El afán y la Ansiedad Dos Armas Diabólicas a Combatir.

El afán y la Ansiedad Dos Armas Diabólicas a Combatir.El afán y la ansiedad son ya dos huéspedes instalados en las emociones de las personas en nuestros días. Vivimos a ritmo frenético buscando obtener las cosas que la sociedad de consumo nos plantea como necesarias para ser exitosos en esta sociedad.

Vemos a estas armas diabólicas, el afán y la ansiedad, introducidas sutilmente en nuestras emociones y arruinando nuestra vida espiritual a cada instante, cuando no tenemos las herramientas bíblicas para combatirla.

Así el estrés, la depresión y la angosta hacen del individuo presa diaria que los lleva a cometer actos que no van conforme a la voluntad de Dios, arruinando matrimonios, familias y hasta sociedades.

La Palabra de Dios nos muestra la naturaleza de estas armas diabólicas, sus efectos  y como combatirlas, a fin de que vivamos en paz y comunión con nuestro Señor y estemos preparados para toda buena obra. Empecemos:

Índice De Contenidos

    El afán y la ansiedad

    El afán y la ansiedad son sentimientos  de incomodidad y preocupación  sobre el futuro. Las Escrituras indican que dicha ansiedad es en última instancia provocada por la falta de confianza en Dios y sus propósitos. La Palabra de Dios nos indican lo que pueden ser algunas de las causas del afán y la ansiedad:

    El Señor Jesucristo dice que algunas de las causas de el afán y la ansiedad son el apego desenfrenado a  la vida,  la comida o el vestido (Mat. 6.25),  el día de mañana (Mat 6.34), los afanes de este siglo, las riquezas y los placeres (Mr. 4.19) y otro caso, la glotonería y la embriaguez (Luc 21.34), el cuidado por las cosas del mundo y la idolatría en el matrimonio (1 Co 7.33).

    Los mismos judíos estaban muy familiarizados con esta enseñanza como filosofías de vida. En sus maestros era común enseñar  que un hombre debía enfrentarse con la vida con una combinación de prudencia y serenidad, en esto consistía el éxito en la vida. Insistían, por ejemplo, que todos los padres debían enseñarles a sus hijos una profesión; porque, decían, el no enseñarles una profesión era enseñarles a robar.

    Se esforzaban por  dar todos los pasos necesarios para llevar una vida prudente. Pero al mismo tiempo decían: "El que tiene un pan en la cesta, y dice: "¿qué comeré mañana?" es un hombre de poca fe.»

    1.- El afán y la ansiedad son 2 armas diabólicas porque nos degrada  a una condición animal.

    Nos afanamos por la vida creyendo que la vamos a conservar porque busquemos una mayor cantidad de alimentos o bebidas o vestido para satisfacer nuestras necesidades. Esto en si, no es malo; lo malo es hacerlo con un esfuerzo que sobrepasa los límites de la tranquilidad y la confianza que debemos tener en Dios nuestro Creador y preservador de nuestra vida.

    Él nos hace comprender el valor de la vida sobre los alimentos y el valor del cuerpo sobre el vestido.  Esté satisfacer de las necesidades básicas es importante, pero no trascendente.

    No podemos vivir con ansiedad y preocupación por causa de lo que hemos de comer o cómo debemos vestir, porque estas necesidades básicas no proveen para el alma. Los animales también salen a diario a buscar el alimento y la protección, y lo reciben de Dios, que es quien preserva la vida. Pero no lo hacen con el afán desmesurado con que lo procuran los humanos, que al tomar esta actitud somos degradados de nuestra confianza en la provisión por debajo de las aves del cielo.

    Aquí vemos la primera estrategia del diablo, que utiliza el afán y la ansiedad para degradarnos a una condición animal y esclavizarnos con las preocupaciones por las cosas materiales de las que Dios tiene cuidado

    El Señor Jesucristo nos dice acá que tenemos la preocupación que ni siquiera tienen los seres creados en una escala menor a la humana: Las aves del cielo no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros (Mat 6.26).

    El hombre peca porque no solo lo hace, sino que se preocupa por hacerlo de manera excesiva, sin considerar que por mucho que se afane en estas actividades, Dios es quien da el alimento y el vestido, y por más que nos afanemos en producir más para ello, es Dios quien lo da en su justa media, de acuerdo a nuestra necesidad.

    El enemigo nos insta a esclavizarnos a una escala animal y hacernos pensar que si no trabajamos con afán y ansiedad para las provisiones para la vida, vamos a sufrir consecuencias por ello. La preocupación por las cosas materiales deja en evidencia el poco valor que tiene el hombre a considerar a Dios como el dador y preservador de la vida. Esto es desconfianza e incredulidad

    Debemos conocer que Dios es el dador de la vida, y que si ciertamente debemos trabajar y producir para la provisión de nuestras propias necesidades, solamente con la bendición de Dios vamos a poder cumplir esa condición. Por eso debemos pedir a Dios como el Padrenuestro, que nos de hoy el pan de cada de día, para que así aprendamos a depender más y mas de nuestro Creador y depositar nuestra confianza en él.

