El Poder de la oración a la sangre de Cristo por los hijos

La oración a la sangre de Cristo por los hijos se hace para recordar el sacrificio perfecto y el poder que tuvo para todos nosotros porque gracias a este plan divino, pudimos alcanzar la salvación y ahora tenemos acceso al reino de los cielos.

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Por esta razón es importante orar constantemente por nuestra familia, especialmente por nuestros hijos para que estén encaminados en la luz admirable de Cristo y no se pierdan. Tal como se aprecia en el libro de Proverbios 22:6 “Instruye al niño en su camino, Y aun cuando fuere viejo no se apartará de él”

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    El poder de la oración a la sangre de Cristo por los hijos

    La frase “la sangre de Cristo” aparece con mucha frecuencia en el Nuevo Testamento, y representa la muerte sacrificial y la obra en su totalidad paga de Jesús en nuestro favor. Cuando se hace referencia a la sangre de Cristo, se señala el desangramiento literal que sufrió nuestro Señor en la Cruz del calvario.

    De esta manera que la sangre de Cristo tiene el poder de purificar nuestros pecados y por eso muchas personas tienen su fe puesta en esa sangre para ser salvos.

    En este sentido, esta sangre como instrumento de purificación de los pecados, tiene su origen en la Ley de Moisés. Así que una vez al año, el sacerdote debía realizar una ofrenda de la sangre de animales en el altar del templo por los pecados de todo el pueblo para aquella época en la que se vivía bajo la ley.

    Pero ahora vivimos bajo la gracia: “Y según la ley, casi todo es purificado con sangre, y sin derramamiento de sangre no hay perdón.” (Hebreos 9:22). Sin embargo, este tipo de ofrenda estaba limitada en su efectividad, por lo cual debía ser ofrecida en varias oportunidades.

    Pero cuando Cristo hizo su sacrificio ya no fue necesaria la sangre de esos animales: “Pero en esos sacrificios hay un recordatorio de pecados año tras año. Porque es imposible que la sangre de toros y de machos cabríos quite los pecados.” (Hebreos 10:3).

    Porque la sangre de Cristo constituye ahora el Nuevo Pacto entre Dios y los hombres, tal como se puede evidenciar en su palabra: “Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que es derramada por vosotros.” (Lucas 22:20).

    Cuando vertemos el vino en la copa, significa que reconocemos ese sacrificio y representa la sangre preciosa de Nuestro Señor Jesucristo, la cual nos limpia de todo pecado. Así que el Antiguo Pactó quedó eliminado por la sangre de Jesús, quien era un hombre sin mancha: “la sangre preciosa de Cristo, un cordero sin mancha o defecto.” (1 Pedro 1:19).

    De esta manera que Jesucristo pagó en su totalidad la deuda del pecado que debíamos al Señor, por lo cual ya no  necesitamos más sacrificio por el pecado. Tal como lo dijo el maestro Jesús en su palabra:

    “Pero estando ya presente Cristo, sumo sacerdote de los bienes venideros, por el más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es decir, no de esta creación, y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención” (Hebreos 9: 11-12).

    De esta manera que la oración a la sangre de Cristo por los hijos es poderosa, ya que tiene la facultad de redimirlos del pecado y castigo eterno y llevarlos a la luz admirable del Señor. Por lo cual nuestros hijos estarán bajo la cobertura del Todopoderoso, quien los limpia y purifica mediante su preciosa sangre que representa el Nuevo Pacto, donde prepondera la Gracia.

    En este sentido la sangre de Cristo debe estar presente en nuestras oraciones, recordando siempre el sacrificio perfecto de nuestro Señor Jesucristo en la cruz del calvario, ya que hemos sido redimidos y ahora somos nuevas criaturas, tal como lo dice su palabra:

    “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17)

    3 Razones para orar por los hijos y la familia

    A través de la comunión que tengamos con Cristo y el Pacto de sangre que hizo, podemos proteger a nuestra familia mediante la oración. Nuestra relación debe basarse en una comunicación sincera con Dios en toda su plenitud. Jesucristo nos enseña a orar en sus evangelios:

    “Ustedes deben orar así: Padre nuestro que estás en el cielo: Que todos reconozcan que tú eres el verdadero Dios. Ven y sé nuestro único rey. Que todos los que viven en la tierra te obedezcan, como te obedecen los que están en el cielo.

