La maldad en este siglo según la biblia - El propósito de Dios en la tierra

La maldad en este siglo es un tema controversial porque los incrédulos se la quieren atribuir a Dios, ya que éste según ellos, no hace nada al respecto. Es muy difícil afrontar las cosas malas que pasan en este mundo tomando en cuenta de que tenemos un Dios que podría solventar esa situación.

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Sin embargo, los creyentes estamos claros en que la culpa no es de Dios, es de la propia humanidad que se niega a aceptar la doctrina de Dios y se dejan llevar por los deseos carnales. Así como el pueblo de Israel lo hizo a pesar de las maravillas que Dios había hecho para liberarlos de la opresión. Esto se puede apreciar en el siguiente pasaje:

“Entonces Dios se apareció con toda su gloria en el santuario, delante de todos los israelitas, 11 y le dijo a Moisés: —¿Hasta cuándo este pueblo seguirá creyendo que yo no soy importante ni tengo poder? Ya he hecho tantos milagros delante de ellos, ¿y todavía no creen en mí? 12 Les voy a enviar una enfermedad que acabe con ellos. Pero de ti haré un pueblo más grande y numeroso” (Números 14:10-12)

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    La maldad en este siglo - El Propósito de Dios en la tierra

    El problema de la maldad en este siglo se basa en que existe un Dios, Todopoderoso, misericordioso y amoroso que la permite.  Esto es lo que pueden llegar a pensar muchos incrédulos, ya que lo más razonable es que si Dios puede eliminar la maldad pues por qué no lo hace.

    Ante esto se debe entender que Dios es soberano, nadie puede darle órdenes ni sujetarlo, ya que él tiene dominio propio, y representa la máxima autoridad. Sin embargo, el respeta tu libre albedrío, tal como lo afirma la escritura:

     “Hoy pongo al cielo y a la tierra por testigos contra ti, de que te he dado a elegir entre la vida y la muerte, entre la bendición y la maldición. Elige, pues, la vida, para que vivan tú y tus descendientes” (Deuteronomio 30:19)

    En la actualidad, los creyentes se afianzan en la ciencia para encontrar las respuestas a tantos interrogantes. Pero  aún no logran tener una solución factible para convencer a los incrédulos de que la maldad en este siglo es culpa de la propia humanidad y no de Dios, él simplemente respeta el libre albedrío y se aparta del pecado.

    En este sentido surge la paradoja de Epicuro, la cual consiste según la filosofía de la religión, en la contradicción que se presenta cuando se  combina la existencia del mal y del sufrimiento en la tierra con la existencia de un Dios omnipresente, omnisciente, omnipotente y omnibenevolente.

    Así que el problema del mal surge de la suposición de que un Dios todopoderoso debe ser capaz de acomodar lo malo de este mundo, porque si el mal existe es porque Dios lo permite o quiere que exista. Por lo cual se comienza a cuestionar la existencia de un Dios y de su poder.

    Los cristianos responden a esta contradicción con la explicación del libre albedrío: Dios nos concede este regalo y, por tanto, Él no es responsable del mal que ocasionamos. Pero esta respuesta falla cuando se habla, por ejemplo, del sufrimiento que generan los desastres naturales.

    Por su parte el científico Singer, los cristianos tratan de justificar el dolor humano señalando que todos los seres humanos son pecadores y, por lo cual, pueden tener un destino terrible. Pero, además este científico se hace la siguiente interrogante: Qué pasa en el caso de los niños que aún no han cometido ningún pecado y que son inocentes.

    Según las Escrituras el pecado original fue heredado por Adán y Eva, quienes comieron del fruto prohibido, desobedeciendo a Dios. Por lo cual si no hay un verdadero arrepentimiento, este pecado será nuestra atadura y nuestra carga, tal como lo expresa la palabra:

    “pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no deberás comer. El día que de él comas, ciertamente morirás” (Génesis 2:17)

    “La mujer vio que el fruto del árbol era bueno para comer, y que tenía buen aspecto y era deseable para adquirir sabiduría, así que tomó de su fruto y comió. Luego le dio a su esposo, y también él comió” (Génesis 3:6)

    En este sentido Adán y Eva pecaron y por eso debemos padecer calamidades en este mundo hostil. Pero cuando el cordero hecho hombre llegó a esta tierra, agarró todo el sufrimiento y lo llevó a cuestas. Cargó con nuestras iniquidades y pecados y murió en una cruz, dándonos vida en abundancia.