    2.- El afán y la ansiedad son 2 armas diabólicas porque nos lleva a una situación de inconformidad.

    La preocupación es inútil, y también la situación de inconformidad con lo que tenemos o lo que somos, o lo que deseamos. El Señor Jesucristo nos dice que por muchos que nos esforcemos no podemos alargar ni un paso en el andar de  nuestra vida. Cuando habla de hacer crecer nuestra estatura un codo  (45 cms.) Se debe tomar como la expresión metafórica de alargar en una porción de tiempo nuestras vidas (Mat 6.27).

    El hombre que se afana piensa que la muerte le roba significado a su trabajo, y entonces trata por sus propios medios de extender la vida. Es justo cuidarnos en nuestra salud de no cometer excesos, pero el extremo también es malo.

    No podemos vivir exclusivamente para evitar lo que es inevitable. Hoy vemos gente haciéndose tratamientos para la longevidad. No buscan la salud en esas actividades, sino extender días a sus vidas, y aun de noche su corazón no reposa en búsqueda de esta solución superflua. Esto es vanidad (Ecl2.23-24).

    El afán y la ansiedad buscan que  nos sintamos inconformes con lo que Dios nos ha dado de vida, demostrando así nuestra falta de confianza en quién es el dador de la vida, y la vida eterna, y que en su misericordia tiene nuestros días contados para que lleguemos a feliz término a través de ellos.

    3.- El afán y la ansiedad son 2 armas diabólicas porque nos hace dudar de nuestra fe en Dios

    En el apartado anterior, el Señor Jesucristo nos hablaba del afán por el trabajo para conseguir el alimento. Aquí nos explica un poco mejor sobre el vestido, no tanto como para satisfacer la carencia de desnudez, sino la preocupación de lucir pomposamente a través de la vestimenta.

    El nos anima a mirar la belleza de los lirios del campo, un flor silvestre no cultivada, y que crecía con tal belleza que ni aun la gloria del rey Salomón en cuanto a sus vestiduras era comparado con ellas.

    No hay afán en ella para trabajar en la elaboración esmerada de sus telas. Sin embargo, el Señor hace notar la temporalidad de dichas flores, que al final solo tienen una vida corta y efímera, y cuyo destino final es el horno.

    El Señor quiere hacer notar que no es importante la preocupación por la vanidad y las cosas pasajeras, porque él hará por nosotros cosas mucho más importantes. Hoy podemos ver los programas de modas y alta costura, y quedarnos deslumbrados ante la pomposidad de tales creaciones. El enemigo nos vende como parte de nuestra felicidad y tranquilidad el obtener tales vestidos, y vemos como hombres y mujeres se afanan por lucir como ellos. Esto es vanidad.

    El apóstol Pablo dice que las mujeres creyentes y fieles no deben vestirse con peinado ni joyas ostentosas, sino con pudor y modestia, como corresponde a la mujeres que profesan piedad, y que los hombres deben comportarse varonilmente.

    Nuestro valor ante Dios es mucho mayor que el de las flores del campo y las aves del cielo. Por lo tanto, no debemos afanarnos en tratar de lucir con los falsos parámetros que nos impone una sociedad vana y superflua, sino poner nuestra confianza en quien nos provee del alimento y el vestido de manera abundante conforme a nuestra necesidad (Luc 12.27-30).

    4.- El afán y la ansiedad son 2 armas diabólicas porque nos induce a quitar la mirada del reino.

    La preocupación aleja a las personas de Dios. El enemigo logra que a través de el afán y la ansiedad las personas se tornen iracundas o enojosas, buscando la tendencia a hacer lo malo bajo tales estados de ánimo (Sal 37.8), son abatidos en su corazón (Pro 12.25) y aunque le sea predicado el mensaje de la Palabra de Dios, el afán por las cosas del mundo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra de Dios y esta se hace infructuosa (Mat 13.22).

    En esas condiciones de el afán y la ansiedad, tienden a buscar lo que pretenden por los caminos rápidos, por eso vemos robos, corrupción y otras cosas mediante las cuales las personas tienden a complacer los placeres del mundo y lograr rápidamente los recursos cualquiera sean los medios que se consigan, aunque sean ilegales. Por supuesto estos no son los frutos que Dios pretende de una persona ante la cual se presenten estas tentaciones, que causan el afán y la ansiedad.

