No Sueltes el Arado: 3 Obstáculos a Vencer Para Seguir a Cristo.

No Sueltes el Arado: 3 Obstáculos a Vencer Para Seguir a Cristo.No sueltes el arado. ¿Puede alguna persona seguir a Cristo y desempeñar su ministerio si está ocupado en cosas seculares? Ningún labrador es genuino si suelta el arado.

Cuando se efectúa el acto de labrar hay que mirar siempre hacia adelante, si no es así, entonces los surcos no salen derechos y quedan a expensas del movimiento caprichoso de los bueyes que van en la yunta.

La expresión que dijo el Señor Jesucristo de tomar el  arado y mirar hacia atrás habla sobre el costo del discipulado. Mirar hacia atrás y soltar el arado son dos acciones casi simultáneas, no podrás mirar hacia atrás sin soltar el arado.

Lo que nuestro Señor dice, es que una vez que decidimos seguirlo, ya no hay vuelta atrás, el que actúa así no es digno del reino de Dios.

El Señor Jesucristo nos hace comprender exactamente el costo de seguirle a través de tres ejemplos que nos presenta el evangelista Lucas y que nos muestran perfectamente porqué te recomienda que no sueltes el arado. Veamos el texto (Lc 9.57-62)  donde  la Palabra de Dios usa la figura de "no sueltes el arado" para ilustrar lo que proponemos.

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    I.-No sueltes el arado: No dejes que las comodidades y compromisos económicos te impidan  seguir a Cristo.

    Consideremos el primer obstáculo a vencer. La primera situación que se nos presenta (Lc 9. 57-58) es de una persona que se ofrece voluntariamente a seguir al Señor, le dice que seguirá al Señor donde él vaya (Lc 9.57).

    Hay varias cosas a considerar en este ofrecimiento: Es un ofrecimiento voluntario, que puede ser consecuencia de dos cosas: Una influencia atractiva por la verdad que predicaba nuestro Señor Jesucristo, digna de admirar,  y una elocuencia  persuasiva de la actitud constante y consistente, digna de imitar. Es el producto de la admiración y el estupor.

    Israel, después que Dios se manifestó con una gloria pavorosa en el Monte Sinaí y oyó la ley traída por Moisés, dijo "Haremos todo lo que Jehová a dicho" (Exo 19.8). Se rindió rápida y efusivamente de voluntad propia a la voluntad de Dios .

    Y esta debe ser la resolución de todos los que se consideran verdaderos discípulos de nuestro Señor, de seguirle a pesar de las adversidades, de soportar a los que atacan por tus creencias, la pobreza, a los que te hacen falsos ofrecimientos fuera del evangelio, falsos profetas, cárcel,  y aún, la muerte (Apo 2.1-3.22).  Sin embargo, este discípulo pareció haber sido precipitado, apresurado y desconsiderado, y no haber calculado el costo de su decisión.

    Sólo actuó por el deslumbramiento que le haya producido este joven maestro de Galilea, y pensó que se podría aprovechar lo mejor de él.

    Pero nuestro Señor Jesucristo no te pide que lo sigas haciéndote falsas promesas. Cristo le contesta con una pequeña parábola que en cristianismo no va a encontrar riquezas ni reconocimientos, por el contrario, que siguiéndole podía contar con la pobreza y la mezquindad. Él dijo, que hasta los animales tenían donde resguardarse, pero que El Hijo del Hombre ni siquiera tenía donde recostar su cabeza.

    Esto nos muestra dos implicaciones importantes sobre la persona y la propuesta de Cristo: Lo primero que nos muestra es la condición de pobreza en que vivía nuestro Señor Jesucristo. El Rey de Reyes y Señor de Señores que descendió del cielo no solo nos disfrutaba de los deleites y placeres dignos de su majestad, sino que ni siquiera tenía la certeza de dónde iba a pasar la noche.

    Esta fue la profundidad de pobreza a la que se sometió nuestro Señor Jesucristo para que nosotros podamos disfrutar de todos los tesoros que hay reservados para sus discípulos y ser enriquecidos con todos los privilegios del reino de Dios (2 Co 8.9). El que nos entrega la gloria no tenía una casa para sí mismo, y debía depender de otros para poder descansar en las noches. Cristo fue así de pobre para aliviar la pobreza de los suyos.

    Los apóstoles que no tenían una morada segura (1 Co 4.11) podían soportar mejor cuando sabían que su Maestro tampoco la tenía.

    La segunda implicación es la propuesta que nos hace el Señor Jesucristo con esta muestra de su condición personal: El discípulo que desea seguir a Cristo debe olvidarse de las grandes cosas del mundo, los deseos de la carne, la vanagloria de los ojos y la vanagloria de la vida, y contar únicamente como herencia y propiedad el cielo que nos ha prometido Nuestro Señor. No podemos mezclar nuestra profesión de fe intentando alcanzar los placeres seculares (1Jn 2.15-17).

