El Sacrificio del Hijo Unigénito: 3 Beneficios que Obtenemos

El sacrificio del hijo unigénito es el acto fundamental de la historia de la humanidad. Se trata de la muestra del amor de Dios para con los suyos. Enviar a su único hijo, de su misma naturaleza genética, a morir por nosotros en la cruz.

Consideremos aquí los 3 beneficios que nos representa el sacrificio del Hijo Unigénito de Dios en favor de nosotros:

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    1.- El primer beneficio que obtenemos por el sacrificio del Hijo Unigénito es que nos libra de la tiranía del Diablo.

    El primer beneficio que nos trae el sacrificio del hijo unigénito es que nos libera de la esclavitud a la cual estábamos sometidos por el diablo. Vivíamos esclavos de nuestros deseos y pensamientos  producto de nuestras concupiscencias y siguiendo la corriente de Satanás, que de esta manera nos esclavizaba (Efe 2.1-3). Así pasamos a estar bajo  la autoridad del diablo, a ser enemigos de Dios y merecedores de su ira.

    Alguna vez Jesucristo dijo a los que se oponían a él e intentaban matarle: "Ustedes son de su padre el diablo, por que las obras del diablo hacen" (Jn 8.44), y el apóstol Juan reconocía que este mundo estaba bajo el maligno (1 Jn 5.19)

    Cristo pagó la deuda. Cristo vino para socorrer a sus hermanos,  El participó de la naturaleza  naturaleza humana y nos redimió de la esclavitud del diablo pagando con su vida (1 Pe 1.18-19),  para librarnos de esa vana manera de vivir  con su muerte sustituta,  la que nosotros merecíamos, tomando nuestro lugar, para destruir por medio de su muerte  al que tenía el imperio de la muerte, es decir, al diablo. Y libró de esclavitud a todos los que estaban sujetos a la servidumbre del príncipe de las tinieblas (Heb 2.14-16).

    De tal manera que a través del sacrificio del hijo unigénito somos redimidos de la esclavitud del diablo para pasar a ser hijos de Dios por medio de Jesucristo, y pertenecer a la familia de Dios (Efe 2.19) en la cual somos amados y protegidos por nuestro Padre Celestial.

    Somos liberados de la esclavitud del pecado porque con Cristo hemos llevado a la cruz todos nuestros pecados y miserias, la hemos sepultado en su sepultura y hemos resucitado a una vida nueva, de tal manera que ya en nuestros cuerpos no servimos al pecado, sino que somos instrumentos de justicia en  las manos de Dios (Ro 6.11-14)

    2.- El segundo beneficio que obtenemos  por el sacrificio del Hijo Unigénito es que El Padre nos protege conforme a su propósito.

    El Sacrificio del Hijo Unigénito: 3 Beneficios que Obtenemos

    Mediante el sacrificio del hijo unigénito, Dios nos s adopta como sus hijos, y nos sustenta y gobierna (Heb 1.3) de tal manera que toda su provisión en comida o bebida, salud o enfermedad, riqueza o pobreza no ocurren sin razón alguna, sino que nuestro Padre Celestial controla cada acto para nuestro beneficio de tal manera que ni un solo cabello de nuestra cabeza cae sin que sea del conocimiento y voluntad de nuestro Padre Celestial (Mat 10.30).

    De tal manera que a los que somos de Cristo, nuestro Padre en su providencia  nos va a satisfacer en todas nuestras necesidades, colocando en nuestro camino todo lo que sea necesario para nuestra salvación.

    De tal manera que en nuestra prosperidad debemos ser agradecidos a él, y en nuestra adversidad debemos buscar  sus propósitos con paciencia;  y que en ambas situaciones podamos poner toda nuestra esperanza en nuestro padre fiel, ya que en no hay nada que nos pueda apartar de su amor, y de  su protección porque nada ocurre si no es conforme a su preciosa voluntad (Ro 8.28) .

    El sacrificio del hijo unigénito ganó para nosotros esa protección paternal. Para que en adelante podamos ir todos los días al trono de la gracia, postrándonos a sus pies para agradecerle por sus bendiciones y clamando por el oportuno socorro en todas nuestras pruebas y vicisitudes. Gracias a Dios por el privilegio de su protección.

