La formación del carácter según Nuestro Señor Jesucristo

La formación del carácter es lo que nos define como cristianos verdaderos en Cristo Jesús porque cuando nos dejamos formar, el Espíritu Santo nos va procesando y formando mediante pruebas que vamos a tener, donde tendremos que pasar muchas penalidades, tal como lo señala la palabra:

"Tú, pues, hijo mío, esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús. Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros. Tú, pues, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo" (2 Timoteo 2:1-3)

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De esta manera que con Cristo Jesús tenemos la gracia de nuestro Señor, sin embargo tenemos que pagar el precio, esforzarnos y ser valiente. De esta manera, nuestro carácter se va formando, y podremos estar listos para combatir al enemigo, superar las adversidades, recibir las bendiciones y obtener la victoria.

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    La Formación de carácter

    Para comprender el proceso de formación del carácter en Cristo Jesús es necesario entender el significado de los términos. El vocablo "Carácter" proviene de la palabra griega “jaracter”, la cual viene del verbo “jarassein” que denota grabar o imprimir.

    En este sentido, la etimología de esta palabra resulta ser muy rica y hermosa, ya que revela que lo que existe en nuestra alma y espíritu se va "imprimiendo" en nuestro carácter semejante a una estampa.
    Ciertamente en cada persona podemos hallar un misterio interior y uno exterior. El primero se refiere a aquello que se encuentra en el corazón y el segundo es lo que define el carácter.

    Así que este carácter define la manera de ser de una persona, por esta razón corresponde a la suma de todas las características de una persona tal como se puede evidenciar en su conducta.
    Entonces constituye la integración de todas las cualidades y defectos relacionados con la parte moral de la personalidad.

    La formación del carácter de una persona se revela por la forma en la que se comporta en su vida cotidiana y en las diferentes situaciones que se les presente. Esto incluye sus actitudes, su forma de sentir, hablar, pensar, actuar, decidir y reaccionar.

    En primera instancia el carácter se manifiesta dentro de la convivencia familiar, dentro del trabajo, en nuestras relaciones interpersonales, en la manera como tratamos a nuestros semejantes, cuando cumplimos nuestros deberes y asumimos nuestra responsabilidad.

    El aspecto que más sobresale del carácter de una persona se conoce por la manera en la que reaccionamos frente a la prueba que se nos presenta.

    Qué es el carácter y la personalidad

    Por un lado encontramos que el término "carácter" se refiere a los aspectos que encierran nuestras cualidades y debilidades, es decir, las cosas que están bien y aquellas que están mal.
    Por otro lado, el vocablo "personalidad" encierra todo lo que es moralmente neutro se usa para referirse a aquello que en nuestra manera de ser es moralmente neutro.

    Cada persona es única y el trato de Dios hacia esa persona es de forma individual porque cada quien tiene su propio carácter, con las características que lo definen.
    De esta forma encontramos personas tranquilas, extrovertidas, introvertidas, emotivas, racionales, entre otras. Cada una de estas personalidades no son mejores o peores que otras, ya que constituyen en parte del carácter de cada persona.

    En este sentido, en la personalidad se ajustan elementos muy propios donde se percibe la emotividad, el temperamento, la inteligencia, entre otros, que definen a cada persona como individuos únicos.
    Al respecto en la palabra, se nos muestra que fuimos escogidos desde el vientre de nuestra madre, así que ya Dios tiene un propósito en nuestra vida, pero para llevarlo a cabo debemos formar nuestro carácter mediante procesos y pruebas.

    La palabra nos señala lo siguiente: “Antes que yo te formara en el seno materno, te conocí, y antes que nacieras, te consagré, te puse por profeta a las naciones” (Jeremías: 1:5) En esta cita podemos ver cómo Dios le habla al profeta de Jeremías con respecto al propósito que tenía en su vida. De esta forma todos estamos llamados a servir al Señor y él nos conoce desde siempre y sabe todo acerca de nosotros.
    En este mismo orden de ideas, es importante diferenciar los diferentes rasgos que definen las características propias de la personalidad de cada individuo. Por esta razón que todo aquello en nuestra forma de ser que no sea del agrado del Señor, debe ser corregido.