    El relato de la visita de nuestro Señor Jesucristo a las dos hermanas, Martha y María, es un tierno ejemplo de las enseñanzas de Jesucristo ante tales situaciones. Mientras Martha se afanaba por los quehaceres de la casa, y hasta recrimina a María por sentarse a escuchar a Jesús, el Señor le dijo a Martha, que no se afanara, porque María escogió la buena parte, escuchar la Palabra de Dios, y esa parte no le será quitada (Luc 10.38-42)

    Si vimos como el afán y la ansiedad alejan a las personas de Dios, ahora vamos a ver cómo esas armas diabólicas son utilizadas por el enemigo para conminarlos a abandonar a Dios.

    El apóstol Pablo habla claramente de ello, cuando le escribe a Timoteo sobre los que quieren enriquecerse, cuando le exhorta diciéndole que el amor al dinero es la raíz de todos los males, porque los que quieren enriquecerse caen en la tentación y lazo del diablo, en codicias necias y dañosas que hunden a los hombres en destrucción y perdición, abandonando la fe y apartándose de Dios (1 Tim 6.9-10).

    Aquí  vemos cómo Satanás utiliza el afán y la ansiedad por el dinero y hace que los creyentes sean apartados de Dios, extraviándose en la fe, y siguiendo prioridades que no son las espirituales que el Señor desea que sigamos.

    Quitar la mirada de Dios también implica estar centrados en el mundo. Es colocar la mirada en las cosas materiales (Mat 6.25). Empezar a preocuparse excesivamente por el futuro, y, so excusa de ser prevenido, afanarse por tratar de resolver lo que aún no ha ocurrido.

    Quitar la mirada de Cristo y colocarla en los placeres, la riqueza y las banalidades que te ofrece esta sociedad (Mar 4.19). Porque ninguna de estas cosas lleva fruto para la vida eterna.

    Somos instados a no afanarnos ni a estar en ansiosa inquietud por estas cosas (Luc 12.29), porque demuestran falta de confianza en Dios e idolatría por las cosas del mundo. Así que debemos cuidar nuestros corazones de los afanes de esta vida. (Luc 21.34), y centrar la mirada en nuestro Señor Jesucristo, sus enseñanzas y sus ejemplos.

    Las armas para combatir el afán y la ansiedad

    Para enfrentar a las dos  armas diabólicas que son  el afán y la ansiedad, la palabra de Dios nos ha provisto de al menos dos armas espirituales para combatirlas. Veamos:

    La primera es estar centrados en Dios. Quiere decir que nuestra mente y nuestro corazón debe saturarse del consejo de Dios y la confianza en sus promesas. Conocer los atributos de Dios en cuánto a su bondad, misericordia y gracia con nosotros aumentará nuestra confianza para acercarnos a él, quien es el único todopoderoso y capaz de hacer que todas las circunstancias obren para nuestra salvación, en su providencia.

    Eso nos ayuda a confiar en su protección, preservación y sustento de acuerdo a sus promesas.

    Esto debe redundar en paz y confianza en nuestro Señor para nuestras vidas (Isa. 26.3).

    Un famoso versículo del discurso pronunciado por nuestro Señor Jesucristo dice que busquemos el reino de Dios y su justicia primeramente, y rodas las demás cosas nos serán añadidas (Mat 6.33)

    La segunda arma es mantenerse en la oración. La Palabra de Dios nos insta a clamar ante Dios por nuestras necesidades y preocupaciones. Debemos echar sobre Dios nuestras cargas y Él nos sustentara, porque no dejará para siempre caído al justo (Sal 55.22).

    Nos llama a no estar afanosos por nada, por el contrario, debemos hacer conocer a Dios nuestras peticiones con toda oración y ruego, para que Dios guarde en Jesucristo a nuestros corazones en su paz (Flp 4.6-7).

    Cuando los deseos de afán y ansiedad nos invaden, somos llamados por Dios a mostrar nuestros corazones y pensamientos delante de él en oración, para  que nos examine y nos ayuda a discernir si hay caminos de perversidad en nosotros, y para que nos guíe por la vida eterna (Sal 139.23-24)

    De aquí la exhortación del apóstol Pedro, que nos llama a abandonar los deseos vanos del corazón y a humillarnos bajo la poderosa mano de Dios, para que él nos exalte a su tiempo,  echando todas nuestra ansiedad sobre quien tiene el cuidado total de nosotros. (1 Ped 5.6-7)

    Amados hermanos, debemos combatir el afán y la ansiedad, armas que el enemigo usa para degradarnos, humillarnos, hacernos inconformes con lo que Dios nos ha dado, hacernos dudar de nuestra fe y apartarnos del reino, llevando una vida centrada en la voluntad de Dios y sumida en oración ante él, para que nuestro Padre Celestial nos bendiga y nos guarde, haga resplandecer su rostro sobre nosotros, haga misericordia de nosotros, y ponga en nosotros su paz, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Amén.

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