña que somos pecadores, trae la responsabilidad del pecado sobre nosotros,  y que necesitamos de Cristo quien perdona todos nuestros pecados. Veamos el proceso:

    La Ley Trae conocimiento de pecado

    La ley trae el conocimiento del pecado y no deja que podamos alegar ignorancia de la naturaleza y seriedad del pecado que hay en nosotros. No podemos ser blando y ocultarlo con palabras como errores o equivocaciones u omisiones  inconscientes, es pecado y tiene como consecuencia la muerte.

    La ley trae conocimiento del pecado, y es clara en cuanto a nuestras responsabilidades. El apóstol Pablo dice que no hubiésemos conocido la codicia, si la ley no dijera : "No codiciarás". Así la ley fue añadida a causa de nuestras transgresiones, para que tuviésemos conocimiento de lo que es pecado y tratemos de evitar los actos que contradicen la ley de Dios.

    Solo conocemos el pecado a través de lo que dice la ley.

    La ley se aplica no solo a las acciones sino también a las palabras y pensamientos

    No solamente los actos pecaminosos son penados por la Ley de Dios, sino también las intenciones del corazón. Nuestro Señor Jesucristo dice que cuando insultamos a nuestro prójimo , ya lo matamos en el corazón. Que cuando miramos a una mujer para codiciarla, sin llegar al acto del adulterio, ya adulteramos en nuestro corazón Mat 5.28) Y somos tan culpables ante la ley como si lo hubiésemos matado físicamente (Mat 5.22)

    El corazón del hombre es engañoso y perverso, y Dios nos prueba en el corazón para darnos según nuestras propias acciones, del fruto de nuestras obras (Jer 17.9-10). La intención del corazón ya es juzgada aún antes de que se produzca el acto pecaminoso, y recibirá de su fruto, una vez consumada la acción que se planificó en el corazón.

    Un corazón contrario a la ley de Dios contamina al hombre. porque de él salen los malos deseos, los pensamientos, los homicidios, las fornicaciones, los adulterios, los hurtos, los falsos testimonios y las blasfemias. Todas estas violaciones de la ley planeadas en nuestro ser interior también son pecado delante de Dios.

    Dios toma nuestras malas intenciones del corazón como pecado, porque hemos violado en nuestro corazón su santa ley

    La Ley trae juicio

    Evidentemente, la ley trae juicio, porque sin ley, un juicio no sería totalmente justo, al no haber parámetro para emitir alguna sentencia por la violación del mismo.  Por eso, Dios dio la ley, para que a través de ella podamos determinar lo que es bueno o malo ente Dios, y cómo deben ser juzgadas nuestras acciones delante de él.

    Toda obra o cosa encubierta sea buena o mala, va a ser traída para ser juzgada delante de Dios (Ecl 12.14). Igualmente, toda palabra ociosa que salga de las boca del los hombres, de ella darán cuenta en día del juicio (Mat 12.36-37). Cuando venga el Señor, él juzgará lo oculto de las tinieblas y las intenciones del corazón (1 Co 4.5)

    De tal manera que nos condenaremos o justificaremos  nosotros mismos en todas nuestras acciones, aún en las de la intención del corazón, y de las cosas mas secretas, el día que el Señor Jesucristo venga, conforme a las palabras del evangelio. (Rom 2.16). Cada quien dará cuenta de sí de absolutamente todas sus obras (Rom 14.12)

    El apóstol Pablo dice que es necesario que cada quien comparezca ante el tribunal de Cristo, y que reciba cada uno según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo (2 Co 5.10). El Señor vendrá para hacer juicio contra todos,  Y dejará convictos a los impíos que han hecho impíamente y han hablado cosas duras contra Dios y su ley (Jud 1.15)

    Debemos actuar respondiendo a la responsabilidad en este caso, siendo hacedores y conocedores de la ley , y lo que ella nos dicta , para hacer la voluntad de Dios en nosotros, agradable y perfecta.

    La ignorancia no quita la responsabilidad

    El desconocimiento de la ley no te hace inocente ante Dios cuando la violas. El punto es que, aunque no tengamos la ley dada en forma de estatutos y preceptos, Dio sembró la ley en nuestros corazones de una manera instintiva, de tal manera que no podemos poner como excusa el desconocimiento de la ley.