    De qué manera se comienza a conformar el carácter

    El carácter se comienza a formar en la medida en que se va creando un hábito en la persona, donde nuestras acciones se manifiestan de forma reiterada por una persona. Cuando este hábito tiene que ver con la conducta moral, llega a concretarse en una característica definida del carácter.

    La formación del carácter
    La formación del carácter

    Dichas características pueden presentarse forma positiva o negativa en nuestra vida como cualidades morales como la humildad, bondad, sinceridad, entre otros. De igual forma se pueden presentar como defectos morales como el egoísmo, la falsedad, el enojo, la soberbia, entre otros.

    Todas estas características que van formando el carácter, en su mayoría, provienen de la niñez, de esta manera, al principio, la conducta forma el carácter, y una vez formado, naturalmente se condiciona la conducta.

    8 Cualidades del carácter según Nuestro Señor Jesucristo

    La primera cualidad que se presenta en la biblia con respecto a la formación del carácter cristiano, la podemos encontrar en la primera parte del sermón de la montaña , en lo que frecuentemente se denominan “las bienaventuranzas”, tal como se aprecia en la palabra:

    “Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación. Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo” (Mateo 5.3-12)

    Este sermón de la montaña, que se aprecia en los capítulos 5, 6 y 7 de Mateo, de acuerdo a los estudiosos es la primera parte establecida en los evangelios, y representaba la base que empleaba la iglesia del primer siglo para enseñar y adiestrar a los discípulos. De tal manera que aquí podemos encontrar una enseñanza indispensable para la formación de los discípulos y por lo tanto de su carácter.

    El término “Bienaventurados”, significa dichosos, felices, afortunados. Así que la felicidad no es una meta sino que se muestra como una consecuencia y ésta debe ser como Dios quiere, y no como nosotros queremos.

    De esta manera que nuestra felicidad y gozo está dada por aquello que Dios nos proporciona, lo cual se ajusta a su perfecta voluntad y esto nos permite saber que aunque estemos en adversidad tenemos el gozo del Señor, el cual es nuestra fuerza, tal como lo establece la palabra:
    “Y les dijo: Id, comed grosuras, y bebed vino dulce, y enviad porciones a los que no tienen aparejado; porque día santo es a nuestro Señor; y no os entristezcáis, porque el gozo del SEÑOR es vuestra fortaleza” (Nehemías 8:10)

    En este sentido, el carácter refleja lo que somos en Cristo Jesús y por ende determina nuestra conducta. Al respecto Jesucristo señala ocho cualidades de carácter que debe distinguir a sus discípulos:

    1.- La humildad

    La primera cualidad que Jesús señala es la humildad por eso lo indica en su palabra: “ Bienaventurados los pobres en espíritu...” (Mateo 5.3). Los pobres en espíritu son los que están consientes de que nada son sin Dios.

    La humildad de corazón es la piedra fundamental de la formación del carácter. Todo comienza por aquí, por la humildad. Todo pecado se inició con el orgullo, el de Lucifer, y el de Adán y Eva, y eso trajo como consecuencia la sedición contra Dios, ya que ellos quisieron ser como Dios.

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    Así que no existe nada en nosotros por nuestra propia virtud. Por lo cual, la humildad es la cualidad más natural, propia y lógica de la naturaleza humana.

    2.- El quebrantamiento

    La biblia nos dice lo siguiente con respecto al quebrantamiento: “Bienaventurados los que lloran...” (Mateo 5:4) Pero Jesús hace referencia no a los que lloran por rabia o por autocompasión sino aquellos que sienten un legítimo quebrantamiento ante la presencia de Dios:

    “Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados” (Isaías 57:15).

    Ante esto encontramos en Dios la promesa de su consolación en nuestra vida, ya que los que lloran y claman ante el Padre serán consolados y encontrarán refugio en su presencia.

    3.- La mansedumbre

    La palabra de Dios nos dice lo siguiente: “Bienaventurados los mansos...” (Mateo 5:5) De esta manera, esta cualidad define el carácter de Cristo y nos acerca al propósito que él tiene en la vida de cada uno de sus hijos. La tercera cualidad es la mansedumbre. Jesús dijo : “aprended de mí que soy manso y humilde de corazón” (Mateo 11.29).