    3.- El tercer beneficio que obtenemos por el sacrificio del Hijo Unigénito es la presencia del Espíritu Santo en nuestras vidas.

    El Espíritu santo es quien nos consuela y fortalece a través de nuestra vida cristiana en esta tierra desde ahora y hasta que Cristo vuelva. Sería incompleta la obra de  Dios si terminara en el sacrificio del Hijo Unigénito. Dos cosas básicas nos muestra la Biblia de la obra del Espíritu Santo en nuestras vidas: Él nos guiará a toda verdad, y nos hará diligentes y enfocados para vivir desde ya en función de la voluntad de Dios. Veamos:

    La Biblia dice que el se une a Cristo, disfruta inmediatamente de la presencia del Espíritu santo en su vida. El sacrificio del Hijo Unigénito, y su resurrección y ascensión a los cielos no significa que nos hemos quedado sin apoyo en la tierra, Jesús prometió que no nos dejaría solos,  que luego de su partida hacia el Padre el nos enviaría un Consolador (el Espíritu Santo) que nos guiaría a toda verdad, que revelaría a nosotros todos los misterios de Dios para que podamos comprender el plan y propósito de nuestro Padre Celestial y así reposadamente, descansando en la obra de Dios para nosotros (Jn 16.3).

    La primera verdad, es que el Espíritu Santo nos convence que somos hijos de Dios (Ro 8.16), y si somos hijos de Dios, entonces tenemos el derecho legal a heredar todas las promesas  de Dios para nosotros, y entre todos esos beneficios, el beneficio mayor de la vida eterna. Es la primera convicción que Dios siembra en nuestros corazones a través del Espíritu Santo.

    La vida eterna es el máximo regalo de Dios para el hombre. Significa que vivimos en la presencia del Señor desde el momento que confesamos a Jesucristo como salvador y hasta que el Señor venga de nuevo por su pueblo.

    Al momento de creer, somos sellados por el Espíritu Santo con el sello de la vida eterna. Este sello es la garantía de que vamos a vivir en la presencia del Señor para siempre (Efe1.14). Somos sellados y esta garantía de vida eterna es grabada en nuestro corazón por el Espíritu Santo, quien ha de morar con nosotros desde que unimos nuestra vida a Cristo a través de aceptar el sacrificio del Hijo Unigénito en favor de nosotros, hasta que el venga para la consumar la redención de sus escogidos.

    La segunda cosa en cuestión es que El Espíritu Santo nos da la fortaleza  para vivir diligentemente enfocados en hacer la voluntad de Dios en nuestras vidas. El Espíritu Santo es llamado por Jesús el Consolador, evidentemente por es quien consuela nuestras vidas.

    Debemos entender el consuelo no como el saludo de pesar que recibimos cuando estamos en medio de pruebas o tribulaciones. Eso no es consuelo, eso es un pésame que recibimos por cortesía o solidaridad.

    Consuelo es proceso de razonamiento mediante el cual podemos sacar algo bueno en medio de una prueba o tribulación en nuestra vida, y que esa cosa buena nos de la fortaleza para seguir adelante con firmeza, fe y optimismo. Un ejemplo lo vemos en Gen 4.25, cuando a Adán y Eva le nace otro hijo, y le llaman Set, porque éste sustituiría a su hijo asesinado, Abel, y traería consuelo a sus vidas.

    A través de el sacrificio del Hijo Unigénito, su resurrección y ascensión, recibimos al Espíritu Santo en nuestras vidas, para que desempeñe en nosotros estas funciones formidables que permiten a cada hijo de Dios vivir con fortaleza y propósito  todos los días de su vida, hasta la gloriosa venida de nuestro Señor Jesucristo.

    ¿Qué pasos debemos dar para apropiarnos de los beneficios del sacrificio del Hijo Unigénito de Dios para nosotros?

    Sería necio reconocer los beneficios que recibimos a través de el sacrificio del Hijo unigénito  y no apropiarnos de ello,. No solo es necio, es vital. De eso depende nuestro futuro en la eternidad: Si ha de ser en la presencia del Señor o fuera de ella. Por eso, debemos dar los siguientes pasos de fe:

    .- Reconocer la magnitud de nuestros pecados delante de Dios.