    El apóstol Pablo en su carta a los romanos nos orienta sobre esto sentando las bases de lo que estamos proponiendo.

    Primero porque somos inexcusables ante Dios, en cuánto al conocimiento de su existencia (Rom 1.20). Luego porque con ley o sin ley vamos a dar cuenta de nuestros actos delante de Dios, ya que Dios escribió la ley en nuestros corazones, y nos dio de naturaleza la conciencia para que pudiésemos discernir entre lo bueno y lo malo, aún cuando no tengamos ley.

    De tal manera, que los que no conocieron el evangelio, como los pueblos de América antes de la llegada del evangelio, tampoco tienen excusas de no haber recibido el evangelio como tal, porque por la ley escrita en sus corazones será el punto de juicio de Dios para ellos (Rom 2.12-16).

    De hecho, si una persona peca sin hacerlo a sabiendas, es culpable delante de Dios, y acarreará las consecuencias de su pecado (Lev 5.17)

    Entonces, respondiendo a la responsabilidad que la ley de Dios pone en nosotros, debemos actuar sabiendo que dicha ley trae conocimiento del pecado, que este pecado va a ser traído delante de Dios tanto en acciones, como en pensamientos e intenciones del corazón, que trae juicio ante nosotros, y que aún en el desconocimiento de la ley no somos excusados ente ella, debemos atender al perdón que nos ofrece Jesucristo, como  única manera de evitar el juicio de Dios.

    Respondiendo a la responsabilidad del mandato de Dios a arrepentirnos y creer.

    Por causa de que por la ley nadie será justificado, Dios nos ofrece la oportunidad de arrepentirnos de nuestras malas obras ante la ley y creer en la obra de Jesucristo que cumplió la ley por nosotros para poder aparecer justos delante de Dios.

    La responsabilidad de la humanidad es arrepentirse y creer.

    Es ordenada por Dios

    Dios nos exige que nos arrepintamos. No es una exigencia arrogante, sino que en su amor, nos da la oportunidad de ser eximidos de nuestras responsabilidades, bien sea por intenciones propias o por desconocimiento de la ley.  Dios quiere que todos procedamos al arrepentimiento y nos ordena a arrepentirnos (Hch 17.30)

    Dios nos ordena arrepentirnos por causa de juicio contra nuestra iniquidad (Eze  18.30) que ha de ser la causa de nuestra ruina en su presencia. Y la otra causa por la que Dios demanda que nos arrepintamos es por la llegada del reino de los cielos, porque sin el arrepentimiento y el evangelio no tendremos acceso a él (Mar 1.15)

    Para mostrarnos cómo ha de ser el arrepentimiento, el Señor nos conminó a la lectura de las Escrituras,  lo que se cumplió de él y lo que ha de hacerse luego de su estancia en la tierra Luc 24.46-47)

    La vida y ministerio de Jesucristo incrementa la responsabilidad de arrepentirse

    La venida de Jesucristo a la tierra nos coloca en una posición sin alternativas: o creemos lo que realmente es: que Jesucristo es Dios y que en él encontramos justicia perfecta, perdón de pecados y vida eterna, o no le creemos y continuamos enfrentando el juicio de  Dios y respondiendo a la responsabilidad de nuestros hechos. La vida y el ministerio de Jesucristo no nos dejan alternativas (Jn 3.18: Jn 15.22 ). La decisión es única y vital para nosotros en este caso, y define nuestro destino cundo tengamos que presentarnos respondiendo a la responsabilidad de confesar nuestro pecados y aceptar a Jesucristo como nuestro Señor y Salvador, y dar cuenta de esto ante el tribunal de Dios

    Por eso, el Señor Jesucristo no dejó de reconvenirnos al arrepentimiento (Mat 11.20-24), porque él sabía que no tenemos alternativas: El es el camino, la verdad y la vida, y nadie va al Padre sino es a través de él.

    Amados, debemos vivir respondiendo a la responsabilidad que Dios ha puesto en nosotros con el conocimiento de que Dios es quien lo demanda, que nos enseña cómo somos responsables de nuestros actos ante su ley y cómo hemos de ser perdonados en Jesucristo cuando le hemos fallado.  Debemos aceptar su perdón y que nos conduzca en una nueva vida donde él sea el Señor de nosotros que nos guía y nos conduce por caminos de crecimiento espiritual y por sendas que nos lleven a la vida eterna. Amen

     

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