    En este sentido, cuando se habla de ser mansos, es lo contrario a ser rebelde. Los mansos obedecen y muestran buena disposición, con alegría y paz ; son dóciles, pacientes, presentan dominio propio.

    4.- La justicia

    La palabra de Dios nos señala lo siguiente: “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia...” (Mateo 5:6) En algunos casos esta enseñanza es malinterpretada, pero debemos entender que la justicia proviene de Dios y no de los hombres.

    De esta manera somos bienaventurados porque recibiremos la justicia divina, porque ciertamente anhelamos “cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia” (2 Pedro 3:13)

    La justicia de Dios es muy superior, y va más allá de nuestro pensamiento, por esta razón la verdadera justicia es la que proviene de Dios, la cual está asociada al amor y a la misericordia. Esto lo podemos apreciar en la siguiente cita: “Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos” (Mateo 5:20)

    5.- La misericordia

    La misericordia es una de las cualidades que todo cristiano debe tener, ya que refleja la compasión que Dios tiene por cada uno de sus hijos, por eso la palabra de Dios bendice a aquellos que muestran esta cualidad, tal como lo anuncia la palabra: “Bienaventurados los misericordiosos” (Mateo 5:7)

    El término “misericordia” está compuesta por dos palabras del latín. Una es la palabra “miseria” y la otra es la palabra “cordia” que significa “corazón”. Lo cual significa tener el corazón abierto y dispuesto para aquel que está en la miseria, para aquel que tiene una necesidad y está sufriendo.

    En este sentido, Misericordia significa tratar a otros como Dios nos trata a nosotros.
    El misericordioso tiene una actitud positiva para con todos, es amable, bueno, perdona, ama, sirve, sonríe ; y no deja de hacerlo aunque las personas no le correspondan del mismo modo.

    Pero el aspecto más específico es su generosidad y su servicio desinteresado para con el carente o con el que sufre, como el ejemplo del buen samaritano.

    6.- La pureza de corazón

    Como cristianos debemos tener la pureza de corazón de Nuestro Señor Jesucristo, por eso en la palabra Jesús nos muestra lo siguiente: “Bienaventurados los de limpio corazón...” (Mateo 5:8)

    En este sentido, los limpios de corazón se presentan mansos, tienen sed de justicia, son misericordiosos y limpios de corazón. También implica tener deseos puros y rechazar cualquier deseo impuro que pueda corromperlo y alejarlo de Dios.
    De igual manera, tiene que ver con el hecho de tener las intenciones correctas ante cualquier circunstancia para agradar al Señor.

    7.- La paz

    La palabra de Dios siempre nos demanda a que debemos estar en paz y serenidad, a buscar esa paz que sobrepasa todo entendimiento. Por esta razón “Bienaventurados los pacificadores...” (Mateo 5:9), aquellos que buscan esa paz divina y evitan a toda costa la contienda, las riñas y las peleas.

    En este sentido, debemos ser personas que emanen la paz de Cristo en todo momento, ser hombres y mujeres de paz. Es muy difícil pelear con un pacificador porque si uno lo ofende, y él nos perdona y nos ama; si lo atacamos, él no reacciona.

    De esta forma, el pacificador devuelve bien por mal, perdona, cede, prefiere perder. También significa que debemos ser un instrumento de paz entre los hombres, porque somos un puente de reconciliación entre aquellos que está en contienda.

    8.- La alegría a pesar de la persecución

    Una de las características del carácter que nos enseña nuestro Señor Jesucristo es el mantener la alegría a pesar de la persecución, tal como se expresa en la siguiente cita: “Bienaventurados los que padecen persecución...Gozaos y alegraos...” (Mateo 5:10-12)

    En este sentido cuando sentimos alegría en medio de la prueba, estamos mostrando el carácter de Cristo. Así que nuestra alegría no está condicionada ni por las circunstancias favorables ni por las perjudiciales, ya que todo nuestro gozo depende únicamente de nuestra relación con Cristo.

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    Sandra Faría

    Hija y sierva de Dios, Profesora en el área de Lengua y Literatura, Magíster en Literatura Latinoamericana, egresada de la UPEL-Maracay. Con experiencia en la docencia, en la redacción y edición de artículos en diferentes blogs en la web.

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