    Danos la comida que necesitamos hoy. Perdona el mal que hacemos, así como nosotros perdonamos a los que nos hacen mal. Y cuando vengan las pruebas, no permitas que ellas nos aparten de ti, y líbranos del poder del diablo.”(Mateo 6:9-13)

    La oración tiene poder sin duda alguna, ya que Dios escucha nuestro clamor e intercede en cada una de nuestras peticiones, pero conforme a su voluntad, no la nuestra. Esto es algo que tenemos que tener claro, ya que Dios es soberano y escudriña nuestro corazón y conoce nuestros deseos.

    Sin embargo, debemos considerar que en la actualidad no es fácil vivir en una sociedad donde los valores se han visto socavados y donde la familia se ha desintegrado. La autoridad de los padres se ha minorizado y simplemente los hijos no quieren escuchar los consejos que les ofrecen por su bienestar, ya que sus intereses son distintos y solo piensan en vivir y hacer las cosas del mundo.

    Incluso los hijos que provienen de familias cristianas se pueden ver absorbidos por el sistema y se pueden dejar arrastrar por las cosas del mundo, ya que no somos perfectos y tenemos el libre albedrío, donde la salvación es individual.

    Sin embargo, Dios desea cambiar a la familia para que llegue a ser el tipo de familia que él anhela. Por esta razón, Dios ha establecido un modelo, donde podemos encontrar las razones por las cuales debemos orar sin cesar por nuestros hijos:

    1.- La oración en familia es poderosa

    Una de la razones por las cuales debemos acudir a la oración es para mantener a la familia unida y en constante comunión con Dios. Representa un arma poderosa que nos ayudará a enfrentar los momentos difíciles de la vida y a sobrellevar una sana convivencia.

    La sangre de Cristo debe ser recordada en esa oración, ya que a través de ella somos limpiados y liberados de la esclavitud del pecado. Además nos ayuda a mantener los lazos familiares recordando que por esa preciosa sangre tenemos acceso a la vida eterna.

    De igual forma es reconfortante que los hijos vean orar a los padres y les sirvan de modelo, que aprendan que a través de la oración podemos abrir muchas puertas y obtener las bendiciones que Dios nos ha prometido en su palabra.

    Una familia unido y en comunión con Dios constituye una herramienta fundamental para vencer al enemigo y mantener la calma en medio de la tormenta, sabiendo que Jesucristo intercede por nosotros a través de su sangre preciosa.

    Sabemos que la salvación es individual, pero Dios escucha la oración a la sangre de Cristo por los hijos, donde le recordamos el Nuevo Pacto, donde prepondera la Gracia y favor de Nuestro Padre Celestial. Así que él escucha con detenimiento nuestras peticiones, incluso antes de pedir, ya él nos da lo que anhelamos en nuestro corazón, que es la salvación de nuestra familia e hijos.

    Por lo cual al orar todos juntos en familia se activan las bendiciones y la presencia de Dios se hace presente, tal como lo señala su hermosa palabra donde Jesucristo nos dice que "cuando hay dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos" (Mateo 17,19).

    En este sentido dentro de la familia cristiana debe ser prioridad la oración para agradecerle a Dios por todas sus bendiciones y para pedirle su protección ante las dificultades. Dios desea que seamos una unidad proveniente de él.

    Es por esta razón que Pablo exhorta a la iglesia para que sea uno ser uno, y esto se puede evidenciar en su palabra: “Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer” (1 Corintios 1:10)

    De igual forma Jesucristo nos muestra que la mujer y el hombre al unirse en matrimonio constituyen una sola carne, ya que deben ser una unidad basada en el amor de Cristo, tal como lo revela su palabra: “y dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne?” (Mateo 19:5)

    En este sentido, si mantenemos ese concepto de unidad no existirían tantas divisiones en las diferentes iglesias, no habrían tantos divorcios, ni hijos pródigos dentro de las familias. Así que Dios demanda a que nos entreguemos unidos a él y a su voluntad bajo la cobertura del Espíritu Santo que nos conforta y nos alienta cada día de nuestras vidas.