    De tal manera, que el discípulo debe  estar dispuesto a entrar al reino de los cielos a través de muchas tribulaciones, negándonos a nosotros mismos y tomando nuestra cruz. Debe estar dispuesto a sufrir el desprecio y el rechazo por causa de su fe, pero poniendo la mirada en la gloria venidera. Debe seguir la exhortación: no sueltes el arado

    Así que, una vez que has decidido empezar la labranza, no sueltes el arado. No dejes que la indecisión o la consecuencia de las decisiones apresuradas eviten que tu labranza sea fructífera. Sigue a nuestro Señor Jesucristo soportando el costo del discipulado, y confiando en la promesa de las cosas venideras, que son mucho mayor que las que actualmente el mundo nos ofrece y la gloria eterna que hemos de disfrutar en esa herencia de gloria que hemos de disfrutar.

    II.-  No sueltes el arado: No dejes que los lazos familiares te impidan Seguir a Cristo.

    El segundo obstáculo a vencer para no sueltes el arado serán los compromisos familiares.  No quiere decir que no debemos atender nuestros compromisos familiares, eso sería una responsabilidad. Quiere decir que no debemos crearnos compromisos familiares que eviten que podamos seguir a nuestro Señor de la manera que el lo demanda. Veamos la situación con esta otra persona en (Lc 9.59-60) que nos va a ilustrar el punto de las prioridades que debemos establecer en Cristo.

    Aquí hay una persona que parece resuelto a seguir a Cristo, con la diferencia de que este no pidió seguirlo voluntariamente, sino que recibió el llamado del Señor. El Señor le dijo: ¡Sígueme! pero éste, le pidió tiempo, le dijo "déjame enterrar primero a mi padre"  (Lc 9.59).  A primera vista, parece ser razonable lo que dice este hombre, porque no hay nada de malo en querer enterrar a nuestro padre.

    Lo que no estamos tomando en cuenta es que en el pasado, la expresión equivalía en cuidar al padre hasta que éste muriera, que podía tomar mucho tiempo, incluso años. Y había la posibilidad de que el padre ni siquiera estuviese enfermo.

    Entonces la excusa que puso fue: "déjame ir a mi casa, cuidar a mi padre hasta que muera, y así cumplir con mi último compromiso de amor con él, y luego haré lo que tú deseas, Señor.  Aquí vamos a ver tres tentaciones por la que estamos en peligro de ser atraídos hacia el mundo y alejados de seguir a nuestro Señor Jesucristo y de las cuales debemos cuidarnos: La primera tentación, somos tentados a vivir un discipulado a la larga, con interrupciones, el cual podemos practicar opcionalmente y no ser diligentes ni consecuentes con el mismo.

    La segunda tentación: Tenemos la tendencia de alejarnos de lo que es nuestro deber y dejarlo para otro momento. Los psicólogos dicen que cada vez que tenemos un sentimiento noble y no lo ejecutamos se hace probable de que no lo ejecutemos nunca. Pensamos que cuando nos hayamos librado de tal y cual dificultad o situación, como la de enterrar a mi padre, entonces emprenderemos con firmeza el camino a nuestro discipulado, y no tomamos en cuenta que siempre van a existir esas situaciones.

    Es doloroso ver cómo personas talentosas de la iglesia evitan poner sus dones y ministerios al servicio de Cristo porque están esperando terminar un proyecto, cerrar negocios, hacer viajes, construir una nueva casa, etc. y así se les escapa todo el tiempo y la oportunidad de ejercer sus ministerios, sobre todo el tiempo presente.

    La tercera tentación, tenemos la tendencia a pensar que nuestros deberes con nuestras relaciones nos excusan para con nuestros deberes con Cristo. "Déjame enterrar a mi padre o cuidar a mi madre y mis familiares" pasan a ser mas importantes que proclamar el reino de Dios y su justicia, obviando que el reino de Dios y su justicia son , sin ninguna excepción, la prioridad del cristiano.

    La respuesta de nuestro Señor Jesucristo no se hace esperar: él dijo que dejaran que los muertos enterraran a sus muertos.  Esto pareciera una incongruencia, porque es muy imposible que una persona muerta entierre a otra persona muerta. Entonces nos queda inferir la correcta interpretación de las palabras de nuestro Señor.

    Deja que los muertos, aquellos muertos espirituales, que están muertos en delitos y pecados, siguiendo la corriente de este mundo y conforme a los principios y normas de Satanás, aquellos que de alguna manera están alejados de Dios, sin Cristo, ni esperanzas en el mundo; que esos "muertos" entierren a los que mueren físicamente.

    Deja que los que ponen a las cosas del mundo como prioridad delante de Dios, hagan esas cosas que necesita el mundo.

    No es que Cristo quiera que seamos duros o faltos de misericordia, implacables y sin piedad. Nuestra profesión de fe nos enseña que debemos ser amables y buenos, a mostrar piedad en el hogar y a retribuir y honrar a nuestros padres.  Pero no debemos hacer de estos oficios una excusa para apartarnos de nuestros deberes para Con Dios y su reino. Como hizo Leví cunado fue llamado a su ministerio por Dios (Deu 33.8-9) .