    Si jamás se nos hubiese presentado el evangelio, podríamos decir que no tenemos nada que hacer, inclusive que no tenemos pecados, que nos juzgue Dios. Pero, si hemos llegado hasta este punto, es porque ya  se nos ha presentado el evangelio y no podemos decir neciamente: No tenemos pecados (Jn 9.41).

    La Biblia dice que no hay justo, ni aún uno en la tierra (Rom 3.10). Así que no podemos evadir nuestra responsabilidad delante de Dios. El Señor Jesucristo vino a buscar pecadores (Mat 9.12) para redimirlos de la esclavitud del pecado. No podemos negar esta realidad. Sería como ir al médico con una enfermedad grave y cuando nos pregunte qué síntomas o dolencias presentamos le dijéramos: Nada, yo me siento bien.

    Es un acto de humildad y consideración  a el sacrificio del Hijo Unigénito reconocer nuestra condición pecaminosa, que no le hemos dado el señorío en nuestras vidas y que hemos actuado esclavos de nuestros pecados y miserias Si decimos que no tenemos pecados, le hacemos mentiroso, pero si los confesamos, Dios es fiel y justo para perdonarlos y limpiarnos de toda maldad. (1 Jn 1.9-10).

    .- Reconocer que únicamente en Jesucristo puedo ser librado de ellos.

    El paso fundamental que debemos dar para apropiarnos de la vida eterna es reconocer que Jesucristo,  en el sacrificio del Hijo Unigénito, es el único camino para alcanzar la salvación. Debemos reconocer y aceptar que en el conocimiento de la persona y la obra de Jesucristo, el Unigénito enviado del Padre, hay salvación (Jn 17.3).

    No podemos buscar salvación, en ningún otro mediador (Hch 4.12), porque hacer eso, es desvirtuar la obra única de Jesucristo, el sacrificio del Hijo Unigénito, a favor de nosotros.

    Eso sería un desacato y un irrespeto hacia Dios y la persona de Jesucristo. Despreciar lo que Dios preparó para nosotros desde la eternidad. Y a pesar de que Dios quiere que nadie se pierda, y espera en su paciencia por esta decisión de los hombres, quienes nieguen a Jesucristo están acarreando condenación eterna en el día del juicio final.

    Solamente creyendo en el nombre de Jesucristo, recibiremos perdón de pecados en su nombre (Hch 10.43)

    .- Vivir una vida de agradecimiento por lo que Jesucristo hizo por mí.

    Este paso es lo que debemos vivir a partir de haber recibido a Cristo como nuestro Salvador: Vivir una vida de agradecimiento por el sacrificio del Hijo Unigénito en favor de nosotros. Vivamos una vida de alabanzas por el hecho grandioso de nuestra salvación Sal 50.14), presentando nuestro cuerpo como instrumentos de justicia y no de pecado (Ro 6.13). comprobando en su palabra lo que es agradable a él (Efe 5.10).

    Presentarnos aprobados delante de él en el conocimiento y uso de su Palabra en la cual expresa su voluntad para nosotros. (1 Ti 2.15). Y manteniendo el buen testimonio con los de afuera, aún con los que son detractores del evangelio, porque ellos tendrán que dar gloria a Dios por nuestro testimonio hasta el día que el Señor venga.

    Estimado, no podemos leer estas líneas sin apreciar la grandeza del amor de Dios por nosotros. Veámoslo de esta manera: Si yo te pregunto: ¿Eres capaz de sacrificar tu vida por tu hijo? Obviamente contestarás con rapidez ¡Si, seguro! Pero si te pregunto ¿Eres capaz de entregar la vida  de tu hijo por otro, aún siendo tu enemigo? Entonces pensarás mucho tu respuesta.

    De ese tamaño es el amor de Dios con nosotros: que decretó el sacrificio del Hijo Unigénito, para que todo aquel que crea en él, no se pierda y tenga vida eterna. Consideremos tal amor en nuestras vidas y apropiémonos de los beneficios de su acción. Amén.

     

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