El tesoro que tenemos en su nombre y en santificarlo, nos abre el camino al cielo

El tesoro que tenemos en su nombre y en santificarlo, son palabras que al ser comparadas con nuestro diario vivir, podríamos pensar que la humanidad es el tesoro que está en el mundo.

Jesucristo viendo el valor, decidió comprarlo, pagando con su Santa Sangre nuestra vida, para darle la salvación y la vida eterna, a su vez, pide que el Padre, sea santificado reconociéndose la santidad de Dios.

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    El tesoro que tenemos en su nombre y en santificarlo, nos abre el camino al cielo

    La palabra tesoro tiene varios conceptos pero, al final tiene el mismo significado. El tesoro es algo que tiene mucho valor para un ser vivo, y por ello se guarda con mucho cuidado.

    Sin embargo existen otras determinaciones que afirman que los tesoros son joyas, dinero u objetos de valor, que son guardados o reunidos en un sitio especial.

    Cuando acudimos a las Sagradas Escrituras, leemos que Jesucristo comparó la palabra “tesoro” con el reino de los cielos, tal como se puede apreciar en el libro de Mateo 13:44 “Además, el reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla, y lo esconde de nuevo; y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo”.

    Cuando Jesús compara el reino de los cielos con cosas terrenales debemos inferir que su deseo es que la humanidad aprenda a amar lo desconocido, que la mente del ser humano se eleve a lo sublime que es Dios, y que renuncie a los apegos y deleites carnales, así como él se entregó así mismo, para redimir a la humanidad.

     En el mismo orden de ideas, Jesús nos dice que no debemos acumular tesoros terrenales, debido a que estos se encuentran expuestos a ladrones, polillas y cualquier cosa que los destruya o los hagan desaparecer. Sin embargo, nos incentivó a guardar tesoros en el cielo donde podremos disfrutarlos sin que nadie no los quite.

    Te invito a leer: Mi identidad como hijo de Dios según la biblia

    Cómo saber si estamos guardando nuestro tesoro en el cielo

    Los tesoros en el cielo son los pensamientos en el corazón de Dios, como la justicia, la capacidad de que todo ser humano sea productivo, pensamientos bondadosos, el respeto por la dignidad de cada individuo, la provisión para todas las necesidades.

    El tesoro que tenemos en su nombre y en santificarlo
    El tesoro que tenemos en su nombre y en santificarlo

    Por eso, es necesario sembrar todo esto en nuestros corazones porque el reino de Dios vendrá a gobernar la tierra y queremos estar allí con él.

    Jesucristo dijo en el libro de Mateo 6:21 “Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón”.

    De esta manera que si nuestro corazón está llenó de avaricia, envidia, maldad, flojera, codicia no hay espacio para lo relacionado con Dios, ya que este sentir ocupará el primer lugar.

    ¿Con un corazón así, cómo podemos vivir con Dios? Debemos cultivar el bien en nuestros corazones por medio de Cristo.

    Debemos pedirle a Dios, que nos ayude a desprendernos de las cosas materiales y carnales que afectan nuestra vida espiritual.

    Así que aprender a diferenciar entre el arraigo hacia lo material y cumplir las responsabilidades que cada individuo con Dios, tiene que ser nuestro enfoque principal, porque nuestra prioridad es salvar nuestras almas para obtener vida eterna.

    ¿Cuántos tipos de tesoros puede almacenar el hombre?

    La humanidad puede almacenar en su corazón tesoros buenos o malos y es por ello que la Biblia en Mateo 12:35 dice: “El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca buenas cosas; y el hombre malo, del mal tesoro saca malas cosas”

    En este sentido, para tener buenas cosas en los corazones, es necesario e indispensable imitar a Cristo Jesús, amando a Dios por sobre todas las cosas y, a nuestro prójimo.

    Cuando nuestro corazón tiene buenos tesoros almacenados, se activa de inmediato el instinto de reconocer a Dios como nuestro único salvador, lo que nos lleva constantemente a santificar su nombre, ya que reconocemos ante el mundo que Dios está vivo y nos complace glorificarle.

    ¿Qué significa la palabra  santificar?

    La palabra Santificar  viene del verbo latino que significa santificāre y esta palabra deriva del sactus, santo o hacer santo, entonces santificar es dar uso o propósito especial, en el caso de Dios es reconocer su santidad, un ser puro y sublime que está separado por completo de lo profano y mundano.

    Siendo el nombre de Dios “Yo Soy el que Soy”, es decir el principió y el fin, podemos determinar que Dios es un ser muy especial y además Santo, y la palabra santificar la leemos desde Génesis 2:3 ya que Dios, en el día séptimo vio que su obra era buena, lo bendijo y lo santifico declarándolo día de reposó. Así que Dios en su máximo poder y justicia bendice y santifica lo bueno.

    ¿Qué significa Santificado sea tu nombre?

    Primeramente, es importante tener claro que ya el nombre de Dios es santo , desde todos los tiempos y hasta la eternidad, entonces la expresión santificado sea tu nombre, lo que quiere decir es que no hay nada más santo que el nombre del Señor, a su vez se reconoce que es el único y verdadero Dios y aunque las diferentes sociedades determinen lo malo como bueno y viceversa, Dios siempre será santo.

    Al santificar estamos describiendo la personalidad de Dios. De este modo, el nombre de Dios posee una naturaleza santa de por sí, y en la Biblia leemos como los ángeles cantaban: “Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria” (Isaías 6:3)

     Honrando primeramente el nombre de Dios, por ello Jesús nos indica que antes de pedir nada a Dios, lo primero que debemos hacer, es honrar su nombre, siendo la oración grata a sus oídos.

    Al santificar su nombre el hombre refleja su más alta reverencia. Cuando la humanidad ora a Dios, debe inclinarse en humildad y reverencia ante un ser supremo, sublime y excelso al que llamamos Padre, de esa manera le adoramos y le damos el primer lugar, en pensamientos, acciones que finalmente repercuten en la vida de cada ser, el deseo de honrarlo debe ser reflejado, con palabras y hechos, todos los días de nuestras vidas.

    Como observamos, ya no solo es suficiente con saber y sentir que Dios es santo, es necesario, ir más allá, traspasar cualquier frontera que nos permita agradecer tanto amor.

    Al orar todos los días, estamos iniciando esa acción de Fe, de convicción, de reconocimiento y devoción pero, apenas este es el primer paso importante para que el hombre pueda llegar a Dios.

    Como reflexión es importante tener en cuenta que, todo ser humano debe guardar los buenos tesoros en su corazón y en el cielo, creer en nuestro Señor Jesucristo  en cuerpo, mente, alma y espíritu, glorificar el nombre de Dios Padre, lo cual, no solo muestra nuestra reverencia hacia Dios, sino que lo reconocemos como nuestro único Dios y salvador.

    Aunque Jesucristo nos mira como un tesoro hermoso que merece ser rescatado, nosotros como seres humanos debemos de estar claros, de que él es Dios Todopoderoso, Santo de por sí, con el que deseamos vivir y tener una vida eterna con él, y para él.

    Así que vamos a hacerle los honores a quien se lo merece y santifiquemos su nombre con humildad y reverencia todos los días de nuestras vidas.

    Puedes leer: Viviendo Para Agradar a Dios: 4 maneras de hacerlo.

    Dra. Mercedes Pérez Sarrameda

    Sandra Faría

    Hija y sierva de Dios, Profesora en el área de Lengua y Literatura, Magíster en Literatura Latinoamericana, egresada de la UPEL-Maracay. Con experiencia en la docencia, en la redacción y edición de artículos en diferentes blogs en la web.

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