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    2.- Debemos ser una influencia efectiva y positiva en la vida de nuestros hijos a través de la oración

    La mayoría de las personas tienen hijos, bien sea naturales o espirituales, por quienes hemos sufrido dolores de parto, y ese sufrimiento por ellos está siempre presente en nosotros hasta que Cristo sea formado en ellos. El libro de Gálatas 4.19 nos muestra lo siguiente:  “Queridos hijos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto hasta que Cristo sea formado en ustedes”.

    Dios nos enseña en su palabra que los hijos son la herencia de él, por lo cual debemos apreciarlos como un valioso tesoro que nos han dado por un tiempo estipulado, y de ese tesoro nosotros como padres daremos cuenta al Señor de lo que él nos ha entregado.

    oración a la sangre de Cristo por los hijos
    oración a la sangre de Cristo por los hijos

    Así que es una gran responsabilidad que debemos asumir como hijos de Dios, apoyándonos en la lectura de la palabra y en las oraciones que son nuestra fuente de agua viva. De lo contrario, le habremos fallado a él, y eso es algo que no queremos, puesto que el sacrificio no fue en vano, y estamos llamados a hacer la voluntad del Padre.

    Debemos comprender que no existe el padre ni la madre perfecta, pero existe en padre comprometido con el propósito que Dios tiene con nosotros y con nuestros hijos, donde nosotros somos pilares fundamentales en la formación de ellos.

    Debemos primeramente ponerlos en manos de Dios y presentarlos ante él par que nos ayude a asumir tal responsabilidad y que se sienta orgulloso de nosotros.

    De esta manera, nada podemos hacer por los demás si no nos sucede a nosotros. Lo mismo pasa con nuestro hogar, ya que debemos ser un ejemplo a seguir para nuestros hijos, tal como lo refleja la palabra: “Camina en su integridad el justo; Sus hijos son dichosos después de él.” (Proverbios 20:7)

    Por esta razón aquellos padres que no ponen en práctica aquello que predican, no pueden influir de forma positiva en su familia. Y es muy probable que ellos nunca se conviertan de forma sincera a Cristo, ya que su vida se basa en las apariencias. Por eso el mejor testimonio en tu hogar, la manera en la que viven y la comunión que exista con el Padre Celestial.

    3- La oración nos lleva a la prosperidad y al éxito por añadidura

    La familia cristiana debe estar enfocada primeramente en su comunión con Dios, antes de buscar por su propia cuenta que ésta prospere, ya que sin él nada podemos hacer, y esto se muestra claramente en el salmo 127: 1-2 "Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican; Si Jehová no guardare la ciudad, en vano vela la guardia".

    Sin embargo no podemos orar y espera a que Dios solucione todo por arte de magia, ya que nosotros somos instrumentos que fuimos creados con un propósito y a quienes se les otorgaron unos dones para poner en práctica en nuestro día a día.

    De esta forma que debemos ser diligentes en lo que hacemos, hacer las cosas de corazón y buscar primeramente esa comunión con nuestro Padre, quien nos dará la sabiduría, fortaleza y empuje para alcanzar nuestras metas y ser personas exitosas y próspera para que le brindemos a nuestra familia una vida digna. Su palabra nos exhorta de esta manera:

    “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:33)

    En este sentido, los padres tenemos un gran compromiso con Dios de criar bien a nuestros hijos y que vivan en un ambiente feliz lleno de la presencia de Dios. Pero además debemos ser testimonios para otras familias no creyentes para que puedan ver lo que Dios hace por sus hijos.

    De esta manera debemos proponernos a ser personas prósperas y exitosas, trabajadoras y luchadoras, que buscan el bienestar primeramente de su familia, ya que muchos descuidan su hogar por atender las labores de la iglesia. Pero primero debemos poner orden en nuestra casa y que nuestra vida sea la mejor prédica, como un fiel testimonio de lo maravilloso que es Dios y lo que hace en la vida de quienes lo aman en espíritu y en verdad.

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    Sandra Faría

    Hija y sierva de Dios, Profesora en el área de Lengua y Literatura, Magíster en Literatura Latinoamericana, egresada de la UPEL-Maracay. Con experiencia en la docencia, en la redacción y edición de artículos en diferentes blogs en la web.

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