    Este regalo maravilloso es la salida al sufrimiento, es nuestro refugio perfecto. Solo hay dolor cuando renegamos de él y no creemos en su fidelidad y en su amor eterno. Gracias a su perdón, somos salvos y liberados de las ataduras del pecado.

    Sin embargo, Dios nos pone pruebas en este camino angosto, las cuales tienen un propósito determinado. Pero estas pruebas traen bendiciones y nos moldean a imagen y semejanza de Cristo. Nuestro Padre no nos coloca obstáculos que no podamos superar, tal como lo afirma su palabra:

    “No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea común a los hombres; y fiel es Dios, que no permitirá que vosotros seáis tentados más allá de lo que podéis soportar, sino que con la tentación proveerá también la vía de escape, a fin de que podáis resistirla” (1 Corintios 10:13)

    El sufrimiento y la maldad en la tierra: Las pruebas de Dios para sus Hijos

    Jesucristo cuando vino a este mundo por primera vez nos dio lecciones de vida, que no podemos pasar por alto a la hora de analizar la maldad en este siglo, ya que sus predicciones y parábolas nos estaban preparando para eso. Así que la maldad en este siglo tiene un propósito para los Hijos de Dios, vencer al mundo y ser salvos por medio de Jesucristo, el salvador.

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    Nuestro Señor Jesucristo es el Hijo de Dios, es todopoderoso, pero aún así tuvo que sufrir y morir de una forma muy dolorosa. Así que si él padeció siendo santo, imagínese lo que un pueblo incrédulo debe sufrir para aprender y creer en Dios.

     El sufrimiento no es algo agradable, nadie quiere padecerlo, pero es un gran maestro para apreciar las bendiciones de la vida cuando ya hemos pasado por las pruebas dolorosas. Tal como lo expresa la palabra: “Bueno es para mí ser afligido, para que aprenda tus estatutos” (Salmos 119:71)

    En este sentido, el Señor utiliza las pruebas para acercarnos más a él y muchas veces, las usa para disciplinarnos,  corregirnos, así como lo hace un buen Padre con sus hijos, a quienes ama. Sin embargo cuando nos viene una prueba podemos desesperarnos y olvidar que Dios está con nosotros. Por lo cual en el momento de gran tribulación es cuando más se debe recurrir a la oración y a la lectura de la palabra, la cual refresca nuestra alma.

    Además, cuando Dios nos pone esas pruebas, solo debemos dejarnos guiar por el Espíritu Santo, porque no sabemos exactamente cuál es el plan de Dios con cada uno de nosotros porque él trabaja de forma misteriosa y muchas veces no logramos comprender todo. Pero sin duda alguna:  “Dios hace que todas las cosas cooperen para el bien” (Romanos 8:28)

    La palabra de Dios no nos especifica si todas las cosas son buenas o que las pruebas son siempre para disciplinarnos. Simplemente, dice que el Señor tiene un plan para todo aquello que nos acontece, y que él ya ha determinado que todo obre para bien de sus hijos.

    En la actualidad, muchas cosas nos pueden pasar como contiendas, desigualdad, injusticias, enfermedades, entre otras y es consecuencia de vivir en un mundo que está caído. Pero el Señor nunca permite una prueba que no haya determinado para el bienestar de sus hijos.

    De esta manera que Dios trabaja de manera soberana y su propósito no lo podemos saber con exactitud. Lo que realmente sabemos es que esas pruebas traen victoria y bendiciones para los que aman al Señor.

    No debemos pensar de forma negativa, diciendo que Dios nos colocó esas pruebas como un castigo, o por nuestros pecados. Si esto fuera así los hombres de Dios no hubieran padecido calamidades, así como Job que tuvo que padecer mucho sufrimiento, siendo un hijo fiel al Señor.

    Por otro lado, tampoco debemos pensar que las pruebas aparecen por casualidad o se presentan como accidentes y cosas fortuitas. A pesar de que no sabemos específicamente los planes de Dios, podemos apreciar que en la palabra se hace énfasis a buscar cada día más de él y de su presencia.

    Las pruebas nos acercan más a Dios o eso es lo que deberíamos hacer como cristianos, porque en la medida en que nos refugiemos en su presencia, el dolor será menos intenso y la esperanza prevalecerá.

    Sin embargo, como personas que vivimos en un mundo caído y lleno de pecados y maldad, no estamos exentos a padecer de las enfermedades mortales y calamidades. Pero como creyentes y fieles hijos de Dios, tenemos una mayor esperanza que no consiste en prolongar nuestra vida como hijos de la carne, sino en la resurrección de entre los muertos cuando Cristo venga por segunda vez.

    La maldad al asecho y las promesas de Dios

    Este siglo que estamos viviendo está, sin duda alguna, minado de pecado, maldad, destrucción y muerte. Pero Nuestro Señor Jesucristo ha vencido, así como lo hizo al inicio de la nueva creación.

    La maldad en este siglo
    La maldad en este siglo

    De esta manera que Dios nos proporciona la seguridad y protección de nuestra alma y sin importar lo que nos pase en esta vida, tenemos la promesa de que esta vida es pasajera y que todo lo que estamos viviendo es temporal.

    Pero nuestra salvación es eterna y tendremos un hogar con Dios y un gran banquete que nunca se terminará. Tal como lo dice su palabra:

    “Por tanto, habiendo sido justificados por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, por medio de quien también hemos obtenido entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, carácter probado; y el carácter probado, esperanza; y la esperanza no desilusiona, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que nos fue dado” (Romanos 5:1–5)

     En este sentido, hemos sido justificados por Cristo y estamos bajo su promesa divina. Nos gloriamos en la esperanza y en la tribulación porque toda prueba trae bendiciones de lo alto que son derramadas a los que verdaderamente aman al Señor.

    Además tenemos al Espíritu Santo que es el consolador ante nuestra tristeza y desolación. En este siglo, aunque la maldad permanece, debemos comprender que ésta no será eterna y cuando Cristo venga por segunda vez, el mal será totalmente destruido y los Hijos de Dios entraremos en el reino de los cielos, en la nueva Jerusalén con nuestro Padre Celestial.

    Así que recuerda que Dios tiene un plan divino para cada prueba que tengas que atravesar, él se asegurará de que todo lo que te pase en ese momento de tribulación, te sirva para tu santificación y salvación.

    Nuestro Padre Celestial tiene el control de todas las cosas, y la maldad en este siglo, no será eterna. Tenemos una promesa divina de la cual aferrarnos cuando nazcan dudas infundadas, ya que al ver tantas injusticias, muertes, enfermedades, podemos en algún momento cuestionar muchas cosas.

    Somos humanos, y es natural querer que Dios termine con todo lo malo. Pero el tiempo de Dios es perfecto y él actúa conforme a su propósito aquí en la tierra. No caigamos en hacer juicios contra Dios porque estaríamos pecando y dudando de su palabra, en la cual podemos comprender su manera de actuar ante la maldad de la humanidad, la cual se deja absorber por las cosas de este mundo que conllevan a la condenación y muerte espiritual.

    Debemos estar firmes en medio de la tormenta, confiar plenamente en las promesas de Dios y pedirle misericordia para este pueblo ingrato que se reúsa a aceptar que existe un único y verdadero Dios, el creador del cielo y de la tierra, el Rey de Reyes y Señor de Señores, Nuestro Padre Celestial, Todopoderoso, el Gran Yo Soy.

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    Sandra Faría

    Hija y sierva de Dios, Profesora en el área de Lengua y Literatura, Magíster en Literatura Latinoamericana, egresada de la UPEL-Maracay. Con experiencia en la docencia, en la redacción y edición de artículos en diferentes blogs en la web.

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