    El discípulo que se enrola en los ministerios del reino no puede a la misma vez enredarse en los negocios de la vida. (2 Ti 2.4).  Siempre que el Señor Jesucristo nos llame, no debemos consultar con carne y sangre (Gal 1.5). Así, no sueltes el arado.

    No sueltes el arado, no admitas excusas cuando seas llamado por Dios, Busca obedientemente seguirle sin morosidad ni obstáculos que retarden el cumplimiento de tu ministerio en el reino de Dios.

    III. No sueltes el arado: No dejes que los compromisos sociales te impidan seguir a Cristo.

    En este tercer caso, vamos a ver cómo mantener nuestras manos firmes en el arado, sin soltarlo, (no sueltes el arado), para seguir compromisos sociales. En el texto que estamos considerando (Lc 9.61-62),m vamos a ver otro caso que nos ilustra la situación que vamos a considerar.

    Aquí vemos a una persona que está dispuesta a seguir a Cristo, pero pide tiempo para consultarlos con sus amigos y familiares.  Su petición es una dispensa de tiempo. el dijo: "Señor, no es que no quiera ir, ni que designe a otro por mí, pero déjame ir a mi casa, consultarlo con mis familiares y amigos, poner en orden todos mis asuntos, y entonces, vendré para seguirte (Lc 9.61)". Esto parecía razonable a los ojos de aquél hombre, pero no lo era, veamos lo que estaba mal:

    Primero, que consideraba seguir a Cristo como una desgracia, como algo melancólico, molesto y peligroso, significaba morir y desprenderse de todos sus amigos para no volverlos a ver jamás, lo que no le produciría ningún consuelo.  "Esta mamá que tengo no deja de llevarme a la iglesia" "Oye, no voy a poder ir al club esta tarde porque lamentablemente tengo una reunión de la iglesia".

    Pareciera que no hubiera ningún consuelo al seguir a Cristo, dejando pasar de lado que nuestro único consuelo y fortaleza tanto en la vida como en la muerte es que no nos perteneceos a nosotros mismos, sino a nuestro fiel Salvador Jesucristo.

    Segundo, porque esta persona muestra peligrosamente más preocupaciones mundanas que cristianas. Y que está dejando a un lado la estrecha relación que debiera tener con su Señor Jesucristo para agradar al mundo. Parece estar aferrados a sus relaciones y preocupaciones familiares. Así como la esposa de Lot, que en medio de la destrucción de Sodoma y Gomorra, miró hacia atrás y fue convertida en una estatua de sal (Gen 19.26).

    El acto de mirar hacia atrás no dice que sólo se volvió para ver lo que ocurría, sino que no había desprendido de su corazón todas las costumbres que se practicaban en esas ciudades, añorándolas. Aquí vemos una situación similar de alguien que no puede desprenderse de sus amigos para seguir a Cristo hacia el reino de Dios.

    Y lo tercero que estaba mal, era que la misma persona estaba dispuesta a entrar en una tentación en cuanto a su propósito de seguir a Cristo. Ir a despedirse sería exponerse a todas las críticas, objeciones y excusas por parte de sus familiares y amigos para que no siga el camino de Cristo. Todos les rogarían y exigirían que no se fuera, aduciendo mil argumentos para ello. Es como quien dice si quiero pero no voy. Los que deciden caminar con su Señor y Redentor no puede ir a negociar con su tentador.

    La respuesta del señor Jesucristo es una reprimenda que incluye una frase proverbial entre los judíos (Lc 9.62)  y podemos parafrasear así:

    Nadie que haya puesto la mano en el arado y quiera hacer una buena labor de arado, mirará hacia atrás o soltará el arado, o mirará detrás de él, porque entonces hace huecos con su arado, y la tierra que ara no es apta para ser sembrada; así tú, si tienes el designio de seguirme y de cosechar las ventajas de los que lo hacen, pero si vuelves a mirar a una vida mundana y anhelas eso, si vuelves a mirar como la mujer de Lot a Sodoma, no eres apto para el reino de Dios." "No eres un sembrador apto para esparcir la semilla del reino si sueltas el arado".

    Cuando comiences en la obra de Dios, debes decidirte a seguir en ella, sino, no lograrás nada. Todo el tiempo invertido se habrá perdido, tato para lo uno como para lo otro. Mirar hacia atrás es soltar el arado, soltar el arado es retroceder, y retroceder es la perdición en el mundo. No son aptos para el reino aquellos que después de colocar su mirada en el cielo, empiezan a mirar para otras partes. Solo el que persevere se salvará.

    Amados, considerando la vida dura y atribulada que llevaron Cristo y sus discípulos, es sorprendente encontrar una persona que quiera seguir a Cristo en tales condiciones.  El Cristianismo, tal como se exhibe, tiene poco atractivo. Y no es de extrañar que la obra de la cruz sea poco apreciada, ya que solo los que la abrazan experimentan sus beneficios.

    Pero, una vez que tienes entrada al Reino, no sueltes el arado, y verás que es la única vía de heredar la gloria de Dios, y que es verdaderamente el camino, y la verdad, y la vida. No sueltes el arado. Solo así podrás entrar en el reino que te dará lo único trascendental en esta vida, la vida eterna